Apenas han pasado nueve meses desde el choque entre un Iryo y un Alvia que dejó 46 víctimas en Adamuz. El balance provisional en Toledo asciende a al menos 69 fallecidos y en torno a un centenar de heridos. A esto hay que sumar los numerosos desaparecidos del vagón 7, cuyos restos tendrán que identificarse mediante pruebas de ADN, pues el convoy se ha volatilizado. Ambos sucesos se produjeron en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla.
No sabemos con exactitud qué ha ocurrido en el accidente ferroviario de Urda: si se trata de un error humano, como indica el Gobierno, o si es otro descarrilamiento y colisión, como en Adamuz. Los expertos confirman que no es posible que un tren alcance a otro en la misma vía, ya que el sistema de frenado automático debería detener al segundo tren.
Lo que sí podemos afirmar es que accidentes de este calibre son inadmisibles. El Gobierno tiene que centrarse en una renovación y actualización total de las infraestructuras ferroviarias del país. Hasta que eso no ocurra, toda inversión y todos los trabajos en cuestiones secundarias deben detenerse, al igual que cualquier ayuda económica a países externos.
Pero también sabemos que la partitocracia, centrada en sus beneficios y privilegios, no tiene tiempo ni ganas de solucionar los problemas de los trabajadores y sus familias. En las próximas elecciones ganará el PP y los accidentes seguirán sucediéndose. Y, poco a poco, nuestro envidiable país se va deteriorando a marchas forzadas, adquiriendo un cariz tercermundista del que no podremos salir.
Y los accidentes seguirán sucediéndose; y los inevitables recortes; y la precarización de sectores antiguamente boyantes; y la uberización de nuestros puestos de trabajo; y la natalidad seguirá en picado; y habrá cada vez más inseguridad en las calles; y la inmigración será más masiva que nunca… Todo ello nos lleva al atolladero de la historia: una partitocracia comprada por los privilegios de bragueta (como diría Bochaca) y vendida a intereses extranjeros incompatibles con el avance y el desarrollo positivos de nuestro pueblo y nación.
No habrá cambio de paradigma en España hasta que los partidos del sistema sean sustituidos y, en su lugar, se posicionen aquellos que piensen exclusivamente en clave nacional, poniendo los intereses generales de nuestro pueblo por encima de los intereses propios y/o extranjeros.
Las soluciones vendrán desde el derribo de unas instituciones podridas. Ellos quieren la alternancia de gobierno; nosotros, el cambio de sistema.
Manu Beramendi
