RAMIRO LEDESMA RAMOS, 90 AÑOS DESPUÉS, por Eduardo Núñez

Este 29 de octubre se cumplen 90 años de la muerte de Ramiro Ledesma Ramos (1905-1936), fundador de las JONS, intelectual, pensador, y activista político nacional-sindicalista.

Ramiro Ledesma Ramos nació en Alfaraz de Sayago (Zamora) el 23 de mayo de 1905. Nacido en el seno de una familia de maestros, se licenció por la Universidad de Madrid en Filosofía y Letras, y en Ciencias Físicas y Matemáticas.

Entre los fundadores del nacional-sindicalismo como movimiento político e ideológico destaca la personalidad, entre todas, de Ramiro Ledesma, el cual tenía una formación intelectual excepcionalmente sólida, pues no se limitó a terminar y ejercer una carrera, sino que dedicó gran parte de su vida al estudio y a la investigación.

En la biografía de Ramiro Ledesma se pueden distinguir tres épocas por este orden: la literaria, la filosófica y la política.

Con respecto a la literaria, en 1924, con 19 años, escribió y publicó la novela “El sello de la muerte”, en la que se autodefine así en palabras del protagonista de la novela: “El mío era un temperamento fogoso, poco dado a la ramplonería mística y muy amigo de la intelectualidad viril del hombre, cerebro abierto a todos los estoicismos y reacio a las humoradas sensibles, espíritu libre, irreligioso, y amante de las impulsiones nobles; aficionado a la claridad de toda ideología darwinista y nietzscheana”. Por esa misma época dedicó un estudio a Nietzsche, en el que lo define como un filósofo que “por su carácter mismo de pensador arbitrario y genial, fue condenado a vivir a media luz”, llegando a compararlo con Unamuno en su común aspecto demoledor. También escribió diversos relatos, y ensayos como «El Quijote y nuestro tiempo». Y en esa década de los años 20 colaboró en revistas como “La Gaceta Literaria” dirigida por Ernesto Giménez Caballero, y la “Revista de Occidente” dirigida por José Ortega y Gasset. Al margen de breves incursiones juveniles de carácter literario, Ramiro Ledesma Ramos se incorporó al periodismo de los ya mencionados Ernesto Giménez Caballero le dio cobijo entre las columnas de “La Gaceta Literaria”, mientras que José Ortega y Gasset —filósofo, pero también un gran divulgador, no en vano familiarmente enraizado con el mundo de la prensa— le acogió entre sus colaboraciones en la “Revista de Occidente”. En ambos casos, será el pensamiento la preocupación que guíe su pluma, pero esta práctica le hará comprender hasta qué punto era ya entonces importante hacerse un hueco entre los medios para obtener cierto eco.

“El sello de la muerte”.

Después, en su etapa filosófica, Ramiro se licencia en Filosofía y Letras en 1930, siendo conocedor de la filosofía europea tradicional y moderna, también publicó innumerables estudios y ensayos sobre filósofos tan dispares como Nietzsche, Unamuno, Schopenhauer, Martin Heidegger, Bertrand Russell, G.V. Vico, Hegel, Ortega y Gasset, Keyserling, Dilthey, Croce, Nicolai Hartmann, Max Scheler, y otros muchos más. Discípulo de José Ortega y Gasset, sobre quien escribió una crítica, también profundizó en el estudio del filósofo alemán Martin Heidegger. También tradujo el «Mathematische philosophie» de W. Brand y M. Deutschbein, y escribió sobre el matemático español Julio Rey Pastor.

Ramiro recibió influencias de Georges Sorel, de Martin Heidegger —de quien fue su introductor en España—, de Ortega y Gasset, Oswald Spengler, Nietzsche, Ganivet y Fichte, entre otros. Esta etapa filosófica se plasma en escritos publicados entre 1927 y 1931, entre otras, en las publicaciones ya comentadas “La Gaceta Literaria” y “Revista de Occidente”. En uno de sus artículos dio a conocer y abordó la psicología de la Gestalt a finales de la década de 1920 como parte de su producción intelectual y filosófica previa a su actividad política. Originalmente se publicó en la revista catalana “Helix” en diciembre de 1929. En dicho texto titulado «La «Gestalttheorie»», Ledesma introdujo con rigor en España las teorías de la percepción de esa escuela alemana.

Publicación “Helix”.

Durante algún tiempo, Ledesma, luego de haber pasado por la experiencia de escribir escritos filosóficos, llegó a estar cada vez más interesado por el «problema de España» que había preocupado a otros intelectuales españoles. Inicialmente se enfocó en la cultura hispánica a nivel mundial. Sostenía que el declinar de España no se debía a un problema de carácter interno de la nación sino a sus derrotas externas. Por entonces había terminado de escribir los manuscritos de un libro titulado “Filosofía, disciplina imperial” y estudiando las posibilidades de su publicación. Finalmente concluyó que España no podía volver a su grandeza de antaño mirando hacia atrás y que por el contrario necesitaba de una idea nueva y fuerte, una revolución de unidad y liderazgo, y con un programa económico revolucionario que volviera a integrar a las masas con la firme disposición de afirmar la fuerza de voluntad, y la conquista de un nuevo lugar en el mundo. Lo que España necesitaba era algo parecido al fascismo.

Y así, a partir de 1931, comienza su etapa política, siendo el fundador del nacional-sindicalismo, que fue el fascismo fundacional español. Usamos la denominación fascismo fundacional español para definir a las J.O.N.S. y a la Falange Española durante la II República (1931-1936), siendo conscientes que sobre dicha denominación, siempre cargada de polémica, hay un amplio debate; sin embargo, es un término que bien puede servir para diferenciar estos grupos de las organizaciones reaccionarias y de extrema derecha de la época.

Ramiro Ledesma.

Además de ideólogo y fundador del nacional-sindicalismo, para cuya difusión creó las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), llevó a cabo una intensa labor editorial.

A principios de 1931, Ramiro reunió a nueve colaboradores, todos ellos más o menos de su edad, quienes tenían en común su juventud y formación universitaria. Firmaron su primer manifiesto político a la luz de las velas en una oficina con cuatro grandes habitaciones sin amueblar, situada en la actual Gran Vía madrileña (entonces Avda. de Eduardo Dato, 7 que hoy se correspondería con la Gran Via, 47). Fue el 14 de marzo de 1931, cuando publicó el Manifiesto político en el que presentó el semanario “La conquista del Estado”, homónima de la italiana “La conquista dello Stato” de Curzio Malaparte (1898-1957), cuyo nombre real era Kurt Erich Suckert, hijo de madre lombarda y de padre alemán, que fue un periodista, dramaturgo, escritor de relatos, novelista, y diplomático italiano de los más importantes del siglo XX. El apellido elegido para firmar sus obras, que utilizó desde 1925, Malaparte, significa ‘del mal lugar’, un juego de palabras con Buonaparte (Bonaparte).  En 1922, Curzio Malaparte formó parte de la Marcha sobre Roma. En 1924 fundó el periódico romano “La Conquista dello Stato” (“La Conquista del Estado”), título que inspiraría, como hemos dicho, a Ramiro Ledesma en su semanario de mismo nombre, “La conquista del Estado”. Como miembro del PNF, Curzio Malaparte fundó varios periódicos, contribuyendo con otros a través de sus artículos y ensayos, escribiendo numerosos libros desde comienzos de los años 20 y dirigiendo dos periódicos metropolitanos. También en 1925, fue uno de los firmantes del Manifiesto de los intelectuales fascistas pues Malaparte fue uno de los ideólogos del fascismo italiano. De Curzio Malaparte dijo Ramiro Ledesma: «Curzio Malaparte es uno de los temperamentos más interesantes que ha destacado en el fascismo. Sólo en una lucha así, para las que eran requeridas toda clase de armas, pudo aparecer el vivo ademán de este hombre, enarbolando la pluma y la pistola. Sus libros fascistas son certeros y magníficos, y fijan la experiencia italiana en su perfil más exacto y bello».

“La conquista dello Stato” de Curzio Malaparte.
Curzio Malaparte.

“La conquista del Estado” fue un semanario publicado entre marzo y octubre de 1931, primer resultado de la organización política que impulsaba Ramiro Ledesma y cuya declaración ideológica y táctica figura en el primer número, publicado el 14 de marzo de 1931 justo un mes antes de que se proclamara la Segunda República española. En todas las publicaciones de “La conquista del Estado” aparecía sistemáticamente bajo el titular de “Pedimos y queremos” las exigencias de su movimiento. Hasta su clausura, sacó 23 números, y desde este semanario, articuló las bases del nacional-sindicalismo. “La Conquista del Estado” semanario de lucha y de información política, se publicó en Madrid fue el primer resultado de la organización política que con el mismo nombre impulsaba Ramiro Ledesma Ramos. Ernesto Giménez Caballero le dio su apoyo y colaboró en varios números. Uno de los integrantes del grupo, Antonio Bermúdez Cañete, fue el primer traductor al español del “Mein kampf”, que Ledesma confiaba ser el primero en editar en España, publicando en su semanario algún capítulo de dicho libro. Ya desde los primeros pasos del semanario «La Conquista del Estado», se puede comprobar cierto tono antijudío en algunos de sus colaboradores, plasmando así un ambiente que, ciertamente, debió existir también entre la militancia. El propio Ramiro dijo que “Sólo en el subconsciente – o en la conciencia mejor dicho – de un judío como Marx pudo fraguarse la destrucción de los valores nacionales”.

La conquista del estado de Ramiro Ledesma

El principal interés de Ledesma era la justicia, y así en un número de “La conquista del Estado” dirá: “La tierra es de la nación. El campesino que la cultiva tiene derecho a su usufructo. El régimen de la propiedad agraria hasta hoy imperante ha sido un robo consentido y perpetrado por la monarquía y sus hordas feudales”.

Con el tiempo articuló las bases del nacional-sindicalismo en España, doctrina estatista partidaria de la planificación económica calificada como «sindicalismo nacional».

Sus tesis están influidas a un tiempo por la línea ideológica de revolucionarios heterodoxos franceses e italianos como Georges Sorel y por algunos aspectos, prácticamente estéticos (la bandera roja y negra), del anarcosindicalismo al que consideraba el único foco político en España que no recibía órdenes de poderes internacionalistas. El cuarto número de “La conquista del Estado” salía con esta proclama: «¡Viva la Italia fascista! ¡Viva la Rusia soviética! ¡Viva la Alemania de Hitler! ¡Viva la España que haremos! ¡Abajo las democracias burguesas y parlamentarias!”

Ramiro Ledesma.

“La Conquista del Estado” subrayaba que «el individuo ha muerto» y que su meta era «el Estado colectivista» y confiaba en ganar a sectores de la izquierda para un nacionalismo revolucionario en lo social. El ganarse a sus filas a los anarcosindicalistas era un objetivo largamente ansiado del fascismo español, que duró hasta bien entrados los años cuarenta, pero nunca se logró, por el triunfo del pensamiento reaccionario franquista. Así en el número 14 de ‘La Conquista del Estado’, aparece una página entera dedicada al Congreso Extraordinario de la CNT y en la cual afirma Ramiro: «Hemos de estar junto a la CNT en estos momentos de inmediata batalla sindical, en estos instantes de ponderación de fuerzas sociales. Así creemos cumplir con nuestro deber de artífices de la conciencia y de la próxima y genuina cultura de España».

Las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS) se crean en 1931, y tuvieron una revista doctrinal, la revista “JONS”, que publicó once números desde mayo de 1933 hasta agosto de 1934.

Garra Hispanica.

Su programa causaría gran revuelo entre los círculos socialistas y anarquistas españoles pues era un llamamiento de un frente unido contra el sistema y a él acudieron numerosos dirigentes y militantes de base de la CNT y de partidos de izquierda como el PCE, entre ellos, Francisco Guillén Salaya, Nicasio Álvarez de Sotomayor, Olalla, Pascual Llorente, Enrique Matorras, José Guerrero Fuensalida, Luis Ciudad…, entre otros. Todos ellos entendieron las consignas jonsistas de unir lo nacional y lo social. Juntos alzaron la bandera de la revolución nacional. Por tanto, para la difusión de sus ideas, Ramiro se sirvió del semanario «La Conquista del Estado» y luego de la revista “JONS”. Inmediatamente después, y tras la creación de las JONS (Juntas Ofensivas nacional Sindicalistas) junto a Onésimo Redondo, Ledesma se acercó a Falange Española, lo que le condujo al triunvirato, por fusión de ambas formaciones políticas, en FE de las JONS junto a José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda en febrero de 1934. La unificación entre dichas organizaciones se formalizó en el acto político en el Teatro Calderón de Valladolid el 4 de marzo de 1934.

Sin embargo, Ledesma Ramos, un año después protagonizó una escisión en la nueva formación en enero de 1935, interpretándose su salida desde los antiguos jonsistas como fruto de su disconformidad con la evolución de FE de las JONS, próxima al reformismo burgués y alejada de la vía revolucionaria que decían defender sus partidarios. Por su parte, la ortodoxia falangista considera que el verdadero motivo se hallaba en su desacuerdo en la no respuesta violenta de Falange a los numerosos ataques recibidos, principalmente por parte de los pistoleros socialistas. En cualquier caso, tras su salida llevó a cabo un intento fallido de reactivación de las JONS como grupo independiente y se mantuvo claramente alejado de Falange. En ese intento creó otro semanario en febrero-marzo de 1935 del que salieron 7 números, “La Patria Libre”, órgano de propaganda jonsista resultado de la escisión liderada por Ramiro Ledesma en el seno de Falange Española de las J.O.N.S. en enero de 1935. Ramiro hace desde las páginas del número 3 del semanario “La Patria Libre” un llamamiento «al grupo disidente de la CNT, a los treintistas, al Partido Sindicalista que preside Ángel Pestaña, a los posibles sectores marxistas que hayan aprendido la lección de octubre de 1934, a Joaquín Maurín y a sus camaradas del Bloque Obrero y Campesino», a los que les dice: «Romped todas las amarras con las ilusiones internacionalistas, con las ilusiones liberal-burguesas, con la libertad parlamentaria. Debéis saber en el fondo que esas son las banderas de los privilegiados, de los grandes terratenientes y de los banqueros. Pues toda esa gente es internacional porque su dinero y sus negocios lo son. Es liberal, porque la libertad les permite edificar feudalmente sus grandes poderes contra el Estado Nacional del pueblo. Es parlamentarista porque la mecánica electoral es materia blanda para los grandes resortes electorales que ellos manejan: la prensa, la radio, los mítines y la propaganda cara».

En noviembre de 1935, Ramiro Ledesma publicó dos obras que son fundamentales de leer y conocer para cualquier militante nacional-revolucionario, dos libros que son ambos una obra maestra del análisis ideológico y político: “¿Fascismo en España?”, y “Discurso a las juventudes de España”.

En estos dos libros, Ramiro habla del fascismo como la dimensión esencial de una época, de su época, es decir, del siglo XX. De ambas obras entresacamos algunas citas interesantes de Ramiro Ledesma:

«Resulta, pues, que Primo ha terminado por adoptar y aceptar casi todas las plataformas críticas que fueron la causa de que los jonsistas mantuviesen, desde las primeras horas siguientes a la unificación, toda una larga serie de batallas internas, que culminaron en la actitud escisionista última. Primo, ahora, y de acuerdo con lo que aquellos pedían, ha desplazado a los ineptos falangistas de primera hora, y ha acentuado su consigna de un sindicalismo nacional.»

“¿Qué significa, en resumen, ser fascista? ¿Qué características ofrece esta actitud moral, política, económica, que en el mundo entero se califica hoy de actitud fascista? ¿Qué aspiraciones y qué propósitos tienen esos movimientos que el mundo conoce y señala como movimientos fascistas? Parece que esas preguntas pueden hoy ser contestadas sin necesidad de dirigirse exclusivamente hacia Italia y hacia Mussolini, sino captando una dimensión esencial de nuestra época, y de la que, en realidad, es ya consecuencia y producto el fascismo italiano mismo”.

“Los edificadores del régimen de Weimar y verdaderos cómplices de todos los actos realizados contra Alemania… constituían partidos y sectas cuyo espíritu era absolutamente ajeno al espíritu de Alemania, manejados por el judío y elaborados por gentes de otras razas invasoras y aniquiladoras de la gran raza alemana”.

“La apelación a la patria alemana permitía a Hitler señalar ante las grandes masas como originadores y culpables de sus desdichas de índole material, no a unas ideas erróneas, ni tampoco a meras abstracciones  sino a enemigos concretos, enemigos de Alemania misma como nación, y sobre todo bien visibles y señalables  con la mano: de una parte el judío y su capital financiero, de otra el enemigo exterior de Alemania, Versalles y sus negociadores, firmantes y mantenedores, es decir, los marxistas y la burguesía republicana de Weimar”.

José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda y Ramiro Ledesma.

“Todo parece hoy conjurado, y Hitler, al frente de los destinos de Alemania, al frente de setenta millones de alemanes, escoltado por los dos mitos de la raza y de la sangre, es y constituye, sea cual fuere su ulterior futuro, uno de los fenómenos más patéticos, extraordinarios y sorprendentes de la historia universal. Ahí queda otra gran respuesta, otra gran manifestación del gigantesco espíritu subversivo que hoy opera con jurisdicción mundial”.

El día 11 de julio de 1936, Ramiro Ledesma editó el primer y único número del semanario “Nuestra Revolución”, semanario político-social. Este fue el último proyecto editorial de Ramiro Ledesma. “Nuestra Revolución” fue un semanario editado y dirigido por Ramiro Ledesma, del que sólo pudo publicar un número el 11 de julio de 1936, pocos días antes de que se iniciara la guerra. Llevaba por subtítulo la frase “Por la continuidad de nuestra nación. Contra sus enemigos y los de todo el pueblo”.

El primer y único número de la revista vio la luz el 11 de julio de 1936, pese a la resistencia de los imprenteros del taller gráfico “El Financiero”. Ledesma quiso publicarlo el 4 de julio, pero los tipógrafos de la imprenta de ‘El Financiero’, taller donde había de imprimirse, se negaron a editarlo, por lo que su aparición tuvo que demorarse una semana hasta que halló otra imprenta dispuesta, la de Ascasibar, en la que se habían realizado cinco años antes algunos números de “La Conquista del Estado”. Además de los textos de Ledesma Ramos analizando la cuestión social en su país, hubo otros artículos en ese número sobre política nacional e internacional firmados por los siguientes colaboradores: Ignacio Luengo; Emilio Gutiérrez Palma, de la JONS vallisoletana, quien abrió las intervenciones en el acto de proclamación de la fusión de JONS y FE celebrado en Valladolid el 4 de marzo de 1934; José María Cordero, ayudante de cátedra de Derecho Internacional Público en la Universidad madrileña; Francisco Guillen Salaya, literato vanguardista devenido en periodista prolífico, presidente del Sindicato de Papel, Prensa y Artes Gráficas, así como procurador en Cortes durante el franquismo; Raúl Carballal, que actuará como redactor-jefe, después de haber participado un año atrás en “La Patria Libre”; y Emiliano Aguado, jonsista de la primera hora, redactor de “Época” y colaborador de Acción Española. A ellos se sumará un dibujante, el burgalés José Luis Dávila de Arizcun. Décadas después, José Luis Dávila fue redactor de “Informaciones” y de la “Hoja del Lunes” de Madrid, firmando sus trabajos como ‘Dávila’ y ‘Pepe Luis’. Y, por último, Enrique Compte Azcuaga, administrador de todas las empresas periodísticas de Ledesma.

Francisco Guillen Salaya.

En dicho semanario, tratando sobre las “fuerzas nacionales”, que en ese momento eran convocadas por el diario madrileño “Informaciones”, Ramiro dice lo siguiente: “Hasta en el nacionalismo triunfante en algunos países, como Italia y Alemania, tras los que sin duda se le van los ojos a “Informaciones”, operan fuerzas y razones muy de acuerdo con lo que venimos expresando en esta nota. Lo primero que se vieron obligados a hacer consistió en romper, junto al cerco marxista, el cerco de los grupos esos que invoca y convoca el diario madrileño “Informaciones”. Se negó Ramiro, de esta manera, a secundar los llamamientos que desde las páginas del vespertino “Informaciones” se lanzaron para alcanzar la unidad de las llamadas “fuerzas nacionales”.

Y sobre las huelgas dejó escrito lo siguiente en el mismo semanario: “Unos países, mejor o peor, han resuelto el problema y ensayan transformaciones que neutralicen la realidad de la crisis. De un modo o de otro. Así, los países fascistas y la URSS, donde, por tanto, no hay huelgas ni conflictos de este tipo”.

Ramiro Ledesma.

También en el mismo semanario se pronuncia contrario a los Estatutos de autonomía, pero al respecto dice algo interesante sobre la organización territorial del Estado: “Hubiera sido preferible una mayor audacia histórica, y dar paso a la elaboración de estructuras federalistas, cosa muy distinta a esa de dar a cada región un Estatuto diferente”.

Ledesma Ramos creó el semanario “Nuestra Revolución” con la intención de convertirlo en un canal para comunicar sus ideas: ante la crisis social que atravesaba España, sostenía que era necesario desencadenar una revolución nacional protagonizada por las masas. Para ello juzgaba necesario seducir a los disidentes de la CNT, quienes comandaban a un sector del proletariado urbano que podía organizarse para combatir a la colonización capitalista, y por ese motivo también intentó ganar el apoyo de los disidentes comunistas que desoían a las directivas del Komintern. En este sentido, un extenso articulo del semanario va dedicado a la CNT: “Las fuerzas motrices de la transformación española: la CNT”, dedicando así en “Nuestra Revolución” —como ya hiciera cinco años antes en “La Conquista del Estado”— una gran atención a la CNT, de la que se destaca como algo encomiable el pretendido apoliticismo de la organización obrera. Acertado el pronóstico de la fulminación de la central obrera en caso de colaborar con las organizaciones marxistas, confundió, sin embargo, Ledesma, sus anhelos con las intenciones de los dirigentes cenetistas, para quienes sería muy sencillo contribuir «con éxito a que los proletarios descubran un rumbo nacional nuevo». Repite así Ledesma una táctica que ya pretendiera en sus primeros pasos políticos, pero el tiempo ya era otro. Si en 1931 aún el primigenio sindicalismo revolucionario contaba con voces autorizadas en la CNT, un lustro más tarde, en 1936 esta organización estaba absolutamente controlada por los anarquistas radicales de la FAI, pese a la pretendida reincorporación de los sectores sindicalistas afines al “treintismo”. Lo que acaso pudiera interpretarse como un giro de la organización sindical hacia posiciones más políticas no encajaba —sin embargo— con las propuestas de Ledesma, quizá en exceso sorprendido por los enfrentamientos armados con los que resolvieron cenetistas y ugetistas sus diferencias durante la huelga general de la construcción que acababa de producirse. Cuando Ledesma creía encontrar en la actuación de la CNT elementos sobre los que aupar una nueva concepción política, esta central se limitaba a ganar posiciones ante la inevitable represión que sobre ella se cernía si el control gubernamental recaía en manos de los sectores más afines a la Komintern, en una actitud meramente defensiva.

Hay un tema interesante que comentar al respecto de cómo se financió este número del semanario “Nuestra Revolución”, para el que acaso obtuviera Ramiro alguna ayuda económica nuevamente de sus amigos monárquicos vascos como Antonio Goicoechea y José María de Areilza. Pero hay una fuente, que es el libro “La comedia de la no-intervención en la guerra civil española”, de Francisco Olaya Morales, donde se dice este interesante dato: «[…] el ‘Frente del Trabajo Alemán’, de la capital, le dio una carta de presentación. Estaba dirigida a los comerciantes alemanes, invitándolos a que le ayudaran o le dieran toda su publicidad, y se afirmaba: ‘Este periódico pondrá obstáculos a la destructiva influencia del capital inglés en España. Desacreditará al capitalismo inglés en la península, a favor del comercio nazi’.» (Francisco Olaya Morales, “La comedia de la no-intervención en la guerra civil española”, Madrid. G. Del Toro, 1976, p. 45.)

“La comedia de la no-intervención en la guerra civil española” de Francisco Olaya Morales.

El semanario “Nuestra Revolución” no incluyó ni un solo anuncio publicitario, pero, en cambio, si analizamos su contenido, hay dos contenidos de ese único número aparecido que pueden dar verosimilitud a lo que dice esa fuente. Uno es el extenso y riguroso estudio de un ejemplo de la colonización capitalista en España —las minas de cobre en Riotinto (Huelva) y toda su infraestructura, gestionadas por una empresa colonial británica— que lleva por título “El capitalismo extranjero en España. Un ejemplo sangrante: Riotinto” donde se dice que “Las minas de Riotinto, antes de pasar a manos de los capitalistas ingleses, pertenecían al Estado”. Y hay otra columna dedicada al deporte que lleva por título “Orientaciones deportivas” donde se dice que los ejercicios deportivos son «imprescindibles para conseguir la educación de la juventud en un ambiente de salud, tanto física como moral, y de fortaleza». Pues bien, en esa columna del semanario se ocupa el redactor del conflicto surgido ante la celebración de los Juegos Olímpicos en Berlín —que habrían de ser, como temían sus detractores, escaparate internacional del régimen nacionalsocialista alemán— y la organización por la Confederación Nacional de las Federaciones de Clubs Deportivos Obreros de la Olimpiada Popular en Barcelona, cuyas competiciones estaban programadas para los últimos días de aquel mes de julio de 1936. El caso es que el semanario “Nuestra Revolución” se manifiesta en contra de la propuesta de que los deportistas españoles no acudiesen a la capital del Reich, y propone que la concentración barcelonesa sea útil a las federaciones deportivas para la selección de los integrantes de la delegación española en Berlín.

José Antonio Primo de Rivera (izquierda) y Ramiro Ledesma Ramos (derecha) conversan bajo un retrato de Miguel Primo de Rivera, padre del primero.

Los dos contenidos comentados apoyan lo que dice Francisco Olaya Morales en “La comedia de la no-intervención en la guerra civil española”.

Ramiro había comenzado a preparar el segundo número de “Nuestra Revolución cuando” cuando le llegó la noticia de que José Calvo Sotelo había sido asesinado el 13 de julio de 1936. Fue entonces cuando dijo: «Hay que dejar la pluma y tomar las armas, cambiar la teoría por la acción». A partir de ese momento entendió que se avecinaba un conflicto de gran envergadura, por lo que desistió de la idea de continuar con la empresa periodística. Estallada la guerra civil española, el 1 de agosto de 1936 es detenido e ingresa en la cárcel de Ventas en Madrid, siendo una de las víctimas de las sacas de presos políticos y fusilado, junto con Ramiro de Maeztu, en el cementerio de Aravaca (Madrid) en la madrugada del 29 de octubre de 1936.

Tal vez la mejor definición de la muerte de Ramiro la diera Ortega y Gasset, antiguo maestro suyo, cuando se enteró de ella en París y dijo: «No han matado a un hombre, han matado a un entendimiento».

Después de la muerte de Ramiro Ledesma y después de la guerra civil española, recibió a título póstumo la Palma de Plata, pero quedó condenado al ostracismo por el régimen franquista. Junto a José Antonio, fueron los grandes plagiados del franquismo.

Palma de plata.

Y así, en el régimen de Franco, del nacional-sindicalismo fundacional sólo quedó una retórica y el desengaño de convertirse España en terreno de pasto del imperialismo yanqui, de la tecnocracia y del oscurantismo.

La pregunta ahora es qué queda hoy del mensaje de Ramiro Ledesma 90 años después de su muerte, y la respuesta a esa pregunta él mismo nos la dejó escrita en la consigna que escribió a los lectores de su último semanario “Nuestra Revolución”: “Por la continuidad de nuestra Nación. Por los intereses de todo el pueblo y contra sus enemigos”.  O, dicho de otra forma, debemos enfrentarnos hoy, como ayer y como siempre, a quienes se dedican a vender nuestra Patria y a los trabajadores.

Eduardo Núñez

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