Sabemos que en este país —y probablemente en el resto de Europa— el oficio de periodista está tan prostituido, que cualquier columnista se cree en potestad de escribir sobre algún tema y dárselas de erudito. Diría que así ha sido en las últimas décadas, donde parece que es ilegal que exista el pensamiento crítico en la mayoría de medios. No importa que se cataloguen de derechas o de izquierdas, la mayoría suelen redactar la misma basura. Así se puede observar en el caso de Gerhard (Gerd) Bremer, un hombre con el que no pudieron con él en vida, y solo tras su muerte, se han atrevido a desprestigiarlo.
Cuando buscamos información sobre él, los titulares suelen ser los mismos y siempre aparecen en negrita los mismos términos: «crímenes de guerra», «fugitivo», «plácida vida en la Costa Blanca» y «fiestas vestido de uniforme». Todos escriben con mismo modus operandi sensacionalista, pero ninguno intenta ni indagar, ni entender a este tan poco conocido Mayor de las SS.
Gerhard Bremer nació en la Baja Sajonia en 1917, mientras Alemania seguía desangrándose en la Primera Guerra Mundial. Poco sabemos de la infancia del señor Bremer, lo que sí se sabe es que con apenas 19 años (1936) se enroló en un Batallón de las Waffen-SS y al poco tiempo se adscribió al NSDAP. Tras su servicio militar en Bad Tölz se le asignó a la 1ª División de las Waffen SS, Leibstandarte Adolf Hitler. Fue partícipe en el Anschluss de los Sudetes en 1938; también participó en las primeras campañas de Polonia, Grecia, Francia y Yugoslavia; y más tarde en la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética. Incansable en el campo de batalla, la compañía que él dirigía logró capturar la villa de Fedorivka. Los rusos huyeron abandonando la posición, y para frenar el avance alemán dinamitaron un puente incluso con algunos de sus propios soldados todavía en él. En pocas horas Bremer consiguió localizar otro paso al otro lado del río y sorprendieron a 2.000 soldados rusos que corrían en retirada, donde 500 de ellos fueron hechos prisioneros. Más tarde, gracias a estos hechos consiguieron abrir paso hacia Mariupol, que en apenas cuestión de horas, sería tomada por la Leibstandarte AH.

Estas gestas le valieron a Bremer el ascenso a Mayor y la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro — tengamos en cuenta que por aquel entonces contaba con tan solo 24 años—, otorgada como de costumbre por el propio Adolf Hitler. Bremer destacaría después en las cruentas batallas de Járkov, y más tarde sería trasladado al frente occidental donde comandaría una compañía de la 12ª SS HitlerJugend Division.
En los últimos meses de guerra se batió heroicamente en suelo franco, en diferentes batallas contra los anglosajones. Quiero destacar entre otras, una escaramuza que tuvo lugar a orillas del Eure, donde por iniciativa propia, Gerhard Bremer envío un reconocimiento a las líneas enemigas, detectando así una ofensiva que los aliados estaban llevando a cabo, pudiéndose adelantar a los acontecimientos. Así pues, logró frenar el plan de ataque y con un número reducido de soldados infligió un daño enorme a los contingentes aliados. Eso y su participación en la batalla de las Ardenas le hizo más adelante merecedor de las Hojas de Roble. Destacó de nuevo en el Lago Balatón, en Hungría, donde defenderían los pozos petroleros que suministraban el combustible al Reich y, tras el avance de las tropas soviéticas en esas últimas semanas de caos, retrocedió a Viena, donde participaría también en su defensa, hasta rendirse ante los americanos. Kurt «Panzermeyer» Meyer durante su cautiverio por parte de los americanos, describiría a Bremer como un hombre que «era popular entre sus hombres. Vivía muy cerca de sus tropas» y que «era muy respetado y popular».

En conclusión, afirmamos que no estamos ante cualquier oficial del ejército. Estamos hablando —en primer lugar—, de un Oficial de las Waffen SS, un soldado-político, miembro de una orden diferente a los soldados de la Wehrmacht. Un hombre de una orden diferente, que pronunció en su día un juramento diferente. Su lealtad no es la de un simple soldado (al cual no pretendo desmerecer), sus leyes tampoco lo son. Estamos hablando de un Mayor (Sturmbannführer) de las SS; el rango que le sigue en el escalafón militar es el que ostentaba Otto Skorzeny (Obersturmbannführer); y el siguiente ostentados por personajes como Joachim Peiper o Léon Degrelle (Standartenführer). Sus condecoraciones (Cruz de caballero de la Cruz de Hierro y las Hojas de Roble, entre otras), demostraron que Gerhard Bremer fue un líder militar extraordinario, que le dio el honor de ser merecedor de aparecer en la colosal obra del Artista y SS Oberscharführer Ernst Krause RITTERKREUZTRÄGER DER LEIBSTANDARTE SS ADOLF HITLER. Podemos observar a Bremer a la derecha de Sepp Dietrich.

Su valentía, arrojo y predisposición al combate le hizo merecedor de sus condecoraciones, de la inmortalidad y de su gloria.
POSTGUERRA:
Es bien conocido por cualquier lector de Joaquín Bochaca —Los crímenes de los buenos y El suicidio de occidente—, que tras la caída de Berlín los jerarcas aliados perpetraron una vorágine de venganza y persecución hartamente conocida, dando como resultado una desnazificación que sigue vigente hasta nuestros días. Las ejecuciones sumarias; las detenciones arbitrarias; las represalias personales; los falsos testimonios estaban a la orden del día, junto con el mayor paripé de la historia —los lamentables Juicios de Núremberg—, que fueron testigos de ello. Los aliados saciaron su sed de venganza tratando como animales, a los ciudadanos alemanes, civiles y militares. De ello es testigo la historia.
SOBRE LOS JUICIOS A LOS OFICIALES DE LA 12ª DIVISION HITLERJUGEND COMO KURT MEYER O GERHARD BREMER, ENTRE OTROS:
Después de la batalla de Normandía, miembros de las SS —suboficiales mayoritariamente— llevaron a cabo ejecuciones sumarias a soldados desarmados que se habían rendido, en su mayoría canadienses. Se tiene constancia de 62 víctimas mortales tras estos hechos, de los cuales 18 de ellos, ejecutados en Putot-en-Bessin, se le atribuyen al grupo comandado por Bremer.
Los mandos y comandantes de la 12ª División SS fueron considerados responsables directos. Entre esos oficiales se encontraba Bremer. Podemos creer como es lógico, que negó ordenar dichas matanzas de Putot-en-Bessin, y fue puesto en libertad por falta de pruebas. Así lo declaraba el Tribunal de Guerra de Canadá.
Los medios de comunicación actuales aseveran que Gerhard Bremer nunca fue juzgado, burlando así la justicia aliada. Lo que sí sabemos es que estuvo mínimo 3 años como prisionero; algunas fuentes afirman que estuvo en campos de internamiento hasta 1954 (un total de 9 años), y que al quedar en libertad emigró a España donde vivió «plácidamente» según los medios.
Es muy fácil juzgar e inculpar a un vencido que abandona su país, y más aún si está muerto, pero poco hablan de los vencedores. Durante las ejecuciones cometidas por la 12ª SS HJ Division, los suboficiales responsables de dichos actos —sin tener una orden expresa de sus comandantes—, se justificaron diciendo que lo británicos tenían órdenes de no dar cuartel (no hacer prisioneros) a los soldados de las SS. (Quiero puntualizar que tenemos constancia de ejecuciones masivas sobre prisioneros de las Waffen SS, a manos de británicos y estadounidenses, sin contar también a los partisanos que hostigaban la retaguardia alemana vestidos de civiles.)
No seré yo quien justifique ninguno de estos comportamientos, pero la segunda guerra mundial es la perfecta definición de caos violento, donde los que más sufrieron casi fueron los propios civiles. Lo podemos observar en los bombardeos sistemáticos y masivos por parte de la aviación aliada en poblaciones NO militares, entre muchos otros casos. Estas cuestiones las prefiero dejar a los historiadores.
VIAJE A LA COSTA BLANCA:
Los «periodistas» del sistema, siempre tan sensacionalistas y tan poco objetivos, son incapaces de profundizar en los hechos, simplemente pregonan sus consignas repitiéndose los unos a los otros. Cuando buscamos Bremer en Internet, lo primero (o único) que nos aparece es la imagen de un despiadado nazi que impunemente emigró a España y se hizo de oro gracias al beneplácito de Franco. No entraré en detalle de los dotes de emprendimiento que tenía el señor Bremer, o si el régimen de Franco era indulgente con excombatientes del III Reich.
Quiero hacer entender al lector, que los años de postguerra en Alemania fueron caóticos. La persecución de miembros del NSDAP; la desnazificación que pretendía lobotomizar a cientos de miles de alemanes; los campos de prisioneros que se extendían por toda Europa, etc… Hay que añadir que cuando la justicia, —según algunos— no hacía bien su trabajo (no condenar a muerte a miembros de la SS), aparecían comandos judíos que se encargaban de hacer esa tarea (véase el caso de Joachim Peiper, entre otros muchos). De esta manera podemos entender a Bremer en su decisión de emigrar a España, probablemente para buscar un lugar más seguro para su familia.
Poco y nada se sabe de Gerhard Bremer en España, más que emprendió en el mundo de la hostelería y el turismo, fundando los famosos Bremer Bungalows. Fue un hombre conocido en la localidad, amable y trabajador que muchos vecinos le tenían en estima.
Jamás negó su pasado; jamás desistió de sus ideas. Orgullosamente portaba su uniforme de oficial con sus condecoraciones en las fechas señaladas, y celebraba cada 20 de abril el natalicio de Adolf Hitler. Se reunía también con viejos conocidos, veteranos de guerra de las Waffen SS como Skorzeny, Otto Remer, etc. Estos hechos han sido los más destacados por la prensa en sus publicaciones, y es que no pueden entender que un Condecorado de Hitler tuviera la conciencia tranquila y sintiera orgullo de ser lo que era, un soldado-político nacionalsocialista.

Bremer fue un héroe de guerra para su nación, y portó el ideal nacionalsocialista a la península ibérica. Desde el trabajo y la constancia llevó una vida tranquila y honrada en la Costa Blanca, donde no tuvo que renunciar a su cosmovisión, la misma que le llevó en los años 30 a adscribirse en las SS.
Nosotros los NS, recordamos a Bremer con cariño, intentando evitar toda la ponzoña que han vertido sobre él los medios de comunicación del sistema. Un soldado idealista, que no pudo ser juzgado porque nunca hallaron pruebas que lo inculparon de lo que se le acusaba, y que abandonó su Patria cuando la violencia anti-alemana se hizo insoportable.
Tengo la esperanza de que algún día saldrá a la luz toda la verdad, y la infamia que han posado sobre el honor de Bremer quedará reparada. Hasta entonces, seguiremos combatiendo a los enemigos de la nación, que por un sueldo fijo prefieren mantener al pueblo en la ignorancia.
Con afecto, para Bremer, Almut y Gerardo.
Ismael Marquina
Trigésimo séptimo aniversario de la partida de Gerhard Bremer.


