FRANCIA 17 DE OCTUBRE: EL ESTADO ANTE LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS, por Jean-Yves Le Gallou

El 17 de octubre: ¡quien siembra vientos, cosecha tempestades!

El 17 de octubre de 2026 quedará marcado como una fecha clave. ¿Por qué? Porque supone un nuevo salto en la escalada. Desde hace veinte años, Francia vive bajo un régimen de «anarcotiranía» en el que el Estado reprime selectivamente a los ciudadanos honestos y a las fuerzas conservadoras e identitarias, mientras protege y subvenciona a las fuerzas de destrucción y a la chusma. Hoy, son las instituciones del Estado las que sufren los ataques: ayuntamientos gobernados por la izquierda —en Limoges y Marsella— y prefecturas, incluida la de Burdeos, donde la prefecta Sophie Brocas hizo carrera gracias a su compromiso con la izquierda. ¡El tiro les ha salido por la culata!

El caos del 17 de octubre lleva el doble sello de Mélenchon: por la mañana, con sus tropas de asalto de los “black blocs”; por la tarde y la noche, con los saqueos organizados por bandas de delincuentes cercanos a muchos de sus votantes.

EL DOBLE RASERO DEL ESTADO

Para comprender este desastre, hay que fijarse en el trato diferenciado que reciben unos y otros. Los grupos de extrema izquierda son los mimados del régimen: reciben subvenciones a todos los niveles, tienen un lugar reservado en los medios de comunicación públicos, celebran mítines en instalaciones universitarias y gozan de la complacencia de la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio del Interior y del Consejo de Estado, así como de la indulgencia de una justicia militante ante sus desmanes. Por el contrario, los grupos y personalidades identitarias —que, sin embargo, no cometen acto alguno de violencia— sufren trabas administrativas, comerciales y bancarias; se les prohíbe el acceso a locales y la celebración de manifestaciones; se disuelven sus asociaciones sin fundamento alguno; son sometidos a detenciones policiales por simples tuits o pancartas; y enfrentan procesos judiciales por delitos de opinión.

Emmanuel Macron junto al ministro del Interior Laurent Nuñez.

Este doble rasero constituye una causa fundamental del desastre francés. Quienes siembran la inseguridad y el desorden gozan de protección, mientras que quienes defienden las libertades y la identidad son perseguidos.

El caso de Nuñez ilustra a la perfección esta lógica. Tanto en su etapa como prefecto de policía como en la de ministro del Interior, ha demostrado una capacidad represiva asombrosa contra… grupos y personalidades identitarias que jamás han causado destrozos. Nuñez no es más que izquierdismo bajo el uniforme de prefecto.

En Burdeos —donde la prefectura llegó a ser invadida—, la prefecta Sophie Brocas —quien accedió al cargo a través del tercer concurso de la ENA (un proceso de selección de carácter ideológico) y desarrolló su carrera bajo el mandato de Hollande y junto a los socialistas— se encontraba en plena campaña para presidir la asociación del cuerpo de prefectos. ¡No se puede estar en todo a la vez…!

Prefecta Sophie Brocas.

LA DERIVA FATAL

El 17 de octubre se inscribe, además, en una sucesión de umbrales superados.

1986: la muerte de Malik Oussekine. Resultado: impunidad para las manifestaciones de izquierda.

2005: los disturbios protagonizados por inmigrantes tras la muerte de dos jóvenes delincuentes en un transformador eléctrico. Los disturbios se prolongan, pero permanecen confinados en los barrios.

2023: los disturbios consecutivos a la muerte de un delincuente vial, Nahel, alcanzan los centros de las ciudades afectadas y empiezan a desbordarse.

Octubre de 2026: incursiones masivas en toda Francia.

La siguiente etapa será el saqueo total —pillajes, violaciones, asesinatos—, tal como ocurrió durante la caída de Constantinopla.

Pero quizá, en los días venideros, sepamos más sobre lo que realmente sucedió el 17 de octubre.

Hoy, el saqueo de comercios. La próxima vez, el de los apartamentos. Después, asesinatos y violaciones. Y no será la ridícula «ley integral sobre la violencia sexista y sexual» la que evite nada de esto.

Saqueos en Francia.

SON LAS MINORÍAS LAS QUE HACEN LA HISTORIA

Queda la cuestión de la inmigración y su papel en esta violencia. JD Vance tiene razón: la inmigración como una de las causas principales de la violencia en Francia es, sencillamente, un hecho.

En X, JS Ferjou le contrapone este argumento: «Ayer hubo unos miles de alborotadores; en Francia hay millones de inmigrantes. Equiparar a unos con otros de forma irreflexiva, como hace JD Vance, no hace más que agravar la fractura abierta por Jean-Luc Mélenchon».

Pero son las minorías las que hacen la historia. Ciertamente, no todos los inmigrantes son narcotraficantes, islamistas o saqueadores. Pero son precisamente esas minorías las que imponen su ley. El planteamiento de JS Ferjou, al negarlo, se sitúa fuera del ámbito de la razón; pertenece, más bien, al ámbito de la sinrazón.

ANTE LOS SAQUEOS, NO HAY SOLUCIÓN SIN REMIGRACIÓN

De esta constatación se derivan las medidas que deben adoptarse. Ante los saqueos, no hay solución sin remigración: la de los extranjeros —ya sean legales o no— que participan en ellos, y la de los binacionales que también participan, previa revocación de su nacionalidad francesa.

Los saqueadores extranjeros deben ser expulsados. A los saqueadores binacionales se les debe retirar la nacionalidad francesa y, posteriormente, expulsarlos.

polemia.com

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