NOSOTROS NO PERTENECEMOS A “ESE MUNDO”

Vivimos una de las épocas más sombrías y más vulgares que le han tocado vivir a nuestra Europa. Nada que me extrañe, por otro lado, ya que es la lógica consecuencia de las políticas de las democracias ultraliberales y capitalistas que sufrimos.

Politiqueos sin horizonte, sin buscar grandes metas. Todo se adorna con un politiquerío zafio cuyo único objetivo es la propia supervivencia, que les otorgue cuatro años de apoltronamiento para sus ganancias particulares. Eso sí, con límites, pues no olvidemos que están sujetos por el cuello con la correa que el capitalismo internacional les pone y siempre han de lidiar con ello.

Da lo mismo derecha o izquierda. Simplemente, los de derechas adornan sus discursos y políticas con mensajes más «patrióticos» —y lo pongo entre comillas; ya veremos la razón—, mientras que los de izquierdas lo hacen con mensajes más «sociales», también entre comillas, pues son simplemente defensores de otro tipo de mensaje, hijo del capitalismo, como es lo woke y la defensa del ecocapitalismo. Porque esto de la Agenda 2030, lo verde y lo sostenible no es otra cosa que otra forma de capitalismo disfrazado de ecologismo.

Por ejemplo, imponen por obligación moral, en nombre del planeta, el coche eléctrico para mayor gloria de la oligarquía de la industria del automóvil, con el mensaje de que así no contaminan. Vamos a ver: los coches de gasolina de hoy en día contaminan muchísimo menos que antes; las baterías de los coches eléctricos son de grandes dimensiones y, una vez gastadas, tienen un potencial contaminante tremendo. Hasta ahora, nadie ha negado que la batería de un teléfono móvil es un veneno para la tierra. ¿La de un coche, cientos de veces más grande, no contamina? ¿Qué harán con millones de baterías cuando se gasten? Ya os lo digo yo: comprar nuevas a la industria automovilística —por eso digo ecocapitalista— y enfangar mucho más el planeta con basura.

El problema de las baterías y su almacenaje.

Estos son los mismos que obligan a cerrar las nucleares, cuyo índice de residuos será infinitamente menor que lo que nos viene con las baterías. Así se matan dos pájaros de un tiro: a quienes tienen nucleares, que les dan independencia energética, se les obligará a pagar la energía a los nuevos ecocapitalistas al precio que quieran.

La derecha y la ultraderecha son abiertas entusiastas, sin disimulo, del servilismo al capitalismo. Defienden sin sonrojo alguno todo abuso ultraliberal, el capitalismo más rapaz, los fondos buitre, los usureros, etc. Dicen defender la patria, pero solo defienden a caciques y sus cuentas bancarias. Y lo de los que se dicen de ultraderecha ya es de risa: son idénticos a la derecha, pero con unos pretendidos aires ultrapatriotas. Y eso lo dice Vox, un partido siervo entusiasta de Israel y de EE. UU., enemigos seculares nuestros. Todo muy patriota…

Este politiqueo asqueroso ha saltado a la sociedad de una forma tan vulgar, tan chabacana, que se basa en la repetición de «chascarrillos» que entusiasman a una sociedad absolutamente vulgarizada, que les aplaude sin una mínima capacidad de análisis de los problemas.

En televisión se vio, en la «Festa de la Rosa» del PSC-PSOE, cómo se soltaban «chascarrillos», como decir que la política del PP en materia de vivienda es la «del aticazo de la Ayuso». Y, literalmente, el presidente del Gobierno soltó esta frase: «Que ahora entiende que a Ayuso no es que le guste la fruta, lo que le gusta es el aticazo», entre aplausos desenfrenados de una masa vulgarizada.

«Festa de la Rosa» 2026.

Nosotros no pertenecemos a «ese mundo», pues lo que responderíamos es: ¿usted qué ha hecho en política de vivienda? Nada, calderilla… Vamos a ver: ¿usted sabe qué se hizo en política de vivienda en la Alemania nacionalsocialista? ¿Sabe usted lo que se hizo en materia de vivienda en el régimen fascistizado de Franco? Eso sí que era POLÍTICA DE VIVIENDA.

Ahora esta «progresía» está escandalizada por el desalojo de la señora de Madrid, que lamentablemente falleció. Y ¿no hay nadie que recuerde lo siguiente? ¿Nadie les recuerda a estos señores que, en un sistema no nacionalsocialista, sino en un régimen fascistizado como el de Franco, ese desalojo no se hubiese podido llevar a cabo? Por dos razones: una, porque no podían existir fondos buitre, pues la usura estaba prohibida; y dos, porque en 1964 ese régimen aprobó la Ley de Arrendamientos Urbanos, que prohibía esos desahucios y protegía a los inquilinos de rentas bajas.

Un régimen fascistizado, que no tenía la profundidad socialista del nacionalsocialismo, lo lograba. En esos tiempos se llenó España de vivienda social barata para los trabajadores. ¿Vosotros, demócratas liberales, qué habéis hecho?

Aparte, sería bueno recordar a esta progresía que esa ley franquista fue abolida por el socialista Miguel Boyer el 30 de abril de 1985 y que entró en vigor en mayo de ese año, eliminando la prórroga forzosa para nuevos contratos, lo que permitía pactar con el dueño un acuerdo justo.

La imagen muestra a Francisco Franco (con gafas oscuras y uniforme blanco) junto a otras autoridades y colaboradores inspectores de un plano o maqueta de urbanismo.
Una de tantas urbanizaciones populares levantadas en la geografía española.

O recordar al presidente, que ahora se rasga las vestiduras, que este mismo año el PSOE se abstuvo en la votación para eliminar los fondos buitre.

Nadie se para a reflexionar y a llamar a las cosas por su nombre; solo aplauden sus chascarrillos. No, nosotros no somos de «ese mundo».

No apoyaré jamás ninguna iniciativa de ningún partido del sistema, ni de izquierda ni de derecha. Ni la izquierda puede ofrecerme el socialismo que yo anhelo ni la derecha, aún menos. No me pueden ofrecer ni siquiera su pretendido «patriotismo».

Que, por cierto, el patriotismo que emana del sistema no se puede apoyar de ninguna de las maneras, pues está lleno de los vicios y la zafiedad típicos de ellos. Ni el nacionalismo español, ni el vasco, ni el catalán, pues parten de concepciones ajenas a nosotros.

Veamos: ¿qué patriotismo español es el que llama a los catalanes «catalufos» o a los vascos «etarras»? ¿Qué patriotismo es el que ve como españolísima a una sevillana y como antiespañola a una sardana o a un aurresku? ¿Qué patriotismo catalán es el que se basa en el insulto al castellano o al andaluz? ¿Qué patriotismo vasco es el de llamar maketos a todo el que no sea vasco?

Estos mismos patriotas que menosprecian e insultan a sus hermanos europeos son los que acogen a los inmigrantes de otros continentes y los llaman españoles, vascos o catalanes. Todo muy coherente…

Para nosotros, el patriotismo es algo identitario, racial, cultural y artístico. Un vasco ha de cuidar la cultura vasca; el catalán o el castellano, la suya, porque así son quienes sostienen y hacen grande a España y a Europa. No el nacionalismo del sistema, el nacionalismo cateto de los de Villa Arriba contra los de Villa Abajo. Cada europeo debe ser custodio de su cultura, andando unidos hacia un ideal supremo.

No podemos apoyar nada de esto porque nosotros no somos de «ese mundo».

G.C.

Deja una respuesta

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión