12 DE OCTUBRE: NI LEYENDA NEGRA NI LEYENDA ROSA, por Eduardo Núñez

Con motivo de la fecha histórica del 12 de Octubre ante la que unos dicen “Nada que celebrar” y otros dicen “Mucho que celebrar” conviene hacer algunas reflexiones para tratar de poner las cosas en su sitio.

La primera reflexión que debe hacerse es la de fecha en sí. El 12 de octubre se conmemora que en esa fecha del año 1492 tuvo lugar la llegada de Cristóbal Colón a América. Así, la idea de Hispanidad se encuentra asociada a la llegada de los primeros españoles a América conducidos por Cristóbal Colón, el 12 de octubre de 1492.  Por lo tanto, ha sido tradicionalmente la fecha en la que se ha conmemorado el Día de la Hispanidad, también llamado Día de la Raza en 1918 bajo el reinado de Alfonso XIII y el gobierno de Antonio Maura. Esta fecha empezó a conmemorarse en España antes, en 1892, cuando la reina regente María Cristina firmó un Real Decreto en San Sebastián —a propuesta del presidente Antonio Cánovas del Castillo— para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, y rápidamente fue secundado por los países sudamericanos pues esa fecha es recordada en diversas naciones hispanas, aunque con distintos nombres y significaciones. El cambio a Día de la Hispanidad fue durante el régimen de Franco, en 1958, cuando el concepto evolucionó oficialmente hacia la denominación de Día de la Hispanidad. Posteriormente, la regulación actual es la de la Ley 18/1987, de 7 de octubre, que estableció definitivamente la denominación oficial de Fiesta Nacional de España para esta jornada del 12 de octubre.

También fue muy importante esa fecha histórica por el hecho de que ese mismo año, en 1492, los Reyes Católicos reconquistaron Granada y seguidamente integraron todos los reinos peninsulares en uno solo, por lo que este descubrimiento supuso nuevas tierras para lo que después sería el Imperio español, y fue trascendental porque supuso la proyección española en todos los aspectos, lingüísticos, económicos y culturales en América. Pero aquí es donde cabría diferenciar entre Fiesta Nacional de España y Fiesta de la Hispanidad. El 12 de octubre es, por lo ya apuntado, más la Fiesta de la Hispanidad, mientras que la Fiesta Nacional de España sería más lógico que fuera el 2 de enero, por ser ese el día en el que se celebra la Toma de Granada con la culminación de la Reconquista en esa fecha también en 1492. El 2 de enero, Dia de la Toma de Granada sería, por tanto, la que debiera ser en buena lógica, la Fiesta Nacional de España, y no el 12 de Octubre, que siempre ha estado más asociado a la Hispanidad.

Tremolación del pendón de Granada el 2 de enero.

Etimológicamente la palabra Hispanidad deriva de Hispania, nombre que los romanos dieron a la península ibérica. Por extensión, la expresión «hispano« ha terminado abarcando a las personas de habla hispana o cultura de ese origen, que viven en España y en América. La expresión Hispanidad apareció en la segunda década del siglo XX para denominar a las personas, países y comunidades que comparten el idioma español y poseen una cultura relacionada con España. En ella se incluyen 23 naciones y unos 500 millones de personas, en los cinco continentes. Más recientemente el término ha sido relativamente postergado por denominaciones más abarcativas como Iberoamérica o expresiones que hacen referencia principalmente a la lengua común como países de habla hispana, o literatura o música en español. También se ha generalizado la identificación de lo “latino”, que en EEUU se utiliza como sinónimo de hispanic (hispánico). Algunos consideran que en el término Iberoamérica también se incluye a los países lusófonos, pues Lusitania formaba parte de la vieja Hispania y de hecho aparece como segunda entrada en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, María Moliner, y en la Enciclopedia Larousse. Pero el concepto de Hispanidad comenzó a ser reivindicado principalmente por dos autores, por Miguel de Unamuno, y por Ramiro de Maeztu, este último en su libro “Defensa de la Hispanidad”, escrito en 1934, y en el que hace una defensa de los valores de la Hispanidad católica.

Unido al tema de la Hispanidad, el diccionario de la Real Academia Española define la leyenda negra como «opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI» y como «opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo, generalmente infundada». Así, la «leyenda negra» es un término utilizado para referirse a una interpretación negativa y tendenciosa de la historia española, especialmente durante los siglos XVI y XVII, que fue promovida principalmente por otros países europeos, en particular por protestantes y competidores políticos de España en aquel momento. Esta leyenda negra retrata a España como un país caracterizado por la intolerancia religiosa (por la Inquisición española), la crueldad hacia los nativos americanos en la conquista de América, la opresión política y cultural, y otros aspectos negativos. Partió, sin embargo esa leyenda, de las exageraciones de Fray Bartolomé de las Casas, un fraile dominico fanático e histérico llamado el “defensor de los indios”, que dio lugar a que otros aprovecharan esas exageraciones para hacer caricaturas como las del holandés Theodor de Bry (1528–1598) mostrando la supuesta quema de indios en América. La obra de Theodor de Bry es característica de la propaganda antiespañola que surgió en países protestantes como Holanda y el Reino Unido a finales del siglo XVI a raíz de la fuerte rivalidad comercial y militar que tenían ambos países con el Imperio español.

Fray Bartolomé de las Casas.

Fray Bartolomé de las Casas dio unas cifras muy exageradas relativas a los abusos de los encomenderos a los indios en las encomiendas, pero el llamado “defensor de los indios” fue un negrero que no tuvo el menor reparo en recomendar traer esclavos negros de África para suplir a los indios en los trabajos físicos que resultaban demasiado fatigosos para los indios. Negros esclavos que siguieron siendo esclavos hasta el año 1886, cuando fue abolida la esclavitud en la Cuba española, de modo que la abolición definitiva de la esclavitud en el Imperio español ocurrió el 7 de octubre de 1886 mediante un real decreto firmado por la reina regente María Cristina, que puso fin al sistema de patronato en Cuba. Esto lo ocultan los autores de la otra leyenda, que es la leyenda rosa, porque esa abolición de la esclavitud fue posterior, por ejemplo a la de la “pérfida Albión” ya que la esclavitud y el comercio de esclavos en el Imperio británico se prohibió antes, formalmente con la Ley de abolición de la esclavitud de 1833, que entró en vigor el 1 de agosto de 1834.

La injusta leyenda negra antiespañola paradójicamente no ha sido desmontada por historiadores españoles, que, por el contrario, siguen siendo los mayores defensores de la misma, sino que ha sido desmontada por historiadores hispanistas extranjeros, no pocos de ellos, anglosajones. Por ejemplo, los norteamericanos Charles F. Lummis, Philip Wayne Powell, Charles Gibson, James Brown Scott, Lewis Hanke, William S. Maltby, William Thomas Walsh, Stanley Payne; los británicos John Elliot, Hugh Thomas, y Robert Goodwin; los franceses Fernand Braudel, Pierre Chaunu, Joseph Pérez, y Bartolomé Bennassar; o los alemanes Joseph Hoefner, Rheinhold Schneider y Fritz Schalke. Todos esos autores son hispanistas extranjeros que han contribuido a desmontar la leyenda negra. También ha habido autores españoles que hace tiempo contribuyeron a desmontar la leyenda negra. Y hay que reconocerlos: Empezando por Ramón Menéndez Pidal, Carmelo Viñas y Mey, Constantino Bayle, Rómulo Carbia, Antonio Ballesteros, Vicente Palacio Atard, Silvio Zavala, y Julián Juderías. Todos estos son muy recomendables. Pero más recientemente han aparecido otros autores que frente a esa leyenda negra antiespañola han opuesto otra leyenda antieuropea, la llamada “leyenda rosa”. Entre estos autores podemos citar a Marcelo Gullo, Elvira Roca Barea, Iván Vélez, Santiago Armesilla, Fernando Paz, Paloma Hernández o Jose Javier Esparza, entre otros, y asociaciones como la Asociación Cultural Héroes de Cavite o la Fundación Gustavo Bueno, que agrupa a estos autores de la llamada “leyenda rosa”. Y es preciso decir que la leyenda rosa es tan falsa como la leyenda negra. Falsa por lo que dicen, pero sobre todo por lo que callan.

Elvira Roca Barea.

Concretamente, todos estos autores de la leyenda rosa ocultan dos hechos:

1 La construcción de la América española fue racista.

2 La limpieza de sangre y de raza ha sido históricamente una seña de identidad de la tradición española.

Por ejemplo, la escritora María Elvira Roca Barea afirma que el contacto con el otro no llevó a los españoles a desarrollar teorías racistas, sino derecho de Indias. La realidad, sin embargo, es que fue ambas cosas, pues se hicieron leyes como las leyes de Burgos o leyes de Indias en defensa y protección de los indios, pero a los indios se les exigía trabajar para la Corona española. Es cierto que la colonización española de América se hizo con unas leyes protectoras de los indígenas, que van desde la pragmática de los Reyes Católicos declarando la libertad de residencia, que es del 28 de octubre de 1480 hasta las leyes de indias. Felipe II el 19 de diciembre de 1593 llega a pedir que los delitos contra los indios sean castigados con mayor rigor que contra los españoles.

Las pragmáticas son disposiciones reales dictadas sin intervención de las Cortes. Y durante aquella época se mantuvo la discusión sobre la prevalencia de estas disposiciones reales sobre las leyes de las Cortes, y a pesar de la oposición de éstas, las pragmáticas consiguieron de hecho derogar y modificar aquellas.

Sacrificios humanos de los aztecas según el Códice Magliabecchiano (Biblioteca Nacional Central, Florencia)

Pero las teorías racistas a las que alude Roca Barea que dice que no tuvimos, no fueron solo teorías sino hechos como fueron los Estatutos de limpieza de sangre, como veremos. Y es que el racismo es un componente inherente en el ser humano, de modo que los mexicas eran tan racistas como los españoles y como todo el mundo.

Pero el gran referente de los hispanoamericanistas y enemigos de Europa es el escritor, periodista y politólogo argentino Marcelo Gullo, a quien podemos definir como un eurófobo, y del que, de sus muchos libros, el que ha servido de guía de esta corriente de opinión es principalmente “Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán”. Barcelona: Espasa, 2021. Es importante comentar este libro nefasto porque es muy claro en lo que aquí expresamos. El problema no es que el autor y el libro en cuestión desmonte la leyenda negra, que eso está muy bien, sino que lo haga creando otra leyenda antieuropea. Y para ello hace una defensa del mestizaje, de hecho, un capítulo del libro “Madre Patria” se titula “El mestizaje como una política de Estado”. Lamentablemente para Marcelo Gullo, en su odio eurófobo, no puede negar la llegada de los vikingos a América en el siglo X, antes que nadie. Y mal que le pese a él y a toda la ultraderecha españolista antieuropea, tenía razón Adolf Hitler al decir que “El elemento germano de la América del norte, que racialmente conservó su pureza, se ha convertido en el señor del continente americano y mantendrá esa posición mientras no caiga en la ignominia de mezclar su sangre”. Desgraciadamente esto último es lo que está ocurriendo en las últimas décadas, en un proceso que terminará por romper interiormente a los EEUU y a Canadá, como se acabaron desgarrando los antiguos virreinatos españoles.

Marcelo Gullo y Esperanza Aguirre (PP).

Digan lo que digan Marcelo Gullo y demás “hispanistas” antieuropeos, la América española fue de hecho una sociedad de castas dominada por los blancos castellanos que la construyeron, pero que integró a otras razas indígenas que existían y existen con sus identidades. La construcción en la América española se articuló a través de un complejo sistema de castas y jerarquías estamentales que combinaban el origen étnico, el linaje y la religión, estructurando una sociedad profundamente desigual basada en un sistema de castas y una pigmentocracia con una jerarquía estamental basada a su vez en los Estatutos de limpieza de sangre donde en la cúspide de la pirámide social se encontraban los españoles peninsulares y sus descendientes nacidos en América (los criollos), mientras que los indígenas, los afrodescendientes esclavizados o libres y los diversos cruces mestizos (mulatos, zambos, mestizos), las llamadas castas de mezcla,  ocupaban los estratos subordinados. Es lógico que esta nueva realidad terminara desembocando en la estructuración de una sociedad de castas, en la que la cúspide estaba formada por los blancos (peninsulares y criollos), mientras que el último eslabón estaba integrado por los negros traídos de África, y en medio, los indios y los mestizos y mulatos. Y, salvo raras excepciones, eran los españoles blancos los que conformaban las capas dirigentes de la sociedad hispanoamericana. Ese sistema de segregación racial basado en las castas se constata si observamos los rasgos y el aspecto de los personajes más prominentes y sus familias. Entre las raras excepciones es conocido el caso del inca Garcilaso de la Vega, que era hijo de un noble extremeño y de una princesa inca, a los cuales no se les permitió casarse, y con la que convivió en régimen de amancebamiento, casándose legalmente después el padre de Garcilsado con una noble blanca española. Y, lo cierto es que los retratos de Garcilaso de la Vega muestran que apenas tenía rasgos indios, ya que entre los nobles incas había individuos de raza blanca, muy diferentes al resto de los indios, como lo ha comentado en sus libros Jacques de Mahieu. No olvidemos que el arquetipo configurador y estructurador de la identidad española es la Reconquista, y empresas como la Reconquista o la división estamental son impensables sin el elemento gótico. Y los españoles que llegaron a América fueron en busca de tierras para explotar, en un proceso que era continuación de la Reconquista en la península.

Los Estatutos de limpieza de sangre en la América española fueron heredados de la península e instalados en el Nuevo Mundo, y con estos criterios medían el prestigio social y la pureza religiosa o genealógica. Aunque formalmente ligados a la fe cristiana vieja, en la práctica funcionaban como exclusiones de linaje. Los Estatutos de limpieza de sangre aparecieron en el siglo XV con la revuelta de Toledo en 1449 para discriminar a judeoconversos y moriscos. Y también el origen de los Estatutos de limpieza de sangre se remonta a algunos colegios mayores de la Universidad de Salamanca durante el siglo XV.

Un dato que manipulan los autores de la leyenda rosa, defensores de la idea de que “Hispanidad es mestizaje” es el por qué tuvo lugar ese mestizaje, haciendo ver que fue una política de Estado. Pero el motivo real fue que apenas había mujeres blancas en la América hispana, al contrario de lo que sucedería más tarde en la América anglosajona. Por tanto, el mestizaje se debió en primer lugar a la falta de mujeres entre los colonizadores, y en segundo lugar, a la labor e influencia de la Iglesia como forma de conseguir así una conversión al cristianismo más rápida de los indígenas.

Tampoco dicen nunca los autores de la leyenda rosa que durante el siglo XVI se promulgaron distintas disposiciones para que los mestizos no llevaran armas ni fueran ordenados sacerdotes ni fueran escribanos. Entre las clases sociales altas solo había blancos. En dicho siglo XVI, concretamente, en el año 1549, el Emperador Carlos V prohibió a mulatos, mestizos e hijos ilegítimos el acceder a ningún cargo público o al reparto de tierras en las Indias. Y durante toda la época hispánica, en los siglos XVI y XVII, a los aspirantes a ingresar en los gremios y oficios, se les pedía la demostración de ser “cristiano viejo” de origen español, y lógicamente los indios eran considerados “cristianos nuevos”.

Carlos V.

Por tanto, los Estatutos de limpieza de sangre fueron normas de exclusión legal aplicadas en España y América durante la Edad Moderna para prohibir el acceso a cargos públicos, religiosos, universitarios y militares, y a Órdenes religiosas y Órdenes militares, a quienes tuvieran antepasados judíos o musulmanes. Los Estatutos de limpieza de sangre fueron, por tanto, el mecanismo de discriminación legal en la Corona de Castilla, Corona de Aragón y Reino de Portugal​ dirigido contra los «cristianos nuevos», es decir, los conversos, las minorías judeoconversas y moriscas.

Por ello, los Estatutos de Limpieza de Sangre son estatutos raciales, tienen un fundamento racial, pues dependen del origen y la ascendencia de una persona, y no de algún crimen o falta cometida. Y así, la limpieza de sangre supone uno de los aspectos más característicos de la sociedad y la mentalidad españolas de la época moderna. La limpieza de sangre fue un mecanismo de exclusión social en relación con los conversos, ya fueran de origen judío o musulmán, y la “probanza de sangre” estaba muy arraigada en España, especialmente en los estamentos nobiliarios, tanto entre los nobles titulados como entre los hidalgos. Con el paso del tiempo, las categorías jurídicas dieron paso a una diferenciación basada en el tono de piel y los rasgos físicos, donde la cercanía a la blancura otorgaba mayores privilegios sociales y económicos. Es lo que se denomina una pigmentocracia. Y esta relación directamente proporcional entre blancura e influencia y poder sigue estando vigente incluso hoy día en Hispanoamérica basada en la segregación racial de facto, que no de iure, que existe desde un punto de vista social entre la minoría blanca y la mayoría indo-mestiza, por no hablar de la minoría negra. Y esa era la realidad de la América hispánica antes de que los territorios que la conformaran accedieran a la independencia. Y como vemos, en aquella América hispana, la raza desempeñaba un papel crucial a la hora de determinar el puesto de una persona en la sociedad, así como la identidad de la misma. Incluso, mucho tiempo después, en el siglo XVIII, Carlos III en el año 1788 ordenó a la Audiencia de Lima el no acceso a las leyes a los impuros de sangre, que, por tanto, no podían ser juristas.

Después, Fernando VII reinstauró los estatutos de limpieza de sangre para ingresar en la Universidad, corporaciones, etc. en el año 1824. Y no fue hasta una ley de 1865 que se suprimió con carácter general las pruebas e informaciones de limpieza de sangre para ingresar en determinadas carreras del Estado y para contraer matrimonio, quedando esos estatutos abolidos formalmente en el siglo XIX, con una real orden del 31 de enero de 1835 y una ley complementaria en mayo de 1865 que eliminó los últimos requisitos en el Ejército y la Marina, de modo que estuvieron vigentes hasta bien entrado el siglo XIX. A partir de 1865, y ya en una España liberal, y bajo el paradigma ideológico del liberalismo igualitarista, la pureza de sangre dejó de funcionar como criterio para la admisión a cargos de profesor o de funcionario de la Administración pública.

Es un denominador común entre los autores de la leyenda rosa el de despreciar a los criollos eurodescendientes, que crearon una cultura euroamericana en América, a los que criminalizan como elemento subversivo, mientras exculpan a los negros y a los indios, algo que es completamente injusto e incorrecto, puesto que también hubo casos de rebeliones negras en la América hispana, y por otra parte, no todos los criollos eran masones, ni mucho menos. Es más, los actuales movimientos identitarios criollos, y por tanto blancos, existentes en Iberoamérica, son tradicionalistas, y enarbolan como bandera la egregia y tradicional bandera de la cruz de Borgoña.

Manifestación criolla con banderas con la Cruz de Borgoña en Perú.

Por todo lo dicho, nada hay que objetar a que España tenga una política exterior de estrechamiento de vínculos culturales y comerciales con Hispanoamérica. Eso es algo perfectamente defendible. Reconocer Europa es también reconocer la obra castellana de la Hispanidad y la obra social de España en América, la cual mostró la gallardía de nuestra sangre, de nuestro espíritu aventurero y civilizatorio, pese al atavismo heredado de la herencia cultural católica y de la mentalidad católica universalista, que evitó hacer de América lo que pudo haber sido el “lebensraum” castellano en la España de ultramar.

Y como última reflexión sobre el 12 de Octubre, vamos a comentar la España actual.

Cada 12 de Octubre muchos ayuntamientos de España se ponen a celebrar el indigenismo en base a la leyenda negra, pero habría que recordarles que, si hoy hay indígenas en toda América, es porque no hubo un genocidio como dicen. Así de sencillo. Y, por otra parte, cuando los indigenistas y quienes les siguen la corriente critican ahora la conquista de Méjico por Hernán Cortés y sus hombres, entre ellos también indios aliados de los españoles contra los aztecas, cabe preguntarles si es que echan de menos la barbarie y las salvajes y crueles prácticas de los sacrificios humanos incluso de niños, y el canibalismo, costumbres con las que acabaron los españoles.

«Descolonicémonos»: la pancarta que encabezaba la marcha indigenista del 12 de octubre de 2021 en Madrid

Y, de otro lado, tenemos el aquelarre que monta la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, cada año el 12 de octubre en la Gran Vía de Madrid con el nombre de «Cabalgata de la Hispanidad», en el que ya prácticamente no se ven españoles ni en los participantes ni en el público, lo que es una muestra de que va a convertir Madrid en una pseudo-Miami y en un gigantesco suburbio de Sudamérica con la sudamericanización masiva de Madrid y poco a poco de toda España. Este año, la presidente de la Comunidad de Madrid ha dicho en la cabalgata de la Hispanidad que “Los hispanos en España y en Madrid están en su casa”. El problema es que, por “hispanos”, la Sra. Ayuso se refiere a los millones de amerindios que han invadido España en los últimos años. Luego esta señora habla del “efecto llamada” que provoca Sánchez, como si ella no hubiera hecho lo mismo o más en estos últimos seis años, hasta el punto de que los que ya no se sienten en su casa son los madrileños españoles de toda la vida en el “Madrid de todos los acentos” convertido en la “capital del reaggeton” con la amenaza cada vez mayor de que los auténticos españoles autóctonos se van a ver abocados a su reemplazo demográfico por sudamericanos y centroamericanos. A la Sra, Ayuso y a los de VOX habría que recordarles que en aquel Imperio español que tanto elogian, no se autorizó la venida de indios a la España peninsular, y menos de masas de indios y mestizos para repoblar los campos de Castilla en la España vacía, como hoy defienden la derecha y la ultraderecha españolas entusiastas de la sustitución demográfica de los españoles mediante la llegada masiva de inmigrantes amerindios, solo por ser supuestamente de religión católica, a pesar de que lo que hemos visto en Madrid es que con esta inmigración sudamericana lo que ha llegado es una proliferación de iglesias evangélicas.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, celebrando el Dia de la Hispanidad 2025.

Es preciso, por tanto, denunciar esa sudamericanización de España defendida por amplios sectores de la derecha y de la ultraderecha españolista y antieuropea como una ideología criminal y etnocida, que está provocando la entrada de millones de sudamericanos por los aeropuertos, una invasión inmigratoria que debe ser frenada y revertida de inmediato mediante millones de deportaciones. Como bien decía el poeta argentino Juan Pablo Vitali, “el concepto de Hispanidad siempre ha sido ambiguo y carente de contenido racial”, por lo que debemos dejar claro que nuestra gente son los criollos, los blancos del sur en Hispanoamérica, desde los castellanos que llegaron a América a partir de 1492 hasta todos los blancos que llegaron después con la migración europea en los siglos XIX y XX. Por el contrario, el llamado “hispanismo” es hoy una ideología anti-blanca y antieuropea, que en España tiene como objetivo la llegada masiva de inmigrantes amerindios en calidad de “hermanos”, para la repoblación de la España vacía.

Eduardo Núñez

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