Ante todo, hay que dejar claro que todas las democracias son capitalistas, plutocráticas, eso es inevitable y además la experiencia lo demuestra. Las democracias de masas están dominadas por el poder de los medios de masas y el dinero de forma inevitable, si se tratan de evitar esos poderes dejan de ser lo que llamamos y se entiende ahora por democracia.
Y todo marxismo es de ‘clase’, o sea lleva a la lucha de clases y a la idea de enfrentamiento del patrón y los empleados. En realidad, Marx y el comunismo basan todo en esta idea clasista. Y las izquierdas marxistas nunca han dejado de apoyar a sindicatos de ‘clase’ y a una demagogia clasista. El marxismo jamás entendió el nuevo capitalismo financiero y sus bases. Y aborrecen toda idea de unidad de las ‘clases’ frente al poder del dinero global, financiero y apátrida, idea totalmente ‘fascista’.
Así que podríamos haber simplificado las posiciones equivocadas con decir simplemente ‘democracia y marxismo’, pero en cada una de esas facetas vamos a centrarnos en su aspecto capitalista y clasista que parecen enfrentados, mientras que en la realidad el marxismo se ha incrustado ya en la democracia capitalista y ésta ha asimilado totalmente el clasismo marxista.

Hay pues ahora un capitalismo que asume oficialmente la lucha de clases dentro del capitalismo y una lucha de clases que se desarrolla dentro de un sistema político democrático capitalista. ¡Cosas de la vida y sus incoherencias!
LA LUCHA DE CLASES COMO PARADIGMA
Las derechas y los centristas democráticos no hablan abiertamente de lucha de clases, pero apoyan a las Patronales al mismo tiempo que financian, cuando gobiernan, a los Sindicatos de clase como interlocutores válidos y si crean algún ‘sindicato alternativo’ es de clase también (no crean Asociaciones de empleados y patronos juntos nunca).
A cambio las izquierdas procuran no habla ya de ‘lucha’ sino solo de ‘clasismo’, o sea de un enfrentamiento meramente económico de ‘clases’, sin el aspecto de combate y eliminación que tenía el marxismo en sus inicios políticos.

La mera idea o propuesta de alguna Asociación entre empleados y empleadores les es absurda a las dos partes.
Y el Estado ha abandonado hace mucho tiempo la idea de juzgar las peticiones de cada parte para, en justicia, establecer lo razonable y justo.
Hoy se trata de ver si hay algún acuerdo entre Patronales y Sindicatos de clase por su cuenta, cosa poco común, y sino el Estado toma sus decisiones según los intereses políticos que tenga.
Por supuesto en la teoría de la lucha de clases están incluidas las formas de coacción propias de cada parte: La huelga y el cierre patronal.
Hoy las huelgas se hacen solo en las pequeñas y medianas/pequeñas empresas, junto a protestas en la casa del empresario. No hay casi huelgas en las grandes empresas, ni protestas en locales de bancos, financieras, fondos de inversión o multinacionales.
Las huelgas que se llaman ‘generales’ son siempre políticas, por presiones o razones políticas. Por eso suelen solo existir con gobiernos de derechas o de centro.
Tampoco hay ya el cierre patronal clásico de hace un siglo.
Hoy la fuerza de las empresas está en llevarse la producción (o la propia empresa y sus inversiones) a otro país. La globalización y la apertura de fronteras comerciales son las armas actuales de las empresas capitalistas medianas.
Las grandes empresas capitalistas tienen un arma enorme para presionar al Estado, por muy de izquierdas que sea, con la amenaza de cerrar inversiones en ese país y llevarlas a otro país.

En realidad, la ‘lucha de clases’ es hoy más demagogia que una realidad de lucha real, que solo se da en pequeñas empresas donde hay verdaderas injusticias o problemas empresariales que llevan a cerrar, deslocalizar o a reducir personal.
Los Sindicatos actuales son, sobre todo, consultorías laborales, dado que no hay un sistema de justicia laboral disponible. De forma que allí van a preguntar derechos y posibilidades de actuar e incluso como estafar a la empresa ‘legalmente’. Por supuesto no se trata de saber lo que es justo, sino como satisfacer el deseo del empleado sea o no justo.
LOS SINDICATOS DE ‘ALTERNATIVA’ ANTI-SISTEMA: TAMBIEN SON DE ‘CLASE’
Lo que más me sorprende es que se han intentado, con nulo éxito, eso sí, organizar Sindicatos por grupos de Alternativa al Sistema, radicales, y los montan como sindicatos de ‘clase’, o sea solo para empleados, no como unidad de empleados y patronos de una empresa.
Lo puedo comprender como algo táctico, o sea por la incapacidad de hacerlo acorde a nuestra ideología anti clasista, pero al menos deberían dejar claro que es algo que va contra lo que se desea en el futuro, que los sindicatos de clase son contrarios a nuestra revolución.
Lo fundamental es que toda agrupación o relación laboral debe ser tratada en base a un solo método: Lo Justo, no el interés de una de las partes.
Y para colmo debería quedar claro que el enemigo y el problema está, por una parte, en las condiciones de entorno de mercado globalistas y las presiones financieras que se imponen a las empresas. Y por otra en las demagogias y falta de realismo de las izquierdas radicales y los Sindicatos de clase. Estos entornos son los verdaderos culpables en muchos casos de las conductas actuales.
Todo esto muestra un panorama desolador en el mundo laboral, donde la Justicia no existe ni interesa a ninguna de las dos partes, solo el interés propio
Ramón Bau
