En estos últimos meses la violencia en México por parte de los cárteles de drogas ha sido algo desbordado. La muerte de Nemesio Oseguera, alias Mencho, dirigente del Cártel de Jalisco Nueva Generación, CJNG, fue el detonante, causando ese mismo día 67 muertos y 70 detenidos.
El problema no es actual, sino que es algo permanente en México, y lo es en Colombia y otros países.
En realidad, en los países con gran tráfico de drogas donde no hay una violencia pública es debido a dos causas: o bien que el gobierno ha pactado con los cárteles la no violencia a cambio de dejarles traficar sin gran problema, o bien a que el gobierno toma medidas extremas, incluso no muy legales, atacando a los cárteles de forma masiva.
En México el anterior Presidente, López Obrador, quiso no atacar a los cárteles… pactar no violencia, tras la etapa del anterior Presidente, Calderón, que no logró nada con la violencia.
El resultado fue que Obrador solo logró fortalecer los cárteles y más muertos que antes, llegando a liberar a capos como Ovidio Guzmán cuando amenazó con levantar violencias con el cártel de Sinaloa. En el mandato de Obrador hubo 200.000 homicidios, muchos más que antes.
La violencia llegó a extremos como con la matanza de 35 personas en una reunión de fiscales en Veracruz en 2011.
La actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, una judía que sigue la línea de Trump, quiere aplicar más violencia contra los cárteles con apoyo de USA.

Se enfrenta al problema de que México tiene que celebrar un Campeonato Deportivo internacional que puede ser un objetivo en esa guerra interna.
Pues bien, todo esto refleja cómo el sistema no quiere realmente acabar con este problema de la droga y de la existencia de poderosas, armadas y muy financiadas bandas de delincuentes.
El poder de estas bandas no está en sus armas y violencia, sino en las enormes cantidades de dinero del que disponen, capaces no solo de contratar matones y armas, sino, sobre todo, de corromper las estructuras oficiales.
Mientras dispongan de cientos de millones de dólares sin control, ninguna política, ni violenta ni de pactos, vencerá su poder. Pueden moverse de un país a otro, corromper gobiernos, cae un cártel, pero aparece otro…
Mientras Trump hace solo lo que no todo demócrata puede hacer en este caso, amenazar a los cárteles, pero sin poder, ni querer en absoluto, atacar el problema en su realidad esencial: quitarles el negocio, la venta de drogas (y la prostitución, que es otro de sus grandes negocios).
Porque el problema es el CONSUMO masivo de drogas por ciudadanos de USA (y la UE), que es lo que aporta las enormes cantidades de dinero.
Mientras millones de ciudadanos de USA y UE paguen en dólares y euros sin declarar por drogas, los cárteles serán dominantes.

Pero es que el consumo de droga es LEGAL, inaudito, como el de la prostitución.
De forma que la causa de los problemas es legal, no se persigue en absoluto.
Así resulta que nunca serán capaces de acabar con la droga, porque el eje del tema, el consumo, es permitido.
La razón es el sistema democrático: combatir seriamente la drogadicción es atacar a votantes, a millones de votantes y sus familias, cosa inadmisible para los partidos que dependen del voto.
Curiosamente la drogadicción es perseguida entre los deportistas, a los que se les puede retirar la licencia profesional si se les detecta drogas. Pero nunca se hacen controles de droga a médicos, carpinteros, electricistas, abogados o políticos, quitándoles la licencia profesional si consumen drogas.
La persecución debería ser en su base por motivos éticos, eliminar el consumo de drogas y los males que eso causa. Pero incluso aunque fuera solo por temas económicos: están financiando ilegalmente a las mafias de delincuentes.
Mientas en los países productores sufren las mafias y en los países consumidores los dramas médicos de las drogas. Pura miseria del Sistema.
Ramón Bau
