Al hablar del liberalismo conservador, o comúnmente llamado derecha, tratamos uno de los mayores espejismos que se ha proyectado sobre el movimiento identitario durante muchos años.
Este, aparentemente atractivo cuando está en la oposición, se torna, en el gobierno, en el «mejor de los casos», una continuidad.
Y digo que, en el mejor de los casos, ya que, en el peor de los casos, pueden incumplir todas las promesas expresadas en campaña (véase Rajoy, memoria histórica, etc.) o, incluso, aprovechando la coacción del voto del mal menor, aprobar leyes aún peores (véase el fomento de la inmigración y la regularización en la época de Aznar).
Y es que este espejismo siempre se nutrió de dos tipos de elementos muy presentes en el mundo identitario:
- De elementos bien intencionados, que piensan que pueden cambiar, desde dentro, la derecha y creen el discurso en la oposición.
- De elementos deseosos de medrar y conseguir dinero, estatus social y poder para provecho propio, a cambio de renunciar a sus principios.
Con el ánimo de no perpetuar esta especie de «día de la marmota», que se remonta desde la AP de Fraga Iribarne hasta algunos sectores de Vox actualmente, vamos a analizar por qué la derecha liberal no es, ni nunca será, una alternativa válida para todo aquel que persiga unos objetivos identitarios que favorezcan el bien común.

1. Principio de complementariedad política
Lejos de lo que pretende aparentarse, tanto el PSOE como el PP se orientan, según esta interpretación, hacia un mismo objetivo, aunque cada uno desempeña una función diferente.
- PSOE, Podemos e Izquierda Unida: se encargan, en nombre del «liberalismo progresista», de promover leyes que, según el planteamiento del texto, afectan a instituciones consideradas fundamentales, como la familia, la patria, la religión y la identidad nacional de los pueblos (entre ellas, las relativas al divorcio, al matrimonio entre personas del mismo sexo, al feminismo, a la inmigración o a determinadas manifestaciones culturales).
- El PP, algunos sectores de Vox, Ciudadanos, etc.: se encargan de adaptar esas medidas al funcionamiento del mercado y de obtener de ellas un rendimiento económico.
- CiU, PNV, ERC, CC y Bildu: se encargan de aplicar ambos enfoques en sus respectivos ámbitos autonómicos, de acuerdo con el planteamiento expuesto.
Como ejemplo, la inmigración ilegal, que, según esta interpretación, es inicialmente favorecida por la izquierda en nombre de la solidaridad y que, posteriormente, pasa a ser regularizada e incorporada al mercado laboral como mano de obra, en el marco de un modelo económico que prioriza las leyes de la oferta y la demanda y la reducción de costes.
Según el argumento desarrollado, este patrón se repetiría en numerosos ámbitos: en primer lugar, la izquierda impulsaría el reconocimiento jurídico de determinadas medidas y, posteriormente, la derecha favorecería su integración en el ámbito económico. Finalmente, partidos de ámbito nacionalista o municipal aplicarían ambos principios dentro de sus respectivas competencias.

2. Principio de libertad de circulación de mercancías, personas y capitales
Este principio, que se nos da con la falsa apariencia de ser diseccionable, es forzosamente autoconclusivo.
- Libertad de circulación de mercancías: las mercancías tienen como objetivo su intercambio. Este intercambio busca mercados y, para que estos sean óptimos (es decir, con el mayor margen de beneficios posible), se persiguen mercados de clientes homogéneos. Para lograr esto último, se utiliza la persuasión mediante el marketing, y este último tiende a individualizar y fidelizar al consumidor para que use el mayor número de horas posibles comprando y consumiendo.
Esta tendencia capitalista y liberal distorsiona todos los ámbitos, tanto públicos como privados, del individuo y acaba haciendo que su única meta sea consumir.
Por consiguiente, el individuo acaba anteponiendo el consumo y la satisfacción de las necesidades creadas a ámbitos como la familia, la patria y la identidad nacional.
En conclusión, ya no nos queda nada por conservar, ya que todo ha sido, de facto, eliminado o alterado para someterlo al capricho de la ley de la oferta y la demanda.
- Libertad de circulación de individuos: esta es consecuencia de la anterior, ya que la satisfacción de estas necesidades creadas por el mercado propicia grandes desplazamientos de masas humanas. Esto genera la inmigración masiva y esta desplaza, sustituye y elimina las identidades colectivas y, de facto, las fronteras.
Consiguientemente, al ser eliminadas las identidades colectivas y las fronteras, los pueblos desaparecen y, con ellos, todo su rico acervo cultural y tradicional.
- Libertad de circulación de capitales: esta propicia que los individuos, independientemente de su renta, puedan consumir incluso con recursos económicos procedentes de préstamos y, de paso, que los propios Estados se conviertan en deudores de organismos supranacionales, lo cual los despoja de gran parte de su soberanía y libertad, tanto en el ámbito de sus finanzas como Estado como en el aspecto social.
Como consecuencia de la libertad de circulación de capitales, se alimenta la omnipotencia de las entidades de capital financiero y ello conduce, indefectiblemente, al sometimiento.

3. Principio de democracia y relatividad moral
En el momento en que se acepta el liberalismo conservador, se está aceptando que todos los principios éticos y morales pueden ser cambiados o desechados por criterios exclusivamente cuantitativos, lo que se conoce, informalmente, como «la mitad más uno».
Este último principio tiene su expresión en la partitocracia, lo que conduce, indefectiblemente, a la demagogia y, por consiguiente, relativiza absolutamente todo. Esto genera la destrucción de toda jerarquía moral y, en consecuencia, deja al capricho del momento la vigencia, o no, de los principios que supuestamente querríamos conservar.
4. Principio de alternancia
Esta visión, relativamente reciente, provoca que un líder que es repetidamente elegido por una mayoría sea visto como «antidemócrata» o incluso dictador, ya que este hecho rompe la dinámica simbiótica perfecta de primero izquierda legitimando jurídicamente, y luego derecha económicamente.
En consecuencia, cualquier desviación de la finalidad máxima de un mercado global es vista como una amenaza a la culminación del proyecto liberal supremo, el de un mundo cosmopolita, de individuos consumidores desarraigados de instituciones, valores e identidades colectivas naturales.

5. Principio de autodeterminación personal
Este principio destruye todos los lazos comunes entre el individuo y todo organismo colectivo que pueda existir. Se da carta de naturaleza a que el individuo pueda autodeterminarse, supeditando tanto la ciencia como la racionalidad a una hipotética voluntad individual.
No obstante, se hace una excepción con aquellos que se sienten miembros de su familia, de su patria, de su sexo, de la raza blanca o de la etnia europea, sea considerado legítimo.
A dichas identidades mencionadas anteriormente se las califica como supuestas construcciones sociales impuestas o, directamente, se las estigmatiza falsamente como culpables de todo tipo de males.
Por último, se culmina la tarea de ingeniería social, fomentando, visibilizando y empoderando todos aquellos elementos de presión social que ayuden a destruir las instituciones naturales del hombre y sus expresiones artísticas naturales.
Conclusión:
Analizando detalladamente todos los principios anteriormente expuestos, veremos que son indisociables tanto desde una perspectiva ortodoxa como heterodoxa del corpus doctrinario de los principios liberal-conservadores capitales y que, tanto su aplicación como sus finalidades, atentan gravemente contra la protección de los valores tradicionales, la patria, la familia, la identidad nacional de los pueblos y el bien común.
En conclusión, el Partido Popular y algunos sectores de Vox serían antitéticos a todo tipo de proyecto identitario, de una Europa Unida formada por la unión de pueblos que aspiren a conservar su carácter étnico y racial.
Guillermo Fernández González
