HACER JUSTICIA A JULIO MARTÍNEZ SANTA OLALLA, por Eduardo Núñez

Hace años me comentó Javier Nicolás que había que hacer justicia a Julio Martínez Santa Olalla por su injusto olvido. Y de ahí salió su libro “La Ahnenerbe en España (1940-1945)”, editado por Editorial EAS, un magnífico libro que efectivamente hace justicia a Julio Martínez Santa Olalla. Y la explicación de ese ostracismo es ni más ni menos que su biografía, como veremos a continuación. También veremos cómo Martínez Santa Olalla no fue un propagandista, sino que fue uno de los arqueólogos mejor preparados de su época.

El pasado día 23 de agosto fue el 121 aniversario del nacimiento del prehistoriador y arqueólogo español Julio Martínez Santa Olalla (Burgos, 23 de agosto de 1905 – Madrid, 13 de febrero de 1972).

Era hijo de un militar, el General José Martínez Herrera, que era amigo de Franco y del General Yagüe, y de Consuelo Santa-Olalla Cadiñaños. La profesión del padre motivó sucesivos cambios de residencia familiar y colegios en Ronda, Sevilla, Madrid, Ceuta, Bilbao y El Escorial. Cursó estudios universitarios en Madrid, Barcelona y Valladolid, donde terminó licenciándose en el curso 1925-26. Tuvo dos hermanos y dos hermanas, Antonio, Emilio, Consuelo y Carmen. En la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid estudió con Hugo Obermaier y en Barcelona con Pedro Bosch Gimpera, de modo que fue discípulo de Pedro Bosch Gimpera y de Hugo Obermaier, con quien realizó su tesis doctoral para convertirse en su profesor ayudante en la Universidad de Madrid.

Hugo Obermaier en Djemila (Algeria), 1930.
Bosch Gimpera en el yacimiento ibérico del Tossal Redó (Calaceite, Bajo Aragón), entorno a 1920.

En 1927 se trasladó a la Universidad de Bonn (Alemania), donde recibió y dio clases e impartió lengua y cultura españolas hasta 1931. En esta etapa de 1927 a 1931 conoció la arqueología alemana y sus modernos métodos de excavación y trabajo de campo. Durante su estancia en Alemania estudió en el Museo Central Romano-Germánico de Maguncia y conoció al arqueólogo Gustaf Kossinna, mostrando interés por su obra y sus teorías sobre los indoeuropeos, y donde conoció también el ascenso del NS.

Retrato de Kossinna con un ejemplo de cerámica excavada.

Desde Alemania empezó a colaborar en el Anuario de Prehistoria Madrileña, donde publicó recensiones de obras centroeuropeas y otros trabajos. Martínez Santa Olalla empezó a especializarse en la expansión de los pueblos germánicos a Francia y España, sobre todo de los visigodos. Tras licenciarse empezó a elaborar su tesis doctoral, titulada “Elementos para el estudio de la cultura de los talayots en Menorca”, que fue dirigida por Obermaier y realizada en Alemania y Madrid. La cultura talayótica en Menorca es una cultura prehistórica del estilo de la cultura megalítica de El Argar en Andalucía. Santa Olalla fue especializándose en la expansión de los pueblos germánicos visigodos durante el Bajo Imperio romano en la península ibérica, y en el pasado celta y visigodo de España. Su interpretación de la prehistoria española se articula en un modelo difusionista, a partir del Neolítico, desde el Mediterráneo Oriental, al que se le superpone, durante el Bronce Final y el Hierro, los pueblos de la cultura indoeuropea de campos de urnas y los celtas, hasta culminar «la completa arianización de España”.

En 1931 escribió una serie de cartas a Américo Castro en las que se mostraba muy crítico con Ramón Menéndez Pidal y Wilhelm Meyer-Lübke. Por su conflicto con estos académicos, fue forzado a dimitir. Fue profesor de Arqueología e Historia Primitiva del Hombre, Numismática y Epigrafía en la Universidad de Madrid, catedrático de Geografía de la Universidad de Madrid, catedrático de Historia del Arte, Arqueología y Numismática de la Universidad de Santiago de Compostela y catedrático de Historia Primitiva del Hombre en la Universidad de Madrid. Uno de sus alumnos fue Julio Caro Baroja, el conocido antropólogo, historiador y lingüista, sobrino de Pio Baroja. En 1932 Obermaier fundó el Seminario de Historia Primitiva del Hombre, del que Martínez de Santa-Olalla fue miembro. Obermaier se exilió con motivo de la guerra civil española. En los comienzos de la década de 1930, Julio llevó a cabo excavaciones de restos visigodos en Herrera de Pisuerga y Daganzo de Arriba. En 1934 publicó sus dos trabajos más importantes sobre la Alta Edad Media: “Esquema de la arqueología visigoda” y “Notas para un ensayo de sistematización de la arqueología visigoda en España”.

Américo Castro.

Julio Martínez Santa Olalla fue militante falangista desde que empezó la guerra civil española en julio de 1936, al igual que su hermano Antonio. El 2 de septiembre de 1936 su padre, el General José Martínez Herrera, que era amigo de Francisco Franco y del militar falangista, el General Juan Yagüe, fue detenido, pero finalmente fue liberado porque Julio Martínez Santa-Olalla pidió a Pedro Bosch Gimpera y a Carles Pi i Sunyer su intercesión. Durante la guerra, su hermano Antonio, que también era falangista, fue fusilado en 1936. Julio, por el mismo motivo de ser falangista, fue detenido en una checa. En junio de 1937 encontró refugio en la embajada francesa en Madrid. Luego fue trasladado a campos de internamiento de Port-Vendres y Ardèche, en Francia. El arqueólogo francés Henri Breuil y el arqueólogo portugués Manuel Heleno le ayudaron a regresar a España en abril de 1938, e intentó alistarse como voluntario del bando nacional en la Academia Militar del Estado Mayor en Valladolid, pero no fue admitido por tener problemas de visión. Y ya en Burgos, fue nombrado en 1938 Subsecretario del Ministerio de Educación Nacional. Allí fue preparando con el también falangista Martin Almagro Basch la creación de un equivalente español del Archäologisches Institut des Deutschen Reiches que sólo se materializó parcialmente con la creación el 9 de marzo de 1939 de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, adscrita al Ministerio de Educación Nacional, siendo nombrado Comisario General de Excavaciones. Esta institución pretendía centralizar las actividades arqueológicas en España, a semejanza del Instituto Arqueológico Alemán. Desapareció en 1955 debido a los conflictos entre Martínez de Santa-Olalla y sus colegas de profesión.

Arqueólogo y prehistoriador francés Henri Breuil.
El arqueólogo portugués Manuel Heleno.

Una de sus obras más célebres es el “Esquema paletnológico de la Península Ibérica”, que escribió en Burgos en 1938, y que fue publicada y editada en 1941, y de la que salió después una segunda edición en 1946 en Madrid publicada por el Seminario de Historia Primitiva.

De 1939 a 1945 la historiografía y el modo de pensar en España estuvo influenciado por Italia y Alemania, muy especialmente en el campo de la Historia Antigua. Por ello, a partir del año 1939, Santa Olalla intensificó los contactos con las instituciones arqueológicas del Tercer Reich e intentó crear un equivalente del Archäologisches Institut des Deutschen Reiches, que fue la ya citada Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, que controló hasta 1956 las excavaciones en España. Al marchar al exilio Hugo Obermaier, Santa Olalla aprovechó para ocupar interinamente su Cátedra de Historia Primitiva del Hombre en la Universidad de Madrid entre 1939-54, hasta que perdió su cátedra por concurso-oposición ante Martín Almagro Basch (1911-1984), arqueólogo y prehistoriador, falangista y hedillista, y padre del también arqueólogo e historiador y catedrático de Prehistoria ya jubilado Martín Almagro Gorbea, un especialista en la arqueología clásica y los celtas.

Martín Almagro entre 1950 y 1960.

Durante el primer franquismo, Martínez Santa Olalla sería uno de los máximos representantes de una reinterpretación panceltista de la prehistoria de la península ibérica. Esta invasión de los celtas habría tenido lugar según su criterio hacia el año 1.000 a. C., durante la Edad del Bronce. La idea de Santa Olalla de la «arianización de España» por los celtas estaba muy influida por la arqueología alemana y la Ahnenerbe. Trabó amistad con Wolfram Sievers, director de la Ahnenerbe (“Herencia Ancestral”), y sobre todo con Himmler, a quien admiraba y con quien mantuvo relación epistolar. La Ahnenerbe sentía gran interés por España, en especial por su arte rupestre, los visigodos, y sobre todo por la cultura antigua de las Canarias, donde confiaban encontrar testimonios de una ancestral raza aria pura de la que serían miembros los primitivos guanches. El prehistoriador de la organización, Hermann Wirth, que buscaba la Atlántida, consideraba que las islas Canarias podrían ser restos meridionales del gran continente sumergido de la Atlántida, patria de origen de los arios. Santa Olalla proporcionó mucho material documental a la Ahnenerbe.

El 21 de febrero de 1940 Martínez Santa-Olalla dio una conferencia en Roma, organizada por el Instituto de Estudios Romanos, que trataba sobre arqueología hispano-romana y a la que asistió el embajador español en Italia, Pedro García Conde. Por estas fechas también dio una charla en Radio Roma sobre las relaciones entre Hispania y Roma.

Como arqueólogo, Santa Olalla es conocido por su interpretación aria de la Prehistoria de España, y por su colaboración con el Reichsführer SS Heinrich Himmler a partir de la visita de éste a España en octubre de 1940, testimoniando la estrecha colaboración científica y metapolítica entre la Ahnenerbe y el Comisariado Español de Excavaciones. Himmler llegó a España el 19 de octubre de 1940, unos días antes de la entrevista de Franco y Hitler en Hendaya. En Madrid se alojó en el Hotel Ritz, y le invitaron a asistir a la Plaza de Toros de las Ventas para asistir a una corrida de toros que se celebraría en su honor, de la cual se sabe que salió horrorizado.

Heinrich Himmler visitó la Plaza de Toros de Las Ventas en Madrid el 20 de octubre de 1940.
Miembros de las Juventudes Hitlerianas en Las Ventas de Madrid.
Orquesta militar en Las Ventas de Madrid.

Santa Olalla acompañó a Himmler en Madrid en su visita al Museo del Prado, donde Himmler se detuvo admirado contemplando el cuadro de Velázquez de “La rendición de Breda”.  También visitó el Museo Arqueológico Nacional donde estudió con atención un mapa de las invasiones germánicas, y donde pasó más tiempo observando los objetos de las tribus celtibéricas, examinando los objetos visigóticos y charlando sobre los paralelismos entre los germanos y los antiguos pobladores de la península. También manifestó un intenso interés por conocer todo lo referente a los pueblos prerromanos hispanos, y se detuvo de manera especial ante la pieza de la Dama de Elche, que le cautivó a pesar de que vio una réplica, ya que la escultura original estaba entonces en el Museo del Louvre de Paris.  En octubre de 1940, cuando Himmler realizó su visita a España, Santa Olalla fue asignado a su séquito y le acompañó también a El Escorial, y al Alcázar de Toledo. A raíz de aquella visita, Santa Olalla recibió una invitación personal de Himmler para desplazarse a Alemania y estudiar con los jefes de la Ahnenerbe planes de colaboración. Y así, el Comisario General de Excavaciones fue recibido en el aeropuerto de Tempelhof por el propio Sievers y el Coronel de las SS Von Uslar. Santa Olalla concretó varios acuerdos en la sede de la organización NS, como la realización de un ciclo de conferencias del propio Santa Olalla en diversas ciudades alemanas, la publicación a cargo de la Ahnenerbe de un trabajo suyo sobre los godos en España y el intercambio de expertos para participar en diversas intervenciones arqueológicas. Santa Olalla hizo una interpretación de la Historia Antigua de la península ibérica bajo el prisma de lo celta, según la cual los iberos serían otras tribus celtas matizadas culturalmente por los griegos antes de ser romanizados. En 1941, Martínez Santa Olalla defendió esta postura en su obra ya mencionada «Esquema paletnológico de la península hispánica» (La paletnología es la arqueología prehistórica). Ese año, 1941, fue además el año de la vuelta a España de la Dama de Elche, que se encontraba entonces en el Museo del Louvre de Paris. Heinrich Himmler no intervino directamente en las negociaciones diplomáticas para la devolución de la Dama de Elche, las cuales se formalizaron mediante un acuerdo de intercambio de obras de arte entre los gobiernos de España y la Francia de Vichy en diciembre de 1940, en virtud del cual la Dama de Elche retornó a España el 8 de febrero de 1941.

El jefe de las SS, Heinrich Himmler, contempla la Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Martínez Santa Olalla realizando una explicación a Himmler durante su visita a España.

La primera gran colaboración entre la Comisaría General de Excavaciones y la Ahnenerbe fue la intervención en la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia), para la que el ministro-secretario general de FET, José Luis Arrese, cursó en julio de 1941 una invitación especial a Himmler y a Sievers, «para demostrar la camaradería de falangistas y nacionalsocialistas en el terreno científico, y de manera especial en el estudio de nuestros comunes problemas culturales y raciales». A partir de 1941, el Seminario de Historia Primitiva del Hombre, dirigido por Julio Martinez Santa Olalla, efectuó dos campañas arqueológicas en la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia). La necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia) había sido descubierta en la segunda década del siglo XX, al hacer los trabajos de construcción de una carretera comarcal en el noreste de la provincia de Segovia. En 1932 se iniciaron las excavaciones oficiales dirigidas por los conservadores del Museo Arqueológico Nacional, Emilio Camps y Joaquin M. Navascués. Y en 1941, las intervenciones dirigidas por Santa Olalla suman casi el millar de sepulturas. La necrópolis de Castiltierra es, por tanto, una de las más extensas de las excavadas en la península ibérica. Los ajuares más numerosos son los fechados en el siglo VI aunque no escasean los pertenecientes a la segunda mitad del siglo V y los de la primera del siglo VII.

Entre 1941 y 1946, Santa Olalla orientó su investigación hacia Marruecos y el Sáhara de acuerdo con los intereses del gobierno de Franco durante la Segunda Guerra Mundial, hasta que la victoria aliada aconsejó al Ministerio de Asuntos Exteriores retirarle su apoyo entre 1946 y 1949 aunque también fue por su mala relación con el Marqués de Lozoya, Director General de Bellas Artes, así como con otros arqueólogos españoles.

Así, en 1941 Santa Olalla publicó en la revista “Atlantis”, de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, un estudio sobre grabados rupestres en el Sahara Occidental. En 1944 publicaría en Acta Arqueológica Hispánica su trabajo “El Sahara español ante-islámico. Algunos resultados de la primera expedición paleoetnológica al Sahara (julio-septiembre de 1943)”. Entonces sus excavaciones se orientaron hacia el Calcolítico y Bronce del sureste de la península ibérica, y finalmente al Paleolítico de la Cordillera Cantábrica, si bien sus resultados generalmente no se publicaron.

Santa-olalla durante su expedición Paletnológica al Sahara español.

Es preciso decir que a partir de 1946, los acontecimientos políticos obligaron a España a aislarse en el contexto europeo y mundial, y de ahí que la propaganda oficial empezara entonces a definir la “esencia de lo hispano” como algo diferente y diferenciado –el famoso “Spain is different”–, e incluso opuesto a la naturaleza de los demás pueblos europeos, no limitándose a diferencias políticas e ideológicas, sino que se quiso “arrastrar” hasta el más remoto pasado y se justificaron esas diferencias porque esencialmente los españoles no estaban relacionados con el resto de Europa al ser los iberos un pueblo con origen en el norte de África y con características muy definidas que serían las que en aquel momento definían lo “español”. Desgraciada postura anticientífica que caló profundamente en el imaginario colectivo español. Este prejuicio que aún hoy se mantiene entre mucha gente que se autodefine como patriota española procede, como vemos, de la segunda fase del franquismo, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y la historiografía de la época la usó para afianzar la idea, entonces tan querida, de que España era diferente de Europa, y que esta diferencia no sería algo coyuntural sino esencial, al ser nuestro origen diferente al del resto de los europeos. Este prejuicio, que podríamos llamar “iberitis”, define la formación de la “identidad española” ya por los primeros pobladores de España, que fueron los iberos, venidos del norte de África según la hipótesis del “afroiberismo”, que al fusionarse luego con los celtas darían lugar a los celtiberos, como quintaesencia afro-europea del español, un mestizaje que será el protagonista de toda la historia patria hasta el presente. Todavía hoy leemos a los autores y defensores de la estúpida “leyenda rosa” decir que “Hispanidad es mestizaje”. Pues bien, esta idea es totalmente falsa, pues nunca hubo durante la Antigüedad ningún pueblo venido del norte de África a la península ibérica, y menos aún que pusiese las bases de la formación étnica de los pueblos peninsulares. Es más, los iberos “no vienen” de ninguna parte, ni siquiera son un pueblo definido como tal, la cultura ibera es simplemente un momento cultural (horizonte arqueológico) que desde un momento determinado, y por causas e influencias muy concretas, pasó a definir las manifestaciones artístico-culturales de pueblos autóctonos de origen neolítico fusionados con pueblos de origen pre-celta del centro de Europa que protagonizaron lo que se conoce como la cultura de los Campos de Urnas.

Ya a partir de 1960, se revalorizó lo ibero como entidad propia, demostrando la inverosimilitud de su origen norteafricano. Hasta entonces, y aún hoy hay quien lo sigue diciendo, se pensaba que los iberos constituían un grupo antropológicamente homogéneo que, proveniente del norte de África, se asentó en el Levante español. Esta hipótesis nord-africanista del “afroiberismo” que, lamentablemente no ha logrado ser borrada del acervo popular, no tiene hoy ningún defensor académico, y fue ya desmontada por Domingo Fletcher Valls, en su obra “Els ibers”, quien refiriéndose al origen norteafricano de los iberos, dijo: “Los actuales estudios del periodo neolítico español no postulan dicha llegada nord-africana en aquel momento, y por tal motivo, esta hipótesis está en crisis”. Domingo Fletcher Valls (1912-1995) fue un arqueólogo español, dedicado al estudio de las culturas prehistóricas, y fue durante tres décadas director del Servicio de Investigación Prehistórica de Valencia.

Domingo Fletcher Valls.

Por tanto, ya desde 1960 se considera a los iberos como una evolución propia y típica de los pueblos del Levante español en tiempos proto-históricos. Y se habla de formación, no de origen. La tesis aceptada por los historiadores y arqueólogos actuales es que el fenómeno de la cultura ibérica afecta a poblaciones de sustratos diferentes (mediterráneos, y Campos de Urnas) abiertos a influjos griegos, concretamente de los griegos masaliotas de Ampurias. Así, encontramos en el horizonte cultural ibérico formas artísticas propias y típicas, fuertemente influenciadas por la iconografía griega, de la que un claro ejemplo es la Dama de Elche.  Añadir a lo dicho anteriormente que actualmente el término celtíbero no se utiliza para designar a la supuesta fusión de celtas e iberos, sino que, acorde con las fuentes romanas, es el nombre que engloba a las tribus celtas del valle del Ebro.

Y respecto a esa idea de que “Hispanidad es mestizaje”, recordarles a los “hispanchistas” y falsarios de la “leyenda rosa” lo que fue la construcción racista de la América española como una “pigmentocracia” en una sociedad de castas, y recordar también que la limpieza de sangre y de raza ha sido una seña de identidad de la tradición española, pues durante toda la Edad Media y hasta bien entrada la Edad Moderna, en España se exigían pruebas de limpieza de sangre para poder ser miembro de órdenes militares y religiosas.

Julio Martínez Santa-Olalla.

Aun así, después del final de la Segunda Guerra Mundial, entre el 18 y el 20 de agosto de 1952, Santa Olalla organizó en Segovia una Comisión Internacional para el Estudio de los Pueblos Germánicos en la Época de las Invasiones. El evento incluyó visitas a las necrópolis visigodas de Madrona y Castiltierra (Segovia).

Fue Santa Olalla el primer director y fundador del Instituto Arqueológico Municipal de Madrid. Y fue también el primer excavador científico del enclave arqueológico de Carteia, un importante yacimiento histórico de época romana situado en San Roque, Cádiz, en la bahía de Algeciras, que en el año 171 a.C. se convirtió en la primera colonia latina establecida fuera de Italia (Colonia Libertinorum Carteia), pasando después por manos visigodas y bizantinas. A Santa Olalla se debe el descubrimiento arqueológico de Carteia (1953-1961).

Carteia, excavaciones en 1958.

Entre 1955 y 1957 fue catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. Posteriormente, fue catedrático de Prehistoria y Etnología en la Universidad de Valencia hasta 1969. Luego pasó a ser profesor en la Universidad Complutense de Madrid.

Coincidiendo con la etapa de protestas y disturbios que afectaron a las universidades españolas en los primeros meses de 1972, y según la nota oficial que hizo pública la Universidad, el día 8 de febrero de 1972 «por la mañana, haciendo un esfuerzo, acudió a la [Facultad de Filosofía y Letras] y fue objeto de una contestación por un grupo activista. Esto le produjo tan viva impresión que allí mismo tuvo un infarto de miocardio seguido de parálisis cardíaca, y fue ingresado en gravísimo estado en la Clínica de la Concepción», a causa del cual falleció el día 12 de febrero de 1972.

La colección de piezas, documentos y biblioteca de Julio Martínez Santa Olalla ingresó en el Museo Arqueológico Nacional en 1973, al año siguiente de su muerte, por compra del Estado español a sus hermanos después del fallecimiento de Julio. Entre todo ello se encontraba un importante fondo fotográfico producto de su trabajo, sus diferentes cargos y relaciones profesionales, así como de sus investigaciones y excavaciones arqueológicas como los fondos documentales pertenecientes a los yacimientos de La Bastida y al Campico de Lébor.

Julio Martínez Santa-Olalla.

Las investigaciones genéticas recientes que muestran el alto componente indoeuropeo que tienen los españoles dan la razón a Santa Olalla. Estos descubrimientos parecieran ser consistentes con investigaciones en otros campos científicos, como en los de la arqueología, y encuentran en la prehistoria de España estudiada por Julio Martínez Santa Olalla las explicaciones arqueológicas de la difusión indoeuropea en la península ibérica.

Julio Martínez Santa Olalla, pese a haber sido falangista desde el comienzo de la guerra civil española, nunca ha tenido no ya un homenaje, ni siquiera un reconocimiento por parte de ninguna organización falangista después de su muerte, y por eso era necesario hacer justicia a Julio Martínez Santa Olalla.

Eduardo Núñez

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