Este 24 de julio se cumplen 90 años de la muerte de Onésimo Redondo
Onésimo Redondo Ortega nació en Quintanilla de Abajo, Valladolid, el 16 de febrero de 1905 en el seno de una familia de pequeños propietarios agrarios, hijo de Buenaventura Redondo Iglesias y de Juana Ortega Pico. Cursó el Bachillerato en el colegio vallisoletano de Nuestra Señora de Lourdes. Obtuvo por oposición una plaza de administrativo en la Delegación de Hacienda de Salamanca, y en la universidad de esa ciudad cursó estudios de Derecho, licenciándose en 1926. Tras terminar sus estudios universitarios, se trasladó de nuevo a Valladolid para preparar la oposición al cuerpo de Abogados del Estado, a la que se presentó al año siguiente, en 1927, aunque sin éxito. Ese año, en 1927, gracias a la mediación de ángel Herrera Horia, director del periódico católico “El Debate”, obtuvo una plaza como lector de español en la Universidad de Manheim, en Alemania. Es seguro que esa estancia en Alemania tuviese importancia e influyese mucho en su futuro pensamiento político, ya que por entonces el NSDAP estaba experimentando un fuerte crecimiento. En octubre de 1928 regresó a España.
Inició su carrera política como sindicalista, siendo líder del Sindicato de Cultivadores de la Remolacha de Castilla la Vieja, o «sindicato remolachero». En 1929 cumplió su servicio militar en Valladolid. Durante esta época conoció a Mercedes Sanz Bachiller, con la que contrajo matrimonio el 11 de febrero de 1931.
Inicialmente vinculado al movimiento de Acción Católica, se distanció de esta organización, por considerarla anclada en el liberalismo burgués. Tras la proclamación de la Segunda República, fundó en agosto de 1931, una organización política de carácter castellanista denominada Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH), que después se uniría al grupo formado entorno al semanario “La conquista del Estado” dirigido por Ramiro Ledesma Ramos. Aunque ambos proclamaban el ideal de “reincorporar el pueblo a lo nacional”, y eran opuestos al materialismo, a la decadencia y a la burguesía, había diferencias de énfasis entre ellos. Las consignas de Ramiro Ledesma eran, en cierto modo, más puramente abstractas, pero más claramente revolucionarias en lo estatal y en lo económico, y completamente seculares. El grupo de Ónesimo Redondo en Valladolid estaba menos interesado en el Estado (quizá como un reflejo de sus orígenes católicos), era vehementemente antijudío y más categórico en su llamada a la revolución armada. Aunque sus Juntas Castellanas de Actuación Hispánica están consideradas como una formación fascista, contenían cierta influencia del tradicionalismo católico castellano, en contraste con una línea más puramente fascista del grupo de “La conquista del Estado” estructurado en torno a Ramiro Ledesma. Se le ha encuadrado también a Onésimo en un «fascismo agrario» y un «tradicionalismo mendezpelayista » —no en vano el propio Onésimo Redondo llegó a considerar al polígrafo santanderino Menéndez Pelayo como el padre del «patriotismo español»—. Se caracterizó también por su antijudaismo llegando a identificar a Hitler como una suerte de adalid de la cristiandad, negando en su publicación “Libertad” que la ideología nacionalsocialista fuera anticristiana.
En junio de 1931, Onésimo había fundado el semanario ya mencionado, que sería el principal órgano de expresión de su movimiento, “Libertad” en el que firmó varias soflamas contra el marxismo, el judaísmo, y el capitalismo burgués, y expresó su admiración por los regímenes fascistas europeos. Así, Onésimo Redondo escribió en su periódico “Libertad” lo siguiente: “Cuánta es la distancia entre esta senil fertilidad que agitan las falsas democracias como la nuestra y las ideas jóvenes vigentes en el mundo para regenerar las naciones y rehabilitar a algunas razas en el cumplimiento de su destino histórico” (“Libertad” num. 2, 20/06/1931).

En noviembre de ese mismo año 1931, su organización se fundió con la que lideraba Ramiro Ledesma, entorno al semanario “La conquista del Estado”, y como resultado de esta fusión fundaron las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS), que adoptaron como emblema el yugo y las flechas de los Reyes Católicos, y cuya ideología, el nacionalsindicalismo, se ha llegado a considerar como una primigenia expresión del fascismo español. Las JONS, cuyos estatutos se aprobaron oficialmente el 30 de noviembre de 1931, estaban dirigidas por un triunvirato central, formado por Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma y Francisco Jiménez (éste último más adelante sustituido por Antonio Bermúdez Cañete).
El objetivo de esta nueva organización política era la creación de un Estado sindicalista de carácter totalitario. Como método de acción, propugnaban la acción directa y rechazaban el sistema electoral, por considerarlo «liberal-burgués» y corrupto. Aunque Onésimo Redondo había sido antes, en su época de Acción Católica, partidario de la monarquía, en 1931 ya no se oponía a la república como forma del Estado. Por esas fechas, Onésimo Redondo publicó una traducción comentada del famoso documento “Los protocolos de los sabios de Sión”. El fue el primero en denunciar el poder judío y en difundir en España “Los protocolos de los Sabios de Sion” de los que hizo una edición comentada: Protocolos de los Sabios de Sion. Valladolid, Ediciones Libertad, 1932. En este sentido, posiblemente haya sido Onésimo Redondo el más importante político de este siglo en relación con el problema judío. Sobre la cuestión judía sus opiniones eran muy claras al respecto.
En 1932 tomó parte en la fracasada sublevación del General Sanjurjo. Para evitar ser detenido, cruzó la frontera y se exilió en Portugal, primero en Curia, y luego en Porto. Desde el exilio impulsó la publicación de un nuevo semanario, “Igualdad”, que apareció el 14 de noviembre de 1932 y al que Onésimo Redondo envió, desde su exilio portugués, numerosos artículos políticos.
En abril de 1933 creó, junto con Ramiro Ledesma, una nueva revista doctrinal, “J.O.N.S.”, como órgano de dicha organización. En octubre de1933 regresó a España y volvió a instalarse en Valladolid. Decidió presentarse candidato a las elecciones legislativas del 19 de noviembre de 1933; pero a última hora retiró su candidatura para evitar perjudicar a la CEDA. Un error político, sin duda.

Las JONS se fusionarían, a su vez, con Falange Española, encabezada por José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda en 1934, constituyendo la Falange Española de las JONS, organización que se presentó públicamente en un acto en el Teatro Calderón de Valladolid el 4 de marzo de 1934. El nuevo partido, FE de las JONS, quedó bajo la dirección de un triunvirato formado por José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma Ramos y Julio Ruiz de Alda, con lo cual Onésimo Redondo pasó a un segundo plano, aunque siguió siendo una persona muy importante dentro de la Falange. Cuando en enero de 1935 Ramiro Ledesma Ramos se separó del nuevo partido, Onésimo Redondo optó, sin embargo, por permanecer en Falange. En la reunión escisionista Onésimo era partidario de la ruptura, llegando a firmar el comunicado de prensa de la escisión, pero al informar de ello a su grupo de Valladolid, viendo que no sería secundado por los suyos, optó por seguir en Falange.
Respecto a lo que opinaba Onésimo Redondo sobre el nacionalsocialismo tiene un articulo titulado “Nuestra aversión” en el que habla específicamente de ello. Como católico, Onésimo siente aversión al paganismo y en el articulo menciona a Alfred Rosenberg como representante de esa línea pagana que él no comparte. Sin embargo, en el mismo articulo habla de entusiasmo hacia el hitlerismo. Y dice textualmente lo siguiente: “Por estimar que la salvadora revolución alemana del nacionalsocialismo es muy superior en contenido y fines al racismo propiamente dicho, es por lo que creemos en la dignidad y el mérito ante la civilización y el mundo cristiano de esa revolución. No es pequeño servicio a la cultura occidental el haber resucitado la unidad alemana, hundiendo en el centro de Europa el avance fatídico de la barbarie roja” (“Libertad”, 28/01/1935).
El 19 de marzo de 1936, Onésimo fue detenido en Valladolid. Durante su reclusión permaneció en contacto epistolar con el líder de su partido, José Antonio, también encarcelado desde el 14 de marzo de 1936. El 25 de junio, Onésimo fue trasladado a la cárcel de Avila, de la que fue liberado la madrugada del 19 de julio por los militares sublevados al iniciarse el alzamiento y la guerra civil española. Se dirigió Onésimo a Valladolid, donde formó y dirigió durante los días siguientes a sus camaradas. El 19 de julio de 1936, recaía sobre Onésimo Redondo una enorme responsabilidad, al seguir la mayor parte de la cúpula directiva de Falange en la cárcel, Onésimo se convertía de hecho en el máximo dirigente en libertad. Un compromiso frente al cual no se inmutó, permaneciendo al mando de un grupo que tan sólo cumplía con las órdenes que provenían desde la encarcelada cúpula de Falange Española de las JONS.
En un discurso radiofónico emitido en el local donde se ubicaba la sede de la radio local (EAJ-47 Valladolid), a las diez de la noche del 19 de julio de 1936, solo un día después del triunfo del golpe en Valladolid, certificó la colaboración entre la Falange y el Ejército, informando sobre la situación política creada tras el alzamiento militar. En dicha alocución dijo, entre otras cosas:
“Estamos entregados totalmente a la guerra y ya no habrá paz mientras el triunfo no sea completo. Para nosotros todo reparo y todo freno está desechado. Ya no hay parientes. Ya no hay hijos, ni esposa, ni padres, sólo está la Patria”…
…“Y al lado del Ejército -¡anotadlo todos!-, anótenlo sobre todo los que alimentan la esperanza de resurgir, está Falange Española de las JONS. Estas camisas que se han ofrecido por millares, albergan pechos que ya no se retirarán sino con el triunfo o con la muerte. Estamos entregados totalmente a la guerra y ya no habrá paz mientras el triunfo no sea totalmente completo”.

En esa misma alocución dijo también: “En este sentido España debe proletarizarse. Debe ser pueblo de ancha prole, que se multiplique en honor de la raza y en cumplimiento de sus altos destinos”.
Esta alocución desde Radio Valladolid fue publicada al día siguiente en “El Norte de Castilla”, el 20 de julio de 1936.
Posteriormente, se puso a la cabeza de un grupo armado de falangistas que marchó hacia Madrid y combatió en el Alto del León.
El 24 de julio, último día de su vida, primero de descanso en sus cinco años de lucha, fiel a su preocupación, se levantó pronto Onésimo Redondo. Antes, entre un sin fin de gente que en su casa entraba y salía a pedirle órdenes, escribió estas líneas postreras, dirigidas, como tantas en su vida a los labradores de Castilla y León:
«A TODA LA TIERRA DE CASTILLA Y LEON: 24 julio 1936.
La Patria resucita, como siempre se crearon los Imperios: entre el ruido victorioso de las armas. Castilla asiste con júbilo frenético a esta explosión inesperada de grandeza y de justicia. Sentimos que el ser de la España envejecida se renueva con su mejor estilo: España se hizo combatiendo y pisando a la barbarie, con Castilla como región Capitana. Esos puertos de Guadarrama que se estremecen con el avance duro de los infantes y artilleros castellanos, lanzan sobre Madrid el aviso histórico de que su perversión y sus errores van a terminar. Redimiremos a Madrid de sus enemigos de dentro y a nuestra tierra de una pesadilla antigua. Ya no será Madrid la ciudad incomprensiva y alejada de los intereses de Castilla. LABRADORES CASTELLANOS, en estos días se ventila y se asegura vuestro porvenir. El Ejército y la Falange luchan por vosotros. Asistidnos con vuestro tesón y vuestra fe. ¡Arriba España! J. O. N-S. DE VALLADOLID»
Ese mismo día, Onésimo Redondo, junto con su hermano Andrés, Eduardo Martin Alonso Calero, Jesús Salcedo, y un falangista de su escolta, Agustín Sastre, llegó en su automóvil Ford al pueblo segoviano de Labajos. Su hermano Andrés declaró por la radio después lo sucedido sobre la muerte de su hermano Onésimo:
“Ese dia, el 24 de Julio, cuando Onésimo regresaba de nuevo hacia la primera posición de fuego en el Puerto de la Sierra de Guadarrama, para alentar con su presencia a los bravos combatientes, en el pueblo segoviano de Labajos, halló la muerte en acto de servicio al encontrarse accidentalmente con un grupo de milicianos de la FAI de la Columna Manglada que merodeaba entre líneas y estaban repostando gasolina en la camioneta que los transportaba, al ser confundidos los milicianos con combatientes falangistas por los colores rojo y negro de sus divisas. Al día siguiente de su muerte, el féretro fue trasladado en un carruaje tirado por seis caballos blancos. Encabezaba la procesión un pelotón de falangistas, seguido de una banda militar y muchachas con enormes coronas de flores… Tras la ceremonia, una multitud emocionada eligió por aclamación popular al hermano de Onésimo, Andrés, para el cargo de jefe territorial de la Falange en León y Castilla la Vieja”.
El 25 de julio se celebró en la catedral de Valladolid una misa de réquiem, con la pompa que normalmente se reserva a los héroes nacionales. El féretro, cubierto con la bandera rojigualda, fue trasladado en un carruaje tirado por seis caballos blancos. Encabezaba la procesión un pelotón falangista, seguido de una banda militar y muchachas con enormes coronas de flores. Según Francisco de Cossío, que presenció el funeral, se respiraba en el ambiente la sed de una venganza inmediata. Tras la ceremonia, una multitud emocionada eligió por aclamación popular al hermano de Onésimo, Andrés, para el cargo de jefe territorial de la Falange en León y Castilla la Vieja.
En el lugar de su muerte, en Labajos, existe un monumento conmemorativo en las afueras, en el que cada año se le hace una ofrenda floral. El lugar de su muerte está marcado con una pequeña lápida en una de las calles externas del pueblo. A título póstumo, le fue concedido el título de Conde de Labajos.
La viuda de Onésimo Redondo, Mercedes Sanz-Bachiller, sería la fundadora en octubre de 1936 del Auxilio de Invierno (después llamado Auxilio Social), organización benéfica integrada en la Falange y fuertemente inspirada en Winterhilfswerk NS alemán, que alcanzó una gran relevancia. Existió cierta rivalidad entre el Auxilio Social y la Sección Femenina, dirigida por la hermana de José Antonio, Pilar Primo de Rivera.

En julio de 1941, según lo dispuesto por el BOE, el pueblo natal de Onésimo Redondo, Quintanilla de Abajo, pasó a denominarse oficialmente «Quintanilla de Onésimo». La petición para el cambio de nombre fue promovida por la Falange local de Valladolid, en homenaje a la figura de Onésimo Redondo por considerarlo «mártir» y «colaborador preclaro de José Antonio en las tareas fundacionales de Falange».
El 25 de julio de 1961 se inauguró en el cerro de San Cristóbal de Valladolid un monumento a Onésimo Redondo, que posteriormente fue demolido, en cumplimiento de la infame Ley de memoria histórica, el 2 de febrero de 2016.

Onésimo Redondo ha quedado para siempre como una figura incomparable del nacionalsindicalismo español y un ejemplo de lucha por la Tradición y la justicia social. Contrario al liberalismo y al marxismo, creyó siempre en la existencia de una tercera vía, que en España se llamó nacionalsindicalismo, habiendo sacrificado su vida por ello.
Eduardo Núñez
