«NUESTRA REVOLUCIÓN», LA ÚLTIMA INICIATIVA DE RAMIRO LEDESMA, por Eduardo Núñez

Este 11 de julio se cumplen 90 años de la salida del primer y único número del semanario político-social Nuestra Revolución.

Ramiro Ledesma Ramos se había iniciado en el periodismo tras unas breves incursiones literarias en su juventud, de la mano de dos grandes maestros: Ernesto Giménez Caballero, que le ofreció colaborar en “La gaceta literaria”, y José Ortega y Gasset que le introdujo en “La revista de Occidente”.

El señoritismo y el carácter reaccionario y antimoderno de la Falange decepcionó a Ledesma Ramos, llegando a definir a José Antonio como un “señorito de derechas con mentalidad feudal”. Estas diferencias se concretarán en la ruptura y salida de Ledesma del partido y en un nuevo planteamiento que perseguirá la ampliación del movimiento a las clases populares españolas. Tras su ruptura con la Falange por desavenencias con José Antonio en enero de 1935, creó el semanario La Patria libre, del que salieron siete números entre febrero y marzo de 1935, y seguidamente ese mismo año 1935, fundó en Barcelona junto con José María Poblador, el Partido Español Nacional Sindicalista (PENS), partido que, en la primavera de 1936, se reintegraría de nuevo en la Falange de Barcelona. Y ese mismo año, en noviembre de 1935 editó dos libros fundamentales para cualquier militante nacional-revolucionario: “Discurso a las juventudes de España” y “¿Fascismo en España?”. A pesar de los años transcurridos, estos dos libros de Ramiro Ledesma son, como digo, de lectura obligada para cualquier militante NR. En el segundo de ellos, dice que el fascismo “es una dimensión esencial de nuestra época”.

Ernesto Giménez Caballero

Por entonces, Ramiro Ledesma alquiló un local en la calle Principe, 14, junto al Teatro de la Comedia, donde en 1933 había pronunciado Jose Antonio el discurso que daría lugar a su presentación política y a la siguiente fundación de Falange Española. Este local fue asaltado por falangistas, y lo tuvo que dejar Ramiro y trasladarse a la calle Amaniel para ubicar la redacción del semanario de La Patria libre en 1935.

Sin embargo, Ramiro Ledesma volvió en 1936 a alquilar ese local para la redacción y administración del que sería su última iniciativa periodística: el semanario Nuestra Revolución, en la calle Principe, 14. 1º Dcha de Madrid, junto al Teatro de la Comedia.

Nuestra Revolución fue un semanario editado y dirigido por Ramiro Ledesma Ramos. Sólo pudo publicar un número que salió en Madrid el 11 de julio de 1936, de seis páginas. En realidad, debió haber salido una semana antes, pero se retrasó una semana debido a la resistencia de los imprenteros del taller gráfico “El Financiero”.

En la presentación del semanario, en el artículo de cabecera “A los lectores de NUESTRA REVOLUCIÓN” se dice la siguiente frase, que era toda una declaración de intenciones: “Por la continuidad de nuestra nación. Por los intereses de todo el pueblo y contra sus enemigos”.

Ramiro Ledesma Ramos

En el semanario dice: “La idea de nación, si bien se mira, es una idea revolucionaria”. Se trataba, por tanto, de un intento final de articular un proyecto político propio con un propósito patriota y revolucionario, y en medio de un contexto muy difícil, mostrando a Ledesma como el intelectual que era en un momento pre-revolucionario o ya revolucionario y límite de polarización y violencia. Además de los textos de Ledesma analizando la cuestión social en su país y exhortando a la rebelión, hubo otros artículos sobre política nacional e internacional firmados por José María Cordero, Ignacio Luengo, Emiliano Aguado y Raúl Carballal, entre otros.

Libro de Ediciones Nueva Republica que trata Nuestra Revolución.

Veamos quiénes acompañaron a Ramiro Ledesma en la redacción de este número único del semanario Nuestra Revolución:

Raúl Carballal —que actuará como redactor-jefe, después de haber participado un año atrás en 1935 en el semanario La Patria Libre— Ignacio Luengo, Emilio Gutiérrez Palma – de la JONS vallisoletana, quien abrió las intervenciones en el acto de proclamación de la fusión de JONS y F.E. celebrado en Valladolid el 4 de marzo de 1934 -, José María Cordero – ayudante de cátedra de Derecho Internacional Público en la Universidad madrileña, es el autor del extenso artículo del semanario en la primera página sobre política internacional firmado con el seudónimo “Urcitanus” titulado «España en el mundo. Pulso Internacional» -, Francisco Guillén Salaya – literato vanguardista devenido en periodista prolífico, presidente del Sindicato de Papel, Prensa y Artes Gráficas, así como procurador en Cortes -, y Emiliano Aguado – jonsista de la primera hora, redactor de “Época” y colaborador de “Acción Española”, a quien se puede atribuir el artículo en el semanario firmado con las siglas E.A. “Precisiones. El Estado transitorio”.

A estos hay que sumar un dibujante, el burgalés José Luis Dávila de Arizcun – quien décadas después fue redactor de “Informaciones” y de “La Hoja del Lunes” de Madrid, firmando sus trabajos como ‘Dávila’ y ‘Pepe Luis’ -, amén de Enrique Compte Azcuaga, administrador de todas las empresas periodísticas de Ledesma.

En total ocho. Ese fue su equipo de redacción y sus más fieles camaradas.

Una curiosidad: Según la siguiente referencia, los “nazis” en España trataron de proporcionarle publicidad aunque el único número de Nuestra Revolución no incluyó ni un solo anuncio. La referencia es la siguiente: F. OLAYA MORALES, “La comedia de la no-intervención en la Guerra Civil española”, Madrid: G. Del Toro, 1976, p. 45: «[…] el ‘Frente del Trabajo Alemán’, de la capital, le dio una carta de presentación. Estaba dirigida a los comerciantes alemanes, invitándolos a que le ayudaran o le dieran toda su publicidad, y se afirmaba: ‘Este periódico pondrá obstáculos a la destructiva influencia del capital inglés en España. Desacreditará al capitalismo inglés en la península, a favor del comercio nazi’.»

Sin embargo, y a pesar de la ausencia de anuncios publicitarios en el semanario, dos hechos en el semanario apoyarían esa referencia: Uno es la postura del semanario Nuestra Revolución a favor de que los atletas españoles participaran en los Juegos Olímpicos de Berlín en agosto de 1936, lo que equivale a su apoyo cuando en España se organizaron en Barcelona unas Olimpiadas populares en contra de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Y el otro es un extenso articulo de Ramiro Ledesma en Nuestra Revolución titulado “El capitalismo extranjero en España. Un ejemplo sangrante: Riotinto”, interesantísimo estudio con muchos datos sobre las minas de cobre de Riotinto en Huelva y la empresa colonial británica que las explotaba. Este extenso articulo de denuncia a esa empresa colonial británica unido al apoyo a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 en el semanario Nuestra Revolución apoyarían esa referencia de F. Olaya Morales.

Por cierto, y entre paréntesis, sobre la historia de las minas de Riotinto hace años se hizo una magnifica película española sobre ese tema titulada “El corazón de la tierra”. Esta película es del año 2007 dirigida por Antonio Cuadri, y es la adaptación de la novela homónima de Juan Cobos Wilkins. Totalmente recomendable verla.

“El corazón de la tierra” de Antonio Cuadri

Y con respecto a las Olimpiadas, escribe sobre ello en el semanario en el artículo «Deportes: Orientaciones deportivas. La Olimpiada popular. Notas breves» donde resalta el valor didáctico de los ejercicios deportivos, «imprescindibles para conseguir la educación de la juventud en un ambiente de salud, tanto física como moral, y de fortaleza». Y, como entonces, era un tema de actualidad, se ocupa el redactor del conflicto surgido ante la entonces próxima celebración de los Juegos Olímpicos en Berlín —que habrían de ser, como temían sus detractores, escaparate internacional del régimen nacionalsocialista alemán— y la organización por la Confederación Nacional de las Federaciones de Clubs Deportivos Obreros de la Olimpiada Popular en Barcelona, cuyas competiciones estaban programadas para los últimos días de aquel mes de julio de 1936. El caso es que el semanario Nuestra Revolución se manifiesta en contra de las propuestas de que los deportistas españoles no acudiesen a la capital del Reich —mientras el gobierno francés del Frente Popular establecía una partida de un millón de francos para que participaran en el evento—, a lo que propone Nuestra Revolución que la concentración barcelonesa sea útil a las federaciones deportivas para la selección de los integrantes de la delegación española en Berlín.

Seguramente, también obtuviera Ramiro alguna ayuda económica nuevamente de monárquicos vascos como Antonio Goicoechea, amigo suyo y de José Antonio, pero sin condicionarle en nada.

Antonio Goicoechea Cosculluela.

Ledesma creó el semanario Nuestra Revolución con la intención de convertirlo en un canal para comunicar sus ideas: ante la crisis social que atravesaba España, sostenía que era necesario desencadenar una revolución nacional protagonizada por las masas. Hay una crítica al sistema republicano, una propuesta de reorganización nacional, visión del Estado y del trabajo, y apelación a la movilización. Se estudian también los elementos doctrinales, el tono propagandístico y la dimensión estratégica de la iniciativa que permite analizar la relación entre ideología y estrategia, la construcción del discurso revolucionario nacional y la competencia entre movimientos. Para ello él juzgaba necesario seducir a los disidentes de la CNT quienes comandaban a un sector del proletariado urbano que podía organizarse para combatir a la colonización capitalista, y por ese motivo también intentó ganarse el apoyo de los comunistas disidentes que desoían las directivas de la Komintern.

Muy interesante el articulo dedicado a la CNT: «Ante la realidad nacional. Las fuerzas motrices de la transformación española: la C.N.T.».

En el semanario lanza ideas muy interesantes. Por ejemplo, sobre las “fuerzas nacionales” que en aquel momento convocaba el diario madrileño “Informaciones”, dice Ledesma lo siguiente: “…Hasta en el nacionalismo triunfante en algunos países, como Italia y Alemania, tras los que sin duda se le van los ojos a “Informaciones”, operan fuerzas y razones muy de acuerdo con lo que venimos expresando en esta nota. Lo primero que se vieron obligados a hacer consistió en romper, junto al cerco marxista, el cerco de los grupos esos que invoca y convoca el diario madrileño “Informaciones”.
Sobre las huelgas dice Ledesma en este semanario: “Unos países, mejor o peor, han resuelto el problema y ensayan transformaciones que neutralicen la realidad de la crisis. De un modo o de otro. Así, los países fascistas y la URSS donde, por tanto, no hay huelgas ni conflictos de este tipo”.

Y hace una propuesta de reorganización nacional comentando los estatutos de autonomía de Castilla y de Galicia, que en aquel momento se estaban planteando, y a los que él se opone, pero lanza una frase audaz al respecto: “Para eso, mejor que un Estatuto aquí y otro allá, sería evolucionar a una estructura federal del Estado”.

El líder nacionalsindicalista había comenzado a preparar el segundo número de Nuestra Revolución cuando le llegó la noticia de que José Calvo Sotelo había sido asesinado el 13 de julio de 1936. A partir de ese momento entendió que se avecinaba un conflicto de gran envergadura, por lo que desistió de la idea de continuar con la iniciativa. El segundo número debía haber salido el 18 de julio de 1936, y obviamente en Madrid eso era ya imposible.

José Calvo Sotelo.

El historiador Rafael Ibáñez Hernández describe perfectamente esta última iniciativa periodística de Ramiro Ledesma en los siguientes párrafos:

«La lectura de este periódico nos descubre un Ledesma más sosegado en la emisión de su mensaje que el joven agitador de La Conquista del Estado, hasta el punto de que en las páginas de Nuestra Revolución ni siquiera se plantea el carácter del Estado que propugna. ¿Supone esto una claudicación de las iniciales posturas? El ideario expuesto en sus momentos inaugurales resultaba aún elemental, carecía del perfeccionamiento que sólo con el tiempo y la colaboración de otros pensadores le sería posible adquirir. Por otra parte, el particular carácter de Nuestra Revolución no le permite incitar a la lucha, sino que ha de limitarse al simple planteamiento de unos objetivos nada lejanos de los postulados nacionalsindicalistas, pero siempre dentro del marco de la economía capitalista —aunque en evidente crisis— de la España del momento. No es lo mismo entender los cambios económicos dentro del proceso de evolución —no revolución— del Estado hacia el ideal nacionalsindicalista, que es tal como se planteaba en La Conquista del Estado, que concebirlos como una simple mejora en el seno de un sistema determinado. En eso se habría vuelto Ledesma más cauto, aunque su discurso político parezca haberse conciliado con posiciones más radicales. Ya no será la rudeza expresiva lo que resulte más provocador de su mensaje, sino el mensaje mismo. Formalmente más refinado, rehuyendo el escándalo artificioso, sin aquellos titulares tan provocativos que empleara en la primera hora, espera Ledesma mantener a flote su pequeña nave en un mar aún más agitado que las aguas en que se botara la República. Acaso Ledesma pagó el precio de la marginación que se le exige a todo intelectual que se abstrae de la tensión cotidiana. No es que en julio de 1936 Ramiro Ledesma hubiese renunciado a la vía revolucionaria, sino que su ostracismo le había privado de la fuerza que proporciona una masa de seguidores, por exigua que sea. Cuando despertó del letargo en que permaneció sumido durante unos meses, hubo de contentarse con una labor periodística, tarea innegablemente sometida a determinadas servidumbres. Y, aún con todo —si creemos a Francisco Guillén Salaya—, no será hasta el asesinato de José Calvo Sotelo cuando manifieste: «Hay que dejar la pluma y tomar las armas, cambiar la teoría por la acción.» No tuvo personalmente oportunidad para ello. Detenido el primer día de agosto, en la noche del 29 al 30 de octubre brindó definitivamente su vida, mientras millares de jóvenes buscaban una “muerte española” animados por aquellos ideales que impulsaron su corazón y su inteligencia».

Eduardo Núñez

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