Saavedra o Varela, ideología o identidad

A estas alturas muchos son ya los que huyen despavoridos con solo escuchar el nombre de David Saavedra. Y es que ha conseguido, el bueno de David, que cualquier persona de honor, sea cual sea su ideología, desprecie sus teorías burbujeras sin ni siquiera escucharlas.

Y no debe haber mayor desgracia para él pues es ese su público objetivo. No le interesa convencer, ni si quiera ser escuchado, por el grueso de la población, acérrimos compradores no obstante de su libro. Él quiere dirigirse a los “radicalizados”, a los habitantes de Villa Burbuja.

Y es desde ahí desde donde te escribo estas líneas David. Desde esa burbuja que tan bien dices conocer. No pretendiendo con ello sino hacerte ver que no es el miedo a ser convencidos lo que nos lleva a despreciar tu mensaje, sino la pereza, la repulsa y el hedor que deja tras de sí la deslealtad de un hombre a su palabra. Y es que desprendes el mismo aura que debió dejar Judas al levantarse de la mesa.

Prueba de que no existe ningún miedo a escuchar tu mensaje y con la máxima predisposición a ser convencido por él, me dispuse hace pocos días a ver uno de tus últimos vídeos: “Ultras y medios de ¿comunicación?”

Y lo cierto es que, acostumbrados a tanto Antonio Salas de poca monta, la intervención que presentas desvinculando a los cerebros rapados de los auténticos Nacional Socialistas, en pleno directo y en un programa de máxima audiencia, es un acto valiente y honesto que se te ha de reconocer y por el cual animo a ver tu video a cualquiera que, dispuesto a soportar la infinidad de cortes sin gracia ni sentido que incluyes, quiera descubrir los ya conocidos tejemanejes de los medios de comunicación.

Uno de tantos programas repitiendo los mismos mantras… «No pretendiendo con ello sino hacerte ver que no es el miedo a ser convencidos lo que nos lleva a despreciar tu mensaje, sino la pereza, la repulsa y el hedor que deja tras de sí la deslealtad de un hombre a su palabra. Y es que desprendes el mismo aura que debió dejar Judas al levantarse de la mesa.»

Todos estamos de acuerdo en que ya desde tus años de militancia política reconocías la diferencia básica entre un skinhead y un Nacional Socialista. Así como que, aun hoy, recuerdas con cierta nostalgia que solo en la trinchera de los últimos se forjan valores humanos que se alejan de la sociedad vacía y materialista por la que pretendías ser acogido. Y repito David, valores humanos y propios del hombre superior, que construye a partir de ello una cosmovisión y una ideología, que esto parece ser que no lo entendiste nunca.

Tiras por tierra todo lo que, con buen acierto, habías dicho durante el video desde el momento en que mencionas el nombre de Pedro Varela y lo acusas de estar absorbido por la burbuja. Te atreves a decir incluso que “si intentamos extraerle el Nacional Socialismo de la cabeza se muere, se suicida”, lanzando paralelamente la siguiente pregunta: ¿es Pedro una persona libre?

Lo primero que tenemos que hacerte ver ante ello es que, por suerte, no todo el mundo amaga con meterse el revolver en la boca tan rápido como hiciste tú, pues para llegar a eso se requiere de ciertos desequilibrios mentales que en el caso de Pedro no existen. Y lo segundo es que la virtud, y a la vez condena, tanto de Pedro como de tantos otros, es ser portadores de unos valores asociados a una ideología y que, en caso de ser sustraídos de la misma, presentan simplemente buenas personas.

David Saavedra, durante la charla en el IES de Chapela, mencionando a pedro Varela.

Te lo explico más claro, David: Pedro sin Nacional Socialismo sería igualmente Pedro. Lo seguirían saludando las mismas personas a las que saluda por la calle desde hace décadas y seguiría recibiendo el mismo respeto por parte de sus camaradas y adversarios políticos, porque ni la educación ni el honor lo da una ideología. Tú sin embargo, sin Nacional Socialismo, ya no eres nada. Vendiste tus supuestos valores a precio de topseller y ahora te sientes fuera de una sociedad degenerada e inerme que sigue condenando esos tatuajes que pesan más que tú palabra.

Plantéate de nuevo quien es más libre de los dos.

Alberto Bayón

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