“Dar la vida y el alma a un desengaño”
Vivimos tiempos de una gran confusión y de cambios sociales cada vez más rápidos en los que cuesta tomarse un tiempo para pararse a pensar, algo que es imprescindible para realizar un buen diagnóstico, y con él, acertar en el tratamiento. Como dice Diego Fusaro “la crisis es un método de gobierno. Transforma lo inaceptable en inevitable. Nos hace cambiar la libertad por la seguridad. Y permite, en nombre de la urgencia, eludir los procedimientos democráticos”. Será por eso que en muchas “democracias” de Europa, la jefatura del Estado es propiedad privada de una familia, y los pueblos no pueden elegir al jefe del Estado por ese motivo, sin ir más lejos, en España. No digamos ya si hablamos de personajes siniestros del “Estado profundo” del estilo de Soros, Larry Fink, Bloomberg, y demás mafiosos a los que nadie ha votado ni elegido, pero que mangonean a sus anchas a todos esos países tan democráticos que se atreven a llamar autócrata y tirano a Putin, que acaba de ganar unas elecciones presidenciales en Rusia con una amplia mayoría.
Centrándonos ya en el tema del título de este artículo, se entiende por espacio político nacional revolucionario (NR) aquel que defiende un patriotismo revolucionario, es decir, la fusión del patriotismo con la lucha social de los trabajadores, para diferenciarse del patrioterismo antisocial de las derechas.
Pues bien, ninguna persona, con un mínimo sentido del patriotismo ignora que todas las naciones europeas, y por supuesto también España, están en un momento crítico por varias razones. En primer lugar, aunque no solamente, por la sustitución demográfica a la que nos somete el mercado laboral del capitalismo globalizado, que sustituye por extranjeros los hijos que no nos deja tener para que podamos entregar nuestra vida entera a trabajar para él. Después porque nuestra patria, sometida a la UE y a la OTAN, carece de la soberanía mínima para llamarse nación independiente y no colonia, así como para tomar las medidas y las políticas públicas necesarias para defender nuestros intereses nacionales. Y finalmente, también por la amenaza de los separatismos pseudonacionalistas que sólo benefician a quienes quieren destruir los Estados soberanos para poner en su lugar el poder absoluto de los mercados. Una amenaza que lamentablemente siempre se ha tratado de oponer en España con un centralismo jacobino anti-identitario que es contrario a la tradición española y tomado de una modernidad históricamente fracasada.

En estas circunstancias, vemos que, de entre los muy pocos grupos políticos patriotas, revolucionarios y anticapitalistas que quedan, caracterizados todos ellos por la inoperancia política, ninguno parece funcionar, ni contar con la suficiente militancia organizada y disciplinada, así como con un líder claro que actúe como tal tanto hacia dentro como hacia fuera de la organización. No hay presencia en la calle ni en los medios de comunicación, habiendo quedado solo en las redes sociales con una existencia virtual, pero políticamente inexistente. Por presencia en la calle y en los medios se entiende para tratar temas actuales, obviamente, y no del pasado.
Por ello es necesario reconstruir el espacio político nacional-revolucionario apoyando a toda organización que luche por la unidad, la soberanía y la identidad de España, por su cultura y sus tradiciones, pero sin menospreciar las identidades de los pueblos que forman España. Y que una a ese patriotismo la defensa de las clases trabajadoras en las que se incluye también a trabajadores no asalariados como los autónomos, los profesionales liberales, las empresas familiares, etc, para llegar a todos esos españoles y movilizarlos contra el sistema. Es decir, apoyar a todo partido que apueste decididamente por la unidad, la soberanía y la identidad española y de los pueblos que la componen, pero sin confundir unidad con uniformidad, lo que conlleva posicionarse contra la asimetría entre las comunidades autónomas y la exigencia de que no haya autonomías privilegiadas, pero sin oponerse al autogobierno de los territorios históricos, para lo cual el federalismo sería una fórmula apropiada para la organización territorial del Estado español.

Por tanto, es necesario apoyar a todo partido con un programa político patriótico revolucionario y anticapitalista, que recoja medidas como, por ejemplo, la nacionalización de los sectores estratégicos, la reindustrialización, y la soberanía económica de España, y que se oponga a las políticas neoliberales que tanto sufrimiento social han causado en España en las últimas décadas. El criterio ha de ser, por tanto, el programa, no las siglas ni los personalismos.
Quedan pocos grupos políticos de esas características hoy en España, muy pocos ya, lamentablemente, y ello es debido a varias razones:
-No hay un líder y el número de militantes es ínfimo en las pocas organizaciones políticas que aún quedan.
-Se han perdido además dos actitudes que son esenciales en la lucha política:
Por una parte, las ganas, la voluntad de luchar. Y por otra parte, la convicción de que se puede ganar, una convicción que, por desgracia, parece ausente de estas organizaciones, pero que es imprescindible para tener efectivamente una posibilidad de ganar. Es aquello de que si luchas, puedes perder, pero si no luchas, ya has perdido. Hoy no es ni siquiera imaginable a alguien del área llamada “socialpatriota” hablar de tener las ganas de conquistar para construir una alternativa salvo cuando se repite mecánicamente como un mantra aquella vieja consigna ramirista de “No parar hasta conquistar”. Se ha instalado en la mentalidad de los pocos militantes NR que quedan una actitud derrotista generalizada de que “no hay nada que hacer”, y evidentemente cuando se piensa así, no es difícil sino que es imposible conseguir nada, por poco que sea. Nunca se ha logrado nada con esa actitud y con esa mentalidad a lo largo de la historia, de la que se pueden poner numerosos ejemplos de que incluso frente a circunstancias muy adversas y hostiles, a base de voluntarismo se han logrado importantes victorias. La historia está llena de ejemplos de ello. Un ejemplo histórico de esto sería el de la lucha obrera. Digamos que la poca militancia que queda se ha quedado instalada en una “zona de confort” de vivir encerrados en una burbuja donde se pierde el contacto con la realidad y se vive en un mundo a nuestro gusto (“a nuestro estilo”), pero fuera del mundo real. Cuando se dice “zona de confort” no se quiere decir que la militancia sea algo confortable, que ya sabemos que no lo es, sino que existe una tendencia a huir de la realidad que se considera hostil y a crearse un mundo nuestro en el que estemos a gusto. Y lo que sucede cuando el derrotismo cala en la exigua militancia que aún queda, es que llegan otros con más voluntad de luchar y de ganar que ocupan el espacio político del patriotismo revolucionario, algo que no es que pueda pasar, sino que ya ha pasado. Y a buen entendedor, pocas palabras bastan…
Pensar que, como ya se ha intentado todo, y nada ha funcionado, y que hasta que no llegue una crisis del sistema brutal no hay ninguna posibilidad de lograr nada, y por ello mejor nos dedicamos a hacer lo que nos gusta (testimonialismo, conmemoraciones de fechas históricas, visitas a cementerios, etc…, y hacer de eso el calendario político de cada año, y así año tras año) y no lo que se debe hacer ahora, lleva a eso, a que lleguen otros con más predisposición y que han hecho los deberes previos a la construcción de un partido, y ocupen un espacio político que hasta ahora era solo de los NR.
Otro grave error político diferente al de aquellos que viven en el pasado, es el de los que viven en el presente pero se piensan que poner en marcha un partido político es ir a un registro y ya está hecho. Este error ya se ha dado en varias ocasiones, pero por lo que se ve, no se ha aprendido de fracasaos anteriores, y se empieza la casa por el tejado sin haber construido antes los cimientos. Se piensa erróneamente que por existir un espacio político para un patriotismo revolucionario ya es suficiente para poner en marcha un partido político sin militancia, sin recursos, sin unas bases, sin un tejido asociativo que le sirva de apoyo social, sin un programa político completo, sin nada de lo que es necesario para poner en marcha una organización política, y el resultado es el esperable: una organización virtual que solo existe en las redes sociales porque no hay capacidad para hacer otra cosa. Pero vamos, que no hace falta ser Doctor en Ciencias Políticas para darse cuenta de esto. Con un poco de sentido común sería suficiente.
Hay que dejar claro que hablamos en todo momento de la lucha política, no de otros frentes de lucha que por supuesto que también son importantes como son las editoriales y las asociaciones culturales que dan la batalla cultural y de las ideas, algo muy necesario, aunque no suficiente.

En resumen: sin ánimo de menospreciar a nadie, ni a grupos ni a líderes, cuyos méritos hay sin duda que reconocer en algunos casos, parece realista decir que en este momento no hay ninguna formación política del ámbito NR en España que tenga una oportunidad real de salvar a la vez los derechos de los trabajadores y a España como garante de esos derechos. Y así llevamos casi cincuenta años de existencia dando “la vida y el alma a un desengaño”, en palabras de Lope de Vega.
Pero la vida sigue ahí fuera, y nos encontramos en el momento presente en una guerra contra el capitalismo global por la supervivencia biológica de nuestro pueblo, la supervivencia política de nuestra nación y por la conservación y extensión de los derechos de los trabajadores, derechos tan duramente conquistados en los últimos 150 años de lucha obrera. He ahí un buen ejemplo de voluntad de lucha y de convicción en la victoria: la lucha del movimiento obrero, porque los derechos sociales, laborales y sindicales de las clases trabajadoras no se nos han regalado, se han conquistado.
Y en una guerra, el principal deber, por encima de cualquier otro, es ganarla; especialmente si se trata, como ahora, de una guerra de exterminio contra nuestros pueblos que nos conduce a un genocidio por sustitución étnica de los pueblos europeos por su falta de natalidad unida a la invasión inmigratoria extraeuropea.

Por esa razón, es decir, porque nuestro principal deber es ganar esta guerra, debemos apoyar a todo partido de estas características que tenga una posibilidad real de ganar esta guerra para aumentar así con nuestro apoyo sus posibilidades de triunfo sobre el sistema, porque ésta puede ser la última oportunidad para el patriotismo revolucionario y anticapitalista en España. No hacerlo así es resignarse a perder, con todo lo que ello implica. Y el que quiera entender, que entienda.
E.N.
