Dieciocho días han pasado del asesinato de Thomas en el pequeño pueblo de Crépol y aún se sufren nuevas consecuencias de este trágico suceso.
Seis patriotas franceses, con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años, fueron juzgados en comparecencia inmediata en Valence, el pasado lunes 27 de noviembre, y condenados a prisión entre seis y diez meses, con orden de internamiento en prisión. ¿Cuál ha sido su crimen? Protestar y mostrar su indignación y repulsa tras el asesinato del joven Thomas en Crépol, yendo a desafiar a los amigos de los delincuentes en el barrio de La Monnaie de Romans-sur-Isère. Colonia marginal de donde partieron los asesinos.
Se trata de una decisión judicial doblemente hipócrita e inmoral, por un lado, en comparación con la extrema laxitud de la que gozan sistemáticamente los inmigrantes cuando cometen robos, palizas, asesinatos o violaciones (delitos de suma gravedad), incluso cuando se trata de reincidentes que hacen de la delincuencia su modo de vida, y por otro lado, con el hecho de que la orden de detención representa un doble castigo para los jóvenes activistas conociendo la población carcelaria con la que se encontraran tras de los muros de la prisión. Que estos jóvenes franceses entren en prisión por una protesta, muy políticamente incorrecta y ruidosa si se quiere, pero, tan solo una protesta, pone en sumo peligro la integridad física o incluso la vida de los seis detenidos.
Las sentencias dictadas y las detenciones también son totalmente desproporcionadas con respecto a los hechos: una manifestación ilegal (se da por sentado que las manifestaciones tienen que ser todas legales y pactadas, pero sería de lo más normal que fuesen improvisadas y sin previo aviso) y consignas calificadas de «racistas» por la mayoría de los medios de comunicación del sistema. Tenemos entendido que las únicas consignas que se gritaron, y así consta en los videos difundidos por diferentes redes sociales, fueron: «Europa, Juventud, Revolución», «Justicia para Thomas» o «islam fuera de Europa» eslóganes que no deberían calificarse de racistas.

Tampoco se toma en cuenta que, la única víctima de esta manifestación resultó ser uno de los propios patriotas que fue capturado por los inmigrantes, arrastrado a un portal, golpeado, desnudado y fotografiado tendido en el suelo mientras la policía se aplicaba a fondo contra los manifestantes a pocos metros de allí.
Es vergonzoso comprobar como los medios de comunicación franceses (de los españoles ni hablamos, no deben saber ni quien era Thomas…) han mostrado más indignación y condena por la incursión nacionalista en la colonia marginal que por el propio asesinato de Thomas en Crépol. Eso no es todo, agentes al servicio del odio contra el mundo blanco como Jean-Luc Mélenchon, han felicitado públicamente a los jóvenes de La Monnaie de Romans-sur-Isère por su «autodefensa» y han denunciado, una vez más, el «peligro de la extrema derecha» mientras la sangre de Thomas aun no ha sido limpiada del suelo de Crépol.

Si hay algo más nauseabundo que los enemigos, estos son los traidores. Traidores como Mélenchon, que dice defender la causa del trabajador, pero solo sale en defensa de aquellos que son usados para la sustitución técnica, que como sabemos es un paso previo a la sustitución étnica.
El tiempo pondrá a cada uno en su sitio.
Manu Beramendi
