El 13 de noviembre celebramos el aniversario del nacimiento de Julio Caro Baroja (1914-1995). Julio Caro Baroja fue un historiador, antropólogo, etnólogo, etnógrafo, lingüista, folklorista y ensayista español conocido por ser sobrino del escritor y novelista Pío Baroja y del pintor y grabador Ricardo Baroja. De hecho, Julio es autor de una “Semblanza de Pío Baroja”, que es una biografía emocionada de su tío Pio Baroja con el que convivió durante los últimos cuarenta años de su vida. Julio nació en Madrid el 13 de noviembre de 1914 en el barrio de Argüelles en donde habitó en distintas casas hasta 1936, en que fue bombardeada la residencia familiar en la calle Mendizábal nº 36. Era hijo del editor Rafael Caro Raggio y de la artista plástica, escritora, folclorista y etnóloga Carmen Baroja, y hermano del cineasta Pio Caro Baroja. Julio produjo, en colaboración con su hermano Pío, dos películas clásicas del cine etnográfico, dos documentales etnográficos bajo la dirección de Pio Caro Baroja y con guion literario de Julio Caro Baroja: “El carnaval de Lanz” (1964), y “La Alberca, vida y muerte” (1968).
Julio creció envuelto en un ambiente de aprecio a la cultura y a las letras, y proclive al estudio, lo que le permitió combinar distintas disciplinas y conceptos. Estudió en el Instituto Escuela de Madrid, pasó la guerra civil en Itzea, en el caserón navarro de los Baroja en Vera de Bidasoa. Después de la guerra, desde 1939 a 1942 vivió en la calle de Casado del Alisal, nº 4, años en los que se licenció en Historia. Después se doctoró en Historia Antigua por la Universidad de Madrid en 1942 con una tesis sobre las religiones antiguas en España, y donde ejerció como profesor en la misma. De 1942 a 1968 vivió en la calle Ruiz de Alarcón, nº 12 de Madrid. Fue discípulo de maestros de la paleontología y etnología como Telesforo Aranzadi, José Miguel Barandiarán, Hermann Trimborn y Hugo Obermaier, que orientaron su temprana vocación investigadora. Trabajó como docente en contadas ocasiones: de 1943 a 1945 como ayudante de las cátedras de Historia Antigua y de Dialectología de la Universidad de Madrid; cursó estudios de postgrado en la Smithsonian Institute de Washington y la Universidad de Oxford y, de vuelta a España, realizó estudios de campo sobre los pueblos del Sahara Occidental, entonces provincia española. De 1957 a 1960 fue profesor en la Universidad de Coimbra, director de estudios de Historia Social en L’Ecole Pratique des Hautes Études de París (1961), y entre 1981 y 1983 catedrático de Antropología Filosófica en la Universidad del País Vasco. Trabajó en el Museo Antropológico de Madrid en 1942 y, desde 1941, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. También fue director entre los años 1944 y 1954 del Museo del Pueblo Español de Madrid.

En la década de los cincuenta, tal y como había leído en sus novelas juveniles, Caro Baroja exploró y viajó por toda España —y por otros países, como Estados Unidos y Reino Unido— de la mano del antropólogo estadounidense George M. Foster y del británico Julian Pitt-Rivers. De 1952 a 1953 viajó al Sáhara para elaborar un informe etnográfico sobre el territorio y publicó, en 1955, el libro “Estudios saharianos”.
Trece años antes de ingresar en la RAE lo hizo en la Real Academia de la Historia y también perteneció a la Real Academia de la Lengua Vasca (1947), a la de Buenas Letras de Barcelona y a la Hispanic Society of America. Académico de número de la Real Academia Española y la Real Academia de la Historia, en 1963 ingresó en la Academia de la Historia con un discurso sobre «La sociedad criptojudía en la corte de Felipe IV»; en 1983 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y Comunicación, y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1984), en 1985 el Premio Nacional de las Letras Españolas, al que siguió su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española el 15 de junio de 1986 con la silla letra P, dando su discurso de ingreso sobre “Género biográfico y conocimiento antropológico”. También fue Premio Nacional de las Letras Españolas y Premio Internacional Menéndez Pelayo (1989).

Sus primeros libros están dedicados a presentar una síntesis de los pueblos de la península ibérica y, de manera más relevante, de los vascos, que constituyeron en lo sucesivo un importante objeto de sus investigaciones. Su obra abarca un amplio repertorio de temas relacionados con las formas de vida de las sociedades sobre todo rurales, su hábitat, su tecnología, las formas religiosas y el folclore. Como historiador social dedicó su atención a instituciones y personajes de entre los siglos XVI y XVIII, que ilustran sobre el conflicto entre la declinante sociedad tradicional y el naciente Estado moderno: brujería, Inquisición, los judíos y otras minorías, los conquistadores de Indias, la literatura de cordel y las nuevas clases ascendentes en la monarquía absoluta. Escribió también sobre aspectos metodológicos de su disciplina, la antropología, y es autor de un celebrado libro de memorias sobre su familia, “Los Baroja”.

Julio Caro Baroja es autor de más de setecientos textos (entre libros, prólogos, artículos y ensayos donde aunaba el trabajo de campo con la documentación que obtenía en los archivos), y rebasa los límites de cualquier clasificación, ya que fue, entre otras cosas, etnólogo y etnógrafo, investigador de la literatura y lingüista e historiador de las ideas y de las conductas humanas. Conocido como el vasco del Renacimiento, Caro Baroja desdeñaba la clasificación estanca y genérica de las cosas y su mirada, siempre poliédrica, sostenía multitud de puntos de vista; observaba al hombre en su realidad concreta y evitaba fijar, como recriminaba al género biográfico, modelos de hombres: «ejemplares los unos y execrables los otros. Ilustres por sus acciones o abominables, según las tornas».
A Julio le interesaba la biografía como método e instrumento de conocimiento. Su obra es enorme como corresponde a un sabio que dedicó toda su vida al estudio y la investigación: obras y estudios de investigación en etnología y etnografía, cuentos, óleos, dibujos e ilustraciones. Julio Caro Baroja tiene una obra amplísima, y entre toda ella, hay una muy interesante sobre el origen étnico de los pueblos de España, que es una colección formada por varios libros, cada uno dedicado a una comunidad histórica: los vascos, los aragoneses, los gallegos, etc. Veamos una pequeña muestra de su obra:

En 1941, Julio publicó su primer libro, “Algunos mitos españoles y otros ensayos”, al que seguiría una producción muy prolífica, basada en investigaciones rigurosas y documentada con datos extraídos de detenidos trabajos de campo. Cabe destacar “Los pueblos del norte de la península ibérica (Análisis histórico cultural)” (1943); “Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina” (1945); “Los pueblos de España: Ensayo de etnología” (1946); “Análisis de cultura, etnología, historia y folklore” (1949); “Los vascos” (1949/1995); “Los moriscos en el reino de Granada” (1957); “Razas, pueblos y linajes” (1957); “Las brujas y su mundo” (1961); el monumental estudio en tres tomos, fruto de diez años de investigación, “Los judíos en la España moderna y contemporánea” (3 vols., 1961-62); “El carnaval” (1965); “Vidas mágicas e Inquisición” (2 vols., 1967); “Estudios sobre la vida tradicional española” (1968); “Ensayo sobre la literatura de cordel” (1969); “La hora navarra en el siglo XVIII” (1969); “Inquisición, brujería y criptojudaísmo” (1970); “Etnología y etnografía histórica de Navarra” (1971-72); “Teatro popular y magia” (1974), y “Ritos y mitos equívocos” (1974).
Los estudios de Julio Caro Baroja, caracterizados por una notoria complejidad y perspicacia y por un enfoque interdisciplinario, le aportaron renombre tanto en España como fuera de sus fronteras. En 1962 el autor ingresó en la Real Academia de la Historia, ocasión en que leyó el importante discurso “La sociedad criptojudía en la corte de Felipe IV”.
El polifacético Caro Baroja centró sus investigaciones, principalmente, en la antropología social y cultural de los pueblos de España y de determinados grupos sociales, y se preocupó, especialmente, por la historia y la cultura de la sociedad vasca. En su vida y en sus libros conviven, como en un armonioso aquelarre, las historias de brujería, magia y bandidos con otros temas sobre religión, antropología y cultura popular. Toda su producción y su afán son fruto del interés que siempre tuvo Caro Baroja por conocer a los hombres y que se tradujo, también, en el interés de conocerse a sí mismo y a su familia, como quedó recogido en la crónica familiar “Los Baroja. Memorias familiares” (1972), donde el autor realiza un estudio antropológico de su propio entorno.

En su amplia producción también deben citarse: “La brujería vasca” (1975); “Sondeos históricos” (1978); “Las formas complejas de la vida religiosa: religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII” (1978); “Cuadernos de campo” (1979); “La aurora del pensamiento antropológico” (1983); “Tecnología popular española” (1983); el trabajo sobre arquitectura popular en cuatro volúmenes “La casa en Navarra” (4 vols.,1982-83); el ensayo sobre la población vasca “El laberinto vasco” (1984); “De los arquetipos y leyendas” (1989); el álbum de dibujos “Los mundos soñados” (1990) y “Las falsificaciones de la historia”, de 1993, entre otras muchas. El último título publicado en vida del autor, “Las veladas de Santa Eufrosina” (1995), fue ilustrado por él mismo.
Desde 1968 a 1994, vivió en Madrid, en la calle Alfonso XII, nº 50, en los años de máximo trabajo y reconocimiento. En esa casa escribió muchos de sus libros fundamentales como “Estudios sobre la vida tradicional española”, “Ritos y mitos equívocos”, “Una imagen del mundo perdida”, “La estación del Amor (fiestas populares de mayo a San Juan)”, “Tecnología popular española”, del viejo folclore castellano.

Como hemos visto, desde muy pronto, Julio se interesó por lo que le resultaba cercano, y, así, sus primeros trabajos fueron sobre la casa y la arquitectura del lugar que conocía. A su estudio y al de los instrumentos para trabajar y construir dedicó mucho tiempo, consciente como era de que determinaban la relación del individuo con el entorno y su modo de explicarlo. La casa fue para él núcleo familiar y de trabajo, pero también obra material y exponente de la adecuación al entorno, de modo que encontró en su estudio y en el de cuanto le rodeaba numerosas formas de aproximación al conocimiento de las personas y al modo que éstas tenían de relacionarse con el mundo. Aunque la imagen más extendida de julio Caro Baroja fue la del hombre de biblioteca y archivo, no hay que olvidar que también realizó trabajo de campo, por Vera y en el entorno navarro, por el país vasco, Castilla, Extremadura, Andalucía, y en el Sáhara. Julio no habría podido escribir muchas de sus obras sobre tecnología popular, fiestas, creencias, mitos, paisaje y territorio, si antes no hubiera tenido un contacto directo con el medio.
Estos aspectos, así como su interés por la literatura popular, son un ejemplo más de la atracción que sobre él ejercía la cultura popular, dedicando una parte significativa de su obra a conocer esa producción de romances, pliegos, aleluyas, canciones y obras de teatro. Su acercamiento a esta producción fue novedoso y sorprendente, pues no llegó desde la sociología ni desde la consideración de infra o subliteratura, sino dese la seriedad de los criterios históricos y buscando su razón de ser como antropólogo e historiador que fue, y como tal, en todos los asuntos a los que su curiosidad le acercó supo combinar ambas perspectivas de trabajo, consiguiendo excelentes resultados. Su interés por la historia de España abarcó desde la arqueología, la historia social, la historia foral, la tecnología, la arquitectura, la mitología, el arte y literatura popular, hasta el folclore, la magia, la religión, etc. Su amplitud de perspectivas le permitió leer y relacionar la historia de España desde diferentes ángulos y épocas, poner en cuestión tópicos y lugares comunes, asociar la “gran historia” con la “historia chica”, sin desdeñar trabajar sobre aspectos locales. Sus ensayos históricos muestran la complejidad de la realidad española y su consideración de esa complejidad a la hora de estudiarla. Dicho con sus palabras: “Yo, como he dicho, nunca he dejado de ser un historiador y nunca he podido escribir nada sin pensar en profundidades temporales y en irregularidades, desarmonías y contradicciones”, razón por la que desconfiaba de marcos teóricos cerrados, a menudo simplificadores, tanto como de construcciones interesadas.

En definitiva, frente a la imagen de un historiador y antropólogo retirado en su casa de Itzea o en su gabinete de trabajo, Julio Caro Baroja, además de eso, fue alguien interesado por el entorno urbano y rural, por los problemas políticos y sociales de su tiempo, por el deterioro de la Naturaleza, y que sobre todas esas cosas dejó ideas y testimonios que pueden ser de gran ayuda en los tiempos que vivimos.
Después de haber sido tantas cosas, Julio Caro Baroja —el vasco del Renacimiento— murió el 18 de agosto de 1995 en su casa de Vera de Bidasoa (Navarra).

De su vasta obra podemos concluir y tener siempre presente que la identidad es la identidad étnica, pues de lo contrario, la identidad solo es una palabra hueca y vacía de contenido que puede rellenarse de cualquier mercancía averiada y reaccionaria. Cuando se habla de identidad y se le añade detrás palabras como “nacional”, “histórica”, “cultural”, etc, se esconde el miedo a llamar a las cosas por su nombre. Hablar de identidad es hablar de etnias.
Eduardo Núñez

Caro Baroja fue siempre un intelectual independiente, respetuoso con todas las creencias y con todos los ideales políticos por diversos y contrapuestos que fuesen , un investigador escrupulosamente exigente consigo mismo y estricto en el análisis de las fuentes históricas a las que tuvo acceso, sometiéndolas a escrutinio lógico y filológico continuo . – Admirable, por su erudición y conocimientos ensamblados de muchas disciplinas históricas y sociales. Yo recuero su extraordinaria obra LOS FUNDAMENTOSD DEL PENSAMIENTO ANTROPOLÓGICO MODERNO editado por el CSIC en 1991, en dos volúmenes.
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