12 de Octubre: ¿Qué es lo que hay y lo que no hay que celebrar?

“Al español se le ha de considerar como una medalla, con su anverso y reverso. De un lado su afán de lucha, nacido como era de una generación que había defendido su fe a golpe de espada en la Reconquista. Del otro, su espíritu misionero, universal. No todos los españoles que desembarcaron en América tenían nivelado el porcentaje de una y otra dimensión” Lewis Hanke

El 12 de octubre es una fecha histórica en la que se conmemora la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492. Y de ahí la celebración de lo que se ha llamado la Hispanidad. Etimológicamente la palabra Hispanidad deriva de Hispania, nombre que los romanos dieron a la península ibérica una vez conquistada. Por extensión la expresión «hispano» ha terminado abarcando a las personas de habla hispana o cultura de ese origen.

La expresión Hispanidad apareció en la segunda década del siglo XX para denominar a las personas, países y comunidades que comparten el idioma español y poseen una cultura relacionada con España.  En ella se incluyen muchas naciones y millones de personas de los cinco continentes.

La idea de Hispanidad se encuentra, como se ha dicho, asociada a la llegada de los primeros españoles a América conducidos por Cristóbal Colón, el 12 de octubre de 1492. Esa fecha es por ello recordada en diversas naciones hispanas, aunque con distintos nombres y significaciones. Y es por ello que esta fecha histórica tiene más relación con la Hispanidad que como fiesta nacional de España, para la cual tendría más sentido, por ejemplo, el 2 de enero, en conmemoración del día de la toma de Granada que puso fin a la reconquista.

Descubrimiento de América para occidente.

Más recientemente el término ha sido relativamente postergado por denominaciones más abarcativas como Iberoamérica o expresiones que hacen referencia principalmente a la lengua común como países de “habla hispana”, o literatura o música en español. También se ha generalizado la identificación de “lo latino”, que en EEUU se utiliza como sinónimo de “hispanic” (hispánico). Algunos consideran que también se incluye a los países lusófonos, pues Lusitania formaba parte de la vieja Hispania. Desde luego, el término “latino” está mal usado hoy ya que en realidad es un término que hace referencia al Lacio, y por tanto, latinos son los romanizados, y desde luego, la Hispania romana, pero no como hoy se emplea haciendo referencia a los países sudamericanos.

Ramiro de Maeztu (1875-1936) pasa por ser uno de los principales pensadores de la Hispanidad, desde el tradicionalismo y como un hispanista católico. Al pertenecer a la generación del 98, fue amigo de Unamuno, quien también defendió la Hispanidad. Dice Gustavo Bueno en su libro “España frente a Europa”: «La idea de una Hispanidad centrada en torno a la cultura cristiana más tradicional (Zacarías de Vizcarra, en 1926; Ramiro de Maeztu, en 1934) es considerada por la ‘izquierda’ como expresión de la ‘derecha más reaccionaria’; sin embargo, el término ‘hispanidad’ fue acuñado por Unamuno en 1909.» Unamuno dijo ese año lo siguiente:

“Digo Hispanidad y no españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania, que abarca a toda la península ibérica. Digo Hispanidad y no españolidad para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que ha hecho el alma terrena y a la vez celeste de Hispania, de Hesperia, de la península del Sol Poniente. Y quiero decir con Hispanidad una categoría histórica, por lo tanto espiritual, que ha hecho, en unidad, el alma de un territorio, con sus contrastes y contradicciones interiores. Porque no hay unidad viva si no encierra contraposiciones íntimas, luchas intestinas. La Hispanidad, ansiosa de justicia absoluta, se vertió allende del Océano, en busca de su destino, buscándose a sí mismo, y dio con otra alma de tierra, con otro cuerpo que era alma, con la Americanidad, que busca también su propio destino…”.

Ramiro de Maeztu.

Esta cita de Unamuno es citada por Ernesto Giménez Caballero en  «Fragmento de Bolivar ante España y sus autonomías», obra inédita escrita en 1985, en «E. G. Caballero. Prosista del 27 (Antología)», “Anthropos”, Suplemento nº 7, Barcelona 1988, págs. 106-107.

Ernesto Giménez Caballero.

Ramiro de Maeztu, en su estancia como embajador en Argentina en Buenos Aires conoció al sacerdote vasco Zacarías de Vizcarra, a quien le atribuye la creación de la idea de la “Hispanidad” (que propuso como sustituto del término “raza” que venía utilizándose hasta entonces), si bien el vocablo ya se encontraba en viejos diccionarios castellanos como el Diccionario de la Academia publicado en 1817. Maeztu asumió esta visión y pasó a ser su principal abanderado y difusor. En su obra “Defensa de la Hispanidad”(1934) Maeztu recopila y da coherencia a varios de sus artículos anteriores, y defiende la Hispanidad como un concepto histórico y cultural. El pensamiento de Maeztu da primacía a los valores y los principios frente a lo contingente y frente al relativismo. Para Ramiro de Maeztu, “la patria es espíritu. Ello dice que el ser de la patria se funda en un valor o acumulación de valores con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan.”

Y aquí empieza lo problemático en la definición de la Hispanidad. Maeztu entiende que el fundamento de la Hispanidad no puede ser la unidad geográfica (tan heterogénea), ni la étnica (aztecas, mayas, incas, araucanos, españoles, portugueses…), sino que el vínculo está basado en unos valores compartidos, unos valores que conforman una cultura diferenciada, por ejemplo, de la anglosajona ya que Maeztu enfatiza el catolicismo, la monarquía y la igualdad racial desde una concepción trascendente. Y lo expresa de la siguiente forma:

“Frente a los judíos, que son el pueblo más exclusivista de la tierra, se forjó nuestro sentimiento de catolicidad y de universalidad, que es el principal culmen de nuestra raza”.

“No hay en la Historia universal obra comparable a la realizada por España, porque hemos incorporado a la civilización cristiana a todas las razas que estuvieron bajo nuestra influencia.”

«Entonces percibimos el espíritu de la Hispanidad como una luz de lo alto. Desunidos, dispersos, nos damos cuenta de que la unidad no ha sido, ni puede ser, lazo de unión. Los pueblos no se unen en la libertad, sino en la comunidad. Nuestra comunidad no es racial, ni geográfica, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos al mismo tiempo la comunidad y el ideal. Y es la Historia quien nos lo descubre. En cierto sentido está sobre la Historia porque es el catolicismo»

“Los españoles no damos importancia a la sangre ni al color de la piel porque lo que llamamos raza está constituida por características que son luz del espíritu, como el habla y el credo. La Hispanidad está compuesta de blancos, indios, negros, malayos y sus combinaciones”.

Bien, hoy conocemos cual es el resultado de esas combinaciones del mestizaje… Estados fallidos y sociedades fallidas como consecuencia de no dar importancia al factor racial, de considerar la raza como algo irrelevante. Aquella “raza cósmica” que daba nombre a un ensayo del político y escritor mejicano José Vasconcelos, resultó ser en realidad, como decía Joaquín Bochaca, una “raza cómica”. A los hechos nos remitimos. Casualmente los países del cono sur de América que tienen más población blanca, como son Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay, son sociedades en muchos aspectos similares a las europeas, al haber desarrollado la cultura criolla americana los eurodescendientes de dichos países. En cambio, los demás países con alto índice de mestizaje son también los más caóticos y conflictivos en todos los órdenes.

No está de más recordar las diferencias ideológicas entre Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma a este respecto. Así, en el primer número de la revista teórica “JONS” (1 de mayo de 1933) Ramiro Ledesma en su artículo «Hombres y partidos de España» dedica un amplio apartado a Ramiro de Maeztu del que decía: «Hoy nosotros lo consideramos como uno de los pocos españoles capaces de ofrecer los valores perdurables de España, en forma grata a las juventudes estudiosas y exigentes, esto es, con rigor conceptual y firmeza de emoción auténticamente española.» Pero añade: «este es el aspecto de Maeztu que nos interesa y que aquí ofrecemos con elogio. Ningún otro. Tenga por seguro que la política de las JONS no es su política, ni le seguiremos sobre lo que en ese campo realice hoy de modo concreto». Y termina Ledesma: «esperamos los estudios de Maeztu sobre la Hispanidad con impaciencia, y sepa que nuestros camaradas de las JONS los requieren, necesitan y se afanan por darles continuidad en el plano de los hechos.»

Pero cuando por fin aparecen los estudios sobre la Hispanidad de Maeztu que Ledesma esperaba impacientemente, parece retirarles el elogio que les había brindado cuando estos eran sólo un proyecto. Así lo manifiesta Ledesma en su “Discurso a las juventudes de España” (1935), al afirmar que necesitamos fomentar un patriotismo directo y distinto del patriotismo religioso y del patriotismo monárquico tradicionales en España. A su juicio hemos de acercarnos directamente a España, no a través del catolicismo y tenemos que persuadir al pueblo de que el servicio a España es un valor moral superior a cualquier otro. Y ello por dos razones: primera, que el fin que con ello se persigue, la grandeza de España, no es empresa propia de la Iglesia y, segunda, que en esta empresa pueden colaborar, evidentemente gentes alejadas de toda disciplina confesional.

Ramiro Ledesma y Ramiro de Maeztu.

Maeztu criticó, a su vez, esta disociación entre la identidad católica y la identidad nacional, argumentando que el siglo XVIII fue para nosotros un inmenso intento de transformar el patriotismo religioso en monárquico y territorial, y que el ensayo nos costó la separación de América, sin tener en cuenta que para Ledesma en España sólo ha habido un patriotismo religioso y un patriotismo monárquico, pero no un patriotismo directo, popular, surgido de las masas y orientado hacia ellas. Este último es el que Ramiro Ledesma pretendía desencadenar. Paradójicamente el destino quiso que estos dos Ramiros, tan alejados en sus posturas ideológicas, pasaran juntos sus últimos días de vida en la cárcel de Las Ventas en Madrid, al ser detenidos al inicio de la guerra civil, siendo incluso asesinados el mismo día, el 29 de octubre de 1936, en Aravaca (Madrid).

Ramiro Ledesma había advertido ya entonces y con toda la razón, que no era conveniente el vincular la idea nacional de España con un ideal religioso en quiebra, ni la moral nacional con la moral católica. Por eso, si la Hispanidad se entiende como católica, la Hispanidad católica lleva consigo ese sentido universalista.

Quienes basan todo en la cultura católica frente a la protestante usan este argumento religioso aún hoy como un argumento separatista dentro de la civilización europea como si quisieran volvernos a enfrentar a los europeos entre católicos, protestantes u ortodoxos. Creen que esa cultura católica fue la que hizo que el Imperio español fuese “inclusivo” o integrador, y por el contrario, el Imperio inglés “exclusivo” o excluyente. Según eso, ni Francia, ni Suiza, ni el Imperio austriaco fueron realmente Europa. Es una redefinición de todo en términos absurdos. Si tuviesen razón, una nación como Alemania con un 30% de católicos y un 70% de protestantes, sería antropológica e históricamente imposible. Pero ahí está.

Hoy, la Fundación Gustavo Bueno e incluso algún marxista como Santiago Armesilla, defienden también esa idea de España frente a Europa que daba título a un libro del filósofo materialista Gustavo Bueno. Es esa idea de la España católica frente a la Europa protestante de las guerras de religión que incluso ateos como los mencionados también defienden. Un absurdo anacrónico hoy seguir con eso. Y es que el papel de payasos en España no es monopolio de los progres. Como hemos visto, esto es algo que une a todos los anti-europeistas, ya sean católicos o ateos, a los que no les importa la lucha por la civilización europea ni creen en la necesidad de un bloque o espacio geopolítico europeo. Lo único que separa a un comunista como Santiago Armesilla del facherio es la cuestión del materialismo y de la religión. Por lo demás son iguales y defienden las mismas absurdeces.

Santiago Abascal posa con el libro de Gustavo Bueno <España frente a Europa>.

Como ya comenté en otro articulo hablando de la identidad de los pueblos de España como pueblos de Europa, a la hora de identificarse los españoles como europeos, detectamos aún hoy dos prejuicios anti-históricos que dificultan definir la identidad española como europea:

Uno de ellos está presente entre los progres, y es el falso mito de la España de las tres culturas, en que se basaba aquella “alianza de civilizaciones” de la que hablaba Zapatero. Este mito consiste en decir que los pueblos hispánicos serían el resultado de una fusión de euro-cristianos, afro-árabes y judíos, pasando por alto procesos históricos como los de la reconquista y la repoblación. Contraargumentar esta ficticia concepción histórica no es difícil, encontrando una sólida argumentación en la obra del genial historiador Claudio Sánchez Albornoz, “España un enigma histórico”. La realidad respecto a lo que podríamos llamar la “identidad española” es que las tres culturas que la han constituido han sido principalmente la celta, la romana y la visigoda. Esos son los tres principales componentes de la identidad hispana, totalmente europea.

Claudio Sánchez Albornoz.

Otro prejuicio anti-histórico es más sutil, y por eso mismo, más peligroso. Contrariamente al prejuicio anterior, éste afecta especialmente a los que se definen como españolistas y cercanos siempre a posiciones de derecha y de ultraderecha. Esta falsa concepción de la identidad española data de 1946 en adelante, en un momento en el que los acontecimientos históricos obligaron a España a aislarse en el contexto europeo y mundial, y se hizo fuerte durante el franquismo, momento en el que la historiografía y la propaganda oficial de entonces empieza a definir la “esencia de lo hispano” como algo diferenciado e incluso opuesto a la naturaleza de los demás europeos, afianzando la idea de que España era diferente de Europa (el famoso “Spain is different”) no limitándose esa diferencia a algo coyuntural como las diferencias políticas o ideológicas, sino como algo esencial, al ser nuestro origen diferente al del resto de los europeos, de modo que se pretendieron justificar esas supuestas diferencias hasta el más remoto pasado porque esencialmente los españoles no estarían relacionados con el resto de Europa, al suponer a los iberos un pueblo con origen en el norte de África, con unas características muy definidas que serían las que en ese momento definían “lo español” o la formación del “alma española” ya por los primeros pobladores de España, los iberos, quienes serian pueblos venidos del norte de África, que posteriormente se fusionarían con los celtas procedentes del centro de Europa, y de cuya fusión nacerían los celtiberos, como quintaesencia afro-europea del español, un mestizaje protagonista de la historia patria hasta hoy. Esta es una postura anticientífica que desgraciadamente ha calado profundamente en el imaginario colectivo español y en el inconsciente colectivo que cree como verdadero y definitorio de la identidad hispana. Pues bien, esta idea es falsa, pues nunca hubo durante la Antigüedad ningún pueblo venido del norte de África, y menos aún que pusiese las bases de la formación étnica de los pueblos peninsulares. Es más, los iberos no son de origen norteafricano ni vienen de ninguna parte, ni siquiera son un pueblo definido como tal, sino una cultura mediterránea que es una evolución propia y típica de los pueblos del Levante español en tiempos protohistóricos, por lo que la cultura ibera afectaría a poblaciones de substratos diferentes (mediterráneos, y cultura de los campos de urnas) que desde un momento determinado (concretamente desde el siglo V aC) y por influencias concretas pasa a definir las manifestaciones culturales de pueblos autóctonos de origen neolítico fusionados con pueblos de origen céltico que habían protagonizado la cultura de los campos de urnas.

A la izquierda, Martínez Santa Olalla junto con Himmler durante la visita a España del jerarca.

Por tanto, el término celtíbero no designa la supuesta fusión de celtas e iberos sino que, acorde con las fuentes romanas, es el nombre que engloba a las tribus celtas de la península ibérica. Este prejuicio anti-histórico que podríamos llamar iberismo (o mejor “iberitis”) dejó atrás y ninguneado a arqueólogos como Julio Martinez Santa Olalla, que defendió en el campo de la Historia Antigua una postura centrada bajo el prisma de lo celta, según la cual los iberos serían celtas de la cultura de los campos de urnas influenciados o matizados culturalmente por celtas, griegos e itálicos, y no solo por los fenicios. Martinez Santa Olalla defendió esta postura en su obra “Esquema paletnológico de la península hispánica” en 1941 (salió una segunda edición en 1946). Pero, como se ha dicho, durante la época mencionada, se pensó erróneamente (y por desgracia aún hoy en día muchos españoles lo siguen creyendo) que los iberos provenían del norte de África, y se asentaron en el Levante español. Esta hipótesis nord-africanista, que no ha logrado ser borrada del acervo popular, no tiene ya ningún defensor académico, desde que este mito del afro-iberismo fue desmontado por el arqueólogo Domingo Fletcher Valls (1912-1995), profesor de Prehistoria y Arqueología que dirigió el Servicio de Investigación Prehistórica de Valencia, quien  refiriéndose al supuesto origen “africano” de los iberos dijo: “Los actuales estudios del periodo neolítico español no postulan dicha llegada nord-africana en aquel momento, por tal motivo, esta tesis está en crisis”.

El arqueólogo Domingo Fletcher Valls.

Pues bien, los sostenedores de este mito “afro-iberista” como argumento separatista frente a Europa, fueron los mismos defensores de la Hispanidad desde el nacional-catolicismo.

Unido a la defensa de la Hispanidad últimamente parece haber en España más que en América, una reacción a la injusta leyenda negra antiespañola, lo cual es algo positivo. El problema es cuando a la leyenda negra se le contrapone una leyenda rosa. Es indudable que la conquista y colonización de América fue un hecho glorioso que fue acompañado de una obra social de España en América que es innegable, y que quedó reflejada en las pragmáticas de entonces, que eran disposiciones reales dictadas sin intervención de las Cortes. Una de ellas fue la pragmática de los Reyes Católicos que declaraba la libertad de residencia, del 28/10/1480. También se podrían mencionar las Leyes de Indias, y las Leyes nuevas de Indias, así como decretos como el de Carlos I de 1526 sobre la esclavitud en las Indias que establece que “los indios sean libres y sujetos a servidumbre”, o la ley del 19/12/1593 promulgada por Felipe II que dice “que los delitos contra los indios sean castigados con mayor rigor que contra los españoles”. La magna obra hispánica fue acompañada de una legislación a favor de los más débiles – los indios nativos –  por parte de los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II que fueron quienes promulgaron esas leyes a favor de los indios por convencimiento y por la vía de razonamientos jurídico-teológicos, haciéndolo además en su pleno apogeo como reyes y gobernantes, cuando el Imperio español expresaba su forma de entender la vida y su ideal movido por la Teología. Así era la España de los Reyes Católicos, por entonces la nación más poderosa del mundo, y así se proyectó al exterior. La leyenda negra se basó en el testimonio de un fraile español, Fray Bartolomé de Las Casas, y fue rebatida en un primer momento con los datos y versiones de autores extranjeros como Reinhold Schneider, Charles F. Lummis, Walsh, Joseph Hoeffner, Lewis Hanke, Bayle, William Walsh, Fritz Schalke, etc. Sin embargo, los historiadores españoles, salvo escasas excepciones como Ramón Menéndez Pidal o Julián Juderías, no han aportado gran cosa a desmontar la leyenda negra, e incluso no pocos españoles actuales siguen creyendo que conquistadores como Francisco Pizarro o Hernán Cortés fueron unos genocidas.

Irónicamente, la estatua de Fray Bartolomé de Las Casas, que se encuentra en la plazuela de San Francisco, esta totalmente abandonada y denostada por la ciudad.

Sin embargo, hoy asistimos a una “leyenda rosa” por parte de algunos autores que van más allá de desmontar la leyenda negra, para dar una versión tan falsa como la que pretenden oponer, y apelan a la defensa de la Hispanidad como arma contra la europeidad, volviendo hoy al anacronismo histórico que supone oponer la España católica a la Europa protestante, y haciendo apología del mestizaje, que supuso a la larga la ruina y el caos de aquellos países, olvidando que fue debido al hecho de llevar a mujeres españolas al nuevo mundo, y aún así aquellos virreinatos de la nueva España funcionaron de hecho como una “pigmentocracia” donde los blancos ocupaban la cumbre de la pirámide social.

Marcelo Gullo es uno de los autores actuales de la llamada leyenda rosa: «la identidad de un pueblo no viene dada por su sangre o por el color de la piel, como creían ayer los nazis y hoy los indigenistas, sino por la lengua y los valores». O sea, que este autor de la leyenda rosa, compara a los indigenistas, que son marxistas, con los nazis. Este disparate está muy extendido entre los hispanistas de la leyenda rosa, y no es sino pura demagogia.

Respecto a la esclavitud, es cierto que las leyes de Indias la prohibían, pero debido a Las Casas, el defensor y protector de los indios que resultó ser un negrero, a los indios les sustituyeron esclavos negros procedentes de África que fueron llevados a zonas del Caribe como Cuba o Puerto Rico, motivo  por el que existen negros allí. Y esta esclavitud no solamente existió sino que se mantuvo hasta muy entrado el siglo XIX. De hecho, la esclavitud en España fue formalmente abolida en 1837 cuando aún se mantenía en Cuba y Puerto Rico, mientras que Inglaterra abolió la esclavitud antes que España, en 1807, cuando Inglaterra prohibió la trata de esclavos quedando libres desde entonces todos los esclavos de las colonias británicas. Estos son algunos detalles que omite la “leyenda rosa”.

Fray Bartolomé de Las Casas, el defensor y protector de los indios que resultó ser un negrero, sustituyéndolos por esclavos negros procedentes de África.

En conclusión, en esta fecha podemos recordar como gloria de España la grandeza de la ideal imperial del Emperador Carlos V y de Felipe II,  a los exploradores y conquistadores españoles del siglo XVI en aquella época en la que los dioses nacían en Extremadura, sin ningún remordimiento, las instituciones jurídicas en la conquista y colonización de América, las universidades creadas, las ordenanzas del trabajo de los siglos XVI y XVII, las leyes de Indias como legislación modélica para aquella época y en suma toda la magna obra social de España en América. Pero en absoluto el 12 de octubre debe servir para festejar una mal entendida defensa de la Hispanidad como contraposición a nuestra europeidad, como exaltación del mestizaje o de las anacrónicas guerras de religión entre cristianos o como fobias en forma de anglofobia o como argumento separatista respecto a Europa. América debe seguir su camino. Los pueblos americanos deben seguir su camino, pero la idea de una comunidad hispana de naciones es una utopía inviable hoy al igual que resulta un anacronismo hablar hoy del Imperio español. Nuestra civilización europea nace con Atenas y Roma. Esos son los verdaderos latinos. Nada que ver con los amerindios, hoy mal llamados “latinos”.

Eduardo Núñez

3 comentarios sobre “12 de Octubre: ¿Qué es lo que hay y lo que no hay que celebrar?”

  1. Totalmente de acuerdo, cada uno debe seguir su camino.
    Es más, ojalá nunca les hubiésemos conquistado, ni nos hubiésemos mestizado (eso es culpa del cristianismo y su igualitarismo) y ni les hubiésemos impuesto nuestra cultura, porque es algo propio e inasumible por otro pueblo que no sea el europeo.
    Y como evidencia a día de hoy hemos el resultado y lo que ocurre cuando vienen aquí.

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  2. SE INTENTÓ LIBERAR EL NUEVO CONTINENTE CON LAS CIENCIAS SOCIALES , PERO NO SE GARANTIZÒ LA INTEGRIDAD DE LOS REINOS HISPANOS EN EL MEDITERRÁNEO.

    Estoy bastante de acuerdo con algunos criterios inspiradores de estas reflexiones. La América amerindia recibió de España los frutos de la Ciencia , de la Tecnología y de la Ingeniería.. Las Universidades recogieron el legado del Derecho, de la Teología y de las Humanidades clásicas, la legislación de las encomiendas, y, al margen de las mismas, se adelantaron algunos principios del moderno Derecho del Trabajo, se buscó la sana igualdad de la dignidad en alguna medida, etc……, muy bien todo ello, muy meritorio, pero España se desangró en la empresa americana. Hay varios estudios históricos que señalan que los piratas berberiscos, del Norte de África, generalmente bajo control otomano, arrasaron muchos territorios litorales de la península, secuestraron a familias y a pueblos enteros , especialmente en la costa mediterránea ya que eran aguas territoriales y comarcas que quedaron desprotegidas ,casi por completo, al haberse volcado tantos recursos públicos y privados de todo tipo en los virreinatos americanos. Los territorios de la antigua Corona de Aragón, según algunos historiadores, pagarían un tributo humano terrible a lo largo de los siglos XVI al XVIII, de casi un millón y medio de súbditos libres del rey que fueron esclavizados por la penetración africana violenta en nuestras entrañables tierras. Esa, en mi opinión, fue otra consecuencia negativa del Imperio transoceánico de la Monarquía española.

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  3. Los hombres españoles iban solos al principio del descubrimiento mientras que los anglosajones iban con esposa o con esposa e hijos.Los reyes catolicos no promovieron ningun mestizaje,incluso le obligaron a Colon a devolver los nativos americanos a su continente,hoy en dia los progres les llamarian » racistas «.Con el paso del tiempo desde España se enviaron barcos con mujeres españolas para que se casaran con los hombres españoles que habia en America.Por supuesto donde mas nativos americanos hay fue donde estuvieron los españoles porque en Norteamerica se dedicaban a matarles por millones,su » su leyenda negra inglesa «.

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