Definiciones: Nación y Estado

El siguiente texto ha sido recuperado de El Molino, la revista digital de Bastión Frontal con la que colaboré brevemente. Para mí, es un texto que considero de interés, sobre todo, cuando hoy en día sigue habiendo entre nuestras filas, aquellos que desconocen totalmente qué es el Estado y la Nación.

He aquí el texto, el cual vuelvo a publicara para El Oso Blindado, el cual modifico con algún añadido:

Para muchos nacional revolucionarios, podría decirse que parece que las palabras Nación y Estado sean sinónimos, como si ambas hicieran referencia a un mismo significado, un único concepto. Pero, aunque podamos considerar a la Nación y el Estado como algo inseparable, también debemos tener en cuenta que no son lo mismo.

Una de las causas de esta confusión, no es otra que la evolución de nuestro idioma y, con ello, aquella terminología que podamos utilizar a diario, la cual también sufre sus variaciones con el tiempo, a la par que la política también avanza, o, como ocurre generalmente, degenera.

Por ejemplo, cuando nosotros hablamos de Estado, realmente estamos haciendo referencia a un conjunto de leyes e instituciones, pero más importante aún, hacemos referencia a un espacio geográfico ocupado, o bien por un único pueblo soberano, o bien por varios pueblos que, en un mutuo acuerdo, han decidido formalizar una unión en pro de un ideal superior que les ayudará a fraternizar entre ellos y, también, a asegurar su soberanía y existencia frente a cualquier adversidad.

Definiciones.

Por tanto, se puede decir que un Estado puede tener distintas formas. Principalmente las que se dan hoy en día son: la Nación-Estado, es decir, aquel que alberga un único pueblo soberano independiente, sin mayor diversidad étnica que la suya propia; la del Estado clásico, bien Federal o Confederal, es aquel que comprende a varios pueblos soberanos, dueños de su destino, que recorrerán en unión; y el Estado-Nación, aquel que comprende a varios pueblos, pero en el que únicamente prevalece uno de ellos por encima del resto.

Grosso modo, podría decirse que el centralismo es la imposición de la voluntad de un único pueblo sobre la de otros. Por tanto, la única cultura principal no será otra que la suya propia, mientras que las otras se ven condenadas a una paulatina desaparición, únicamente por el capricho expreso de lo que llamaremos como “pequeña globalización”. La cual, no hará otra cosa que arrollar a su paso a toda identidad, incluso, con el tiempo, la de la cultura principal, la cual perderá su ser, su identidad, al difuminarse con el Estado.

Por el contrario, el verdadero federalismo, hijo contemporáneo del foralismo, toma un papel intermedio. Es decir, existe una centralización que comprende algunos aspectos lógicos, como puede ser la sanidad, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, la economía, los recursos naturales, etc., pero otros asuntos, son supervisados, a la vez que son competencia de los pueblos federados, manteniendo también cierta descentralización.

En cambio, el confederalismo, es la máxima expresión de la descentralización de un Estado, ofreciendo una gran autonomía a sus territorios, dejando al gobierno central las competencias de liderazgo, así como las del ejército, relaciones exteriores, etc.

Con estos datos como base, podríamos decir entonces que el Estado es una herramienta del pueblo, mientras que la Nación no. Pues la Nación, puede definirse con su propia etimología, la cual encuentra su origen en el sustantivo griego ‘ethnos’ [nación] y que deriva en el adjetivo ‘ethnikos’ [etnia]. Más tarde, en la Antigua Roma, estas mismas palabras derivan en latín en ‘natio’ y ‘nationis’, que se usaban de igual forma para referirse a un pueblo o una nación con un mismo origen, idioma, costumbres, etc., aunque sus miembros fueran apátridas.

Europa.

Dicho de otra forma, la Nación es un conjunto de personas con unas características que viene n dadas desde sus antepasados, quienes les han transmitido una lengua, unas tradiciones, una cultura y un espíritu, siendo esto por definición, una etnia.

Por ello, cuando hablamos de Nación, no hablamos de un Estado independiente actual o pasado, sino de un pueblo, de una etnicidad, pues salvaguardando las distintas con la terminología liberal con su concepto de “nación política” (Estado), nuestro compendio nos refiere al concepto clásico de la “nación cultural” u “orgánica”, pues no existe otra forma de entender verdaderamente una nación.

Por desgracia, en España, parece que el compendio liberal ha tomado un mayor peso en las ultimas décadas. Esto ha influenciado a nuestras gentes, de tal forma que, preocupantemente, las mentes patrióticas y nacionalistas, aun sintiéndose orgullosas de su patria, son incapaces de alcanzar la amplitud de nuestra diversidad ibérica, que durante tantos siglos nos dio tanta fuerza.

«Nuestro compendio nos refiere al concepto clásico de la «nación cultural» u «orgánica», pues no existe otra forma de entender verdaderamente una nación».

Pues no hay que olvidar, que fue la perdida del foralismo, el olvido de las raíces populares y de lo propio, aquello que arruino de la unidad que por siglos perduró con un “sistema fracasado”, según las mentes de luces. Pero fue en aquel entonces cuando pudimos hablar de autentica unidad, de sentimiento de pertenencia.

Fue aquel sentimiento el que permitió que pudiéramos hablar de una procedencia con orgullo, sin queja alguna porque en Cataluña fuera normal el catalán, porque en León lo fuera el leones o en Vasconia el vasco. Pues la Patria Chica era orgullo de nacimiento, la Patria el orgullo de la unión y la Patria Grande, el orgullo del poder de nuestros pueblos.

Y hoy, deberíamos seguir hablando sin tapujos. Pues nuestra misión es la de construir la revolución nacional, creando un nuevo orden, un nuevo concepto en base al nacionalismo revolucionario, de raíz romántico y socialista.

Nosotros debemos revitalizar nuestras naciones, pero, sobre todo, refundar el Estado, desechando sus símbolos, su liberalismo y la reacción, en pro de la revolución nacional, con la que construir el Estado Orgánico, aquel que federa en Naciones, que federarán en Regiones y Provincias, y estas, finalmente, en nuestros Municipios, centro mismo de la vida nacional, de nuestra comunidad popular.

«Pues nuestra misión es la de construir la revolución nacional, creando un nuevo orden, un nuevo concepto en base al nacionalismo revolucionario, de raíz romántico y socialista».

Hoy, más que nunca, nosotros debemos luchar por esa otra España, por la España soñada por los revolucionarios peninsulares, la cual dejaría atrás todo símbolo y concepto liberal, por una Joven España, de nueva vida, de un nuevo amanecer, que convivirá junto a Europa bajo sus colores revolucionarios. Hoy, como en el renacimiento catalán, debemos renacer de las viejas cenizas, pero como un nuevo Fénix, rejuvenecido que traiga nueva esperanza.

Christian Revolutionarii

Un comentario en “Definiciones: Nación y Estado”

  1. Hemos de recuperar España. Nuestra España querida es, en plenitud, cada uno de los pueblos peninsulares que florecieron a lo largo de la historia. Amarla es amar por igual a una Cataluña catalana, a una Castilla castellana, a una Galicia gallega o a una Vasconia vasca. Sólo cuando la recuperemos, la entendamos y apreciemos, el separatismo y odio fraternal quedará como un mal recuerdo pretérito. La unión hace la fuerza.
    Glòria a Espanya! Glòria a Europa!

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