La política económica propia de un socialismo patriótico ha de ir dirigida a la consecución del pleno empleo. Quien se considere socialista y patriota debe ser defensor de una política económica que esté al servicio del pueblo y no de los intereses de minorías, lo que equivale a hacer una propuesta anti-neoliberal, ya que las recetas neoliberales de los organismos del capitalismo global – UE, FMI, BCE – nos han traído políticas de ajuste y de gastar menos con Zapatero, recibiendo órdenes directas de Obama, y con Rajoy, recibiendo órdenes de Angela Merkel, que causaron un enorme daño no solo a los servicios públicos sino también al empleo y los salarios, y que dieron como resultado más de un millón y medio de trabajadores al paro en España, y muchos más en el resto de Europa.
Esas políticas desastrosas provocaron que la crisis de 2008 se recrudeciera en los años siguientes. Recordemos: aquellas medidas de ajuste fiscal propias de los neoliberales supusieron la pérdida de un millón y medio de puestos de trabajo en España. Y hasta llevaron a una modificación de la Constitución, que fue aprobada mediante un acuerdo PP-PSOE estando las Cortes de vacaciones. Fue la reforma en 2011 del Art. 135 de la Constitución para dar prioridad en el gasto público al pago de los intereses y el capital de la deuda pública, para satisfacer a los grandes acreedores, es decir, bancos y fondos de inversión. Fue el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, el que aconsejó las políticas de ajuste a los países del sur de Europa basándose en la perspectiva neoliberal. Después, tras constatar el dramático resultado de las medidas propuestas en países como Grecia y España, se retractó, reconociendo que el multiplicador del gasto público podía ser mucho mayor de lo asumido, lo que explicaría el tremendo impacto negativo de las políticas de austeridad fiscal sobre el PIB y el empleo. Por ello, el camino al equilibrio fiscal, al equilibrio de la balanza fiscal, no debería pasar por todos los sacrificios que acarrean para el pueblo estas políticas de ajuste, sino que, por el contrario, debe pasar por un estímulo de la economía que la lleve al pleno empleo. De hecho, una política fiscal expansiva, que transitoriamente eleve el gasto público, el déficit público y el déficit fiscal, puede ayudar, si se acompaña por el resto de la política económica y el control de las fronteras nacionales, a llegar al pleno empleo. Y una vez en el pleno empleo, será posible reducir drásticamente o incluso eliminar y revertir el déficit fiscal gracias al aumento de la recaudación y la disminución del gasto en subsidios y subvenciones. Esta no es solo la vieja receta keynesiana, que tan útil se ha revelado cuando se ha aplicado correctamente, sino más allá de ello, es una forma de plantar cara al daño que la globalización y los dogmas y mitos neoliberales han causado a nuestros trabajadores, asalariados o no, a través de tres fenómenos: la inmigración como consecuencia de la libre circulación de mano de obra, las deslocalizaciones como consecuencia de la libre circulación de capitales, y las importaciones con competencia desleal como consecuencia de la libre circulación de mercancías.
De ahí que una propuesta anti-liberal en el caso de España debería empezar por recuperar la soberanía económica, recuperar la soberanía nacional sobre la política económica, lo que implica la soberanía en política monetaria, la soberanía en política fiscal, en política de comercio exterior y sobre sus fronteras. Esto es imprescindible para que dicha soberanía se pueda ejercer en beneficio de nuestros trabajadores y de nuestra economía, protegiéndola del daño que le inflinge la pérdida de soberanía en medio de una globalización económica descontrolada. Así, la recuperación de la soberanía monetaria haría posible una bajada de los tipos de interés reales perpetuamente en torno al 0%. Y la recuperación de la soberanía en política fiscal permitiría una política fiscal que garantice lograr el pleno empleo y, como resultado, disminuir notablemente el déficit fiscal mediante una combinación de políticas fiscal, monetaria, de comercio exterior y de control de las fronteras y de la inmigración.

Por ello, la soberanía nacional es una condición necesaria para que el poder del Estado se ejerza en nombre del pueblo y en beneficio de éste para contrarrestar el enorme poder que las élites económicas internacionales tienen sobre las economías nacionales en esta fase globalizada de desarrollo del capitalismo que se conoce como capitalismo global. La recuperación de la soberanía es, por tanto, imprescindible para que nuestra administración pueda desarrollar la política económica que más beneficie a nuestro pueblo. Y de esa política, la meta prioritaria es alcanzar el pleno empleo, y a través de él, el equilibrio fiscal, el equilibrio de las cuentas fiscales. Y para recuperar nuestra soberanía económica quizás no fuera necesario ni salir de la UE ni de la zona euro sino que bastaría con transformar la UE con la ayuda de las fuerzas políticas patrióticas de otros países de Europa, que son políticamente cada vez más numerosas, y por otro lado, adoptar un bimonetarismo que hiciera compatibles las ventajas del euro para el comercio con las ventajas de la soberanía sobre la política económica, monetaria y fiscal. Pero con todo, el pleno empleo y la eliminación del déficit fiscal no son los únicos objetivos que debería plantearse una economía dirigida para la economía española. La defensa y extensión del Estado del bienestar, la eliminación del fraude y de la picaresca en subvenciones y subsidios, y la evasión de impuestos son lacras a eliminar, pero además nuestra estructura económica actual es muy dependiente de las importaciones, y para reducir esa dependencia de las importaciones habría que transformar nuestra economía en otra mediante un cambio del modelo productivo y un programa o un plan de reindustrialización de España que debería ser llevado a cabo por ingenieros y contemple tanto la adopción de alta tecnología como de energías limpias y procedimientos de producción respetuosos con el medio ambiente. Y esto es necesario porque aunque una política económica que incluya una política fiscal expansiva y una política monetaria de bajos tipos de interés es el marco económico-financiero más adecuado para un proyecto de transformación social y económica de España, es evidente que trazar un plan de transformación y de reindustrialización de la economía española requiere la intervención de ingenieros, geólogos, ecólogos y demás profesionales y científicos, unido a que España necesita invertir en vivienda y comenzar la reindustrialización de España por aquellos sectores que más importaciones ahorrarían a nuestra economía nacional, como es el de la producción de energía, en la que somos totalmente dependientes de otros países.
Todo ello es necesario para alcanzar el pleno empleo, y gracias a él, después llegar a una reducción sustancial del déficit fiscal. Pero todo esto va mucho más allá de una cuestión económica, es una cuestión de supervivencia de nuestro pueblo ya que nuestra natalidad se hunde mientras el mercado de trabajo capitalista nos reemplaza por trabajadores extranjeros. Una natalidad insuficiente para reponer las siguientes generaciones no es un asunto exclusivamente económico, pues también existen factores culturales y sociales que intervienen en ello, pero indudablemente la economía es uno de los factores esenciales en este fenómeno ya que nuestros jóvenes tardan demasiado en conseguir empleos estables y bien remunerados como para permitirse adquirir una vivienda y formar una familia. Por ello, llevar la economía al pleno empleo es un paso necesario para garantizar a los jóvenes, y no solo a ellos, empleos estables y salarios dignos. Y de nuevo, para ello previamente España debería recuperar la soberanía sobre su política económica, así como el control de sus fronteras, y seguidamente llevar a cabo un plan de acción que actúe directa y principalmente estos cinco ámbitos de la economía:
-Una política fiscal expansiva, es decir, un aumento del gasto público sin aumento de impuestos para financiarlo.
-Una política monetaria expansiva que financie el gasto público adicional y que baje el tipo de interés básico al 0% para fomentar la inversión y el consumo.
-En comercio exterior, prohibir las importaciones de mercancías producidas en condiciones que están prohibidas en España y que, por tanto, someten a nuestros productores a una competencia desleal, lo que junto al fomento de la producción de energías renovables en España podría reducir con el tiempo nuestras importaciones.

– Respecto a la inflación y el nivel de precios, la propuesta sería eliminar los beneficios de monopolio en los sectores estratégicos para evitar la inflación procedente de márgenes de beneficio abusivos, un pacto de rentas para controlar cualquier grado de inflación que resulte lesivo y una firme vigilancia para su estricto cumplimiento. Esto implica un control estatal o social de los sectores estratégicos, en especial la banca y la energía.
-En relación a las fronteras, un control drástico de la inmigración para evitar que un posible efecto llamada, consecuencia de una disminución del desempleo, siguiera alimentando el ejército de parados que mantiene bajos los salarios. Por eso, la tasa neta de inmigración debe ser negativa, especialmente mientras en España exista desempleo u subempleo, es decir, mientras haya españoles desempleados o subempleados.

A esos cinco puntos básicos podríamos añadir entre otras medidas, las siguientes:
-Defensa y extensión del Estado del bienestar. Patriotismo es solidaridad, y ello implica eliminar la evasión de impuestos y acabar con sociedades como las SICAV en las que las grandes fortunas tributan a un 1%. También son necesarias medidas sociales y laborales para el fomento de la natalidad autóctona, ya que el pleno empleo y una tasa de natalidad suficiente para la reposición de las generaciones garantizarán la viabilidad del Estado del bienestar.
-Protección de la economía productiva frente a la economía financiera. Esto se llevaría a la práctica mediante un impuesto sobre transacciones financieras especulativas destinado a estabilizar la economía y a ayudar al desarrollo del Tercer Mundo, que de esa forma, no se vería tentado a la emigración de su población joven como única salida a su existencia.
-Respecto a la empresa, por un lado, habría que eliminar las trabas burocráticas y fiscales para la creación de empresas, y con ellas, de puestos de trabajo. Protección de las PYMEs y la equiparación en protección social de los trabajadores autónomos con los trabajadores por cuenta ajena. Y, por otro lado, hoy se hace necesario una nueva estructura de la empresa, en la que todos los puestos de trabajo sean fijos, y que fomente la copropiedad y la cogestión por parte de los trabajadores como una solución al problema del desempleo tecnológico, es decir, el desempleo causado por las nuevas tecnologías.

– La estructura económica de España es muy dependiente de las importaciones. Para reducir esa dependencia sería necesaria una política arancelaria que pusiera aranceles para los productos extranjeros que compitan con productos españoles mediante dumping social o ambiental. Y, por otro lado, penalizar las deslocalizaciones industriales, de empresas o de inversiones mediante impuestos o aranceles. Otra medida en este sentido sería la de adoptar medidas fiscales para la protección del medio natural y el fomento de las energías limpias y renovables.
Si la UE supusiera un obstáculo para estas medidas y propuestas, habría que condicionar la relación de España con la actual UE a su transformación en un sentido social e identitario. A la vez, seria preciso el abandono de la OTAN para conseguir la independencia nacional frente al bloque geopolítico atlantista, unido al establecimiento de relaciones de amistad y cooperación con Rusia como necesidad geopolítica frente a quienes mantienen secuestrada nuestra soberanía sin la cual es imposible llevar a cabo estas políticas públicas al servicio de nuestro pueblo y de los derechos de nuestros trabajadores.
Eduardo Núñez

100% de acuerdo.Una duda,historicamente España e un país que no genera ahorro y por tanto capital propio.
Cualquier medida de soberanía sería respondida inmediatamente con la migración masiva de capitales y toda la problemática social que eso generaría.
Nada más empezar tienes falta de capitales que te impiden dinamizar la economía y una población descontenta por la falta de capacidad del estado para auxiliarla.
Solo te queda algo parecido a los bonos MEFO.
Vemos economías como la de Irán,Venezuela o Corea del N.han sido o fueron en parte cortocircuitadas por estas cuestiones (dejando de lado la mayor o menor pericia de su gestión económica).
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