Cuando Wittgenstein se burló de sus oyentes

Me pidieron un comentario sobre la conferencia que dictó Ludwig Wittgenstein sobre ética entre 1929 y 1930 en Londres y que fuera publicada recién en 1965.

Después de leerla detenidamente lo primero que pensé es: “pobres tipos los que asistieron porque seguro que la mayoría quedó en Babia.”

Comienza pidiendo disculpas porque su lengua no es el inglés sino el alemán y, sin embargo, la conferencia va a ser un retruécano de palabras para terminar afirmando que; “Nada de lo que somos capaces de pensar o de decir puede constituir el objeto de la ética”, o pero aún “La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo sobre el sentido último de la vida, sobre lo absolutamente bueno, lo absolutamente valioso, no puede ser una ciencia”.

W. acepta la definición de ética de G. Moore quien en sus Principia Ethica de 1910, dice que es la investigación sobre lo bueno, Recordemos que Moore termina afirmando que no podemos definir lo bueno ni saber a ciencia cierta qué es.

Y entonces me pregunto ¿para qué dictó esta conferencia? Para hablar por hablar, para hablar al ñudo. ¿Qué es entonces la ética para W? Y responde al final: “Lo que dice la ética no añade nada, en ningún sentido, a nuestro conocimiento. Pero es un testimonio de una tendencia del espíritu humano”.

La exigencia lógica que W. le pide a toda la filosofía en general no la tiene él con la ética, pues todo puede ser una tendencia del espíritu humano. Une boutade, para decirlo elegantemente.

Es cierto que lo que busca es “arremeter contra los límites del lenguaje” y realiza la distinción entre proposiciones de valor relativo, que versan sobre los hechos y de valor absoluto, como los de la ética sobre la que no podemos decir nada.

Ludwig Wittgenstein.

Y para asombro de los pobres oyentes afirma: “La ética, de ser algo, es sobrenatural y nuestras palabras sólo expresan hechos”.

Estimo, calculo, colijo, que los pobres oyentes habrán aplaudido mirándose unos a otros para ver qué cara ponía cada uno.

Alberto Buela

2 comentarios sobre “Cuando Wittgenstein se burló de sus oyentes”

  1. LA TRASCENDENCIA LÓGICA DE LA ÉTICA NO IMPLICA SU ENCADENAMIENTO EN LAS LIMITACINES DEL LENGUAJE.

    Vencer la trampa del lenguaje conlleva reformar la visión de los problemas. Vencer una trampa del lenguaje aparentemente es huir del lenguaje posponiéndolo, pero en realidad es una forma de enriquecerlo. La Ética es la respuesta más que probable a un dilema social o personal , recordemos la aparente LOGOMAQUÍA de la Escuela de Salamanca ( s. XVI- XVII ) que fue fecunda para vencer tantas aporías. Diseñando la brújula ética del Derecho Internacional.
    Wittgenstein, en esa conferencia londinense, es muy lógico, no quiere ser pretencioso endiosando la Ética que tiene un origen y una finalidad más que utilitaria siendo las palabras instrumentos de utilidad en diferentes formas y grados. Hay cosas que comienzan a ser conocidas de una forma distinta gracias al lenguaje. La máxima de la Rochefoucauld, que cita el gran Historiador de la Moral Occidental, Crane Brinton, » Hay quienes nunca hubieran amado si no hubiesen oído hablar de amor», nos aproxima a una forma especial de destilar sentimientos. El moralista escandalizado es Tácito o» una pluma amargada como la de Henry Adams», pero , según Brinton, » un ponderado y concienzudo filósofo moral como Tucídides o un narrador brillante , no excesivamente volteriano, como Heródoto», por el contrario, nos ofrecerían una comprensión más precisa de la utilidad de los principios, y , sobre todo, de las diferentes conductas morales explicadas en su escenario histórico.
    Podemos descubrir y también postular un Derecho Natural nunca cerrado en sus definiciones universales debido a las contingencias existenciales e históricas, pero si hablamos ya de una Ética del creyente cristiano, ciertamente la perspectiva de Wittgenstein de dejar paso a lo indefinible para el científico y el no creyente, se darían la mano, curiosamente, con la postura de Santa Catalina de Siena que afirmó » En tu luz veo que parece que la libre voluntad que nos ha dado se fortalece con la luz de la fe, pues con ella conoce tu eterna voluntad» . Es decir conoce de una forma especial, de una distinta; de una forma novedosa, aunándose libertad y ley.

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  2. LA TRASCENDENCIA LÓGICA DE LA ÉTICA NO IMPLICA SU ENCADENAMIENTO EN LAS LIMITACIONES DEL LENGUAJE.

    Vencer la trampa del lenguaje conlleva reformar la visión de los problemas. Vencer una trampa del lenguaje aparentemente es huir del lenguaje posponiéndolo, pero en realidad es una forma de enriquecerlo. La Ética es la respuesta más que probable a un dilema social o personal , recordemos la aparente LOGOMAQUÍA de la Escuela de Salamanca ( s. XVI- XVII ) que fue fecunda para vencer tantas aporías. Diseñando la brújula ética del Derecho Internacional.
    Wittgenstein, en esa conferencia londinense, es muy lógico, no quiere ser pretencioso endiosando la Ética que tiene un origen y una finalidad más que utilitaria siendo las palabras instrumentos de utilidad en diferentes formas y grados. Hay cosas que comienzan a ser conocidas de una forma distinta gracias al lenguaje. La máxima de la Rochefoucauld, que cita el gran Historiador de la Moral Occidental, Crane Brinton, » Hay quienes nunca hubieran amado si no hubiesen oído hablar de amor», nos aproxima a una forma especial de destilar sentimientos. El moralista escandalizado es Tácito o» una pluma amargada como la de Henry Adams», pero , según Brinton, » un ponderado y concienzudo filósofo moral como Tucídides o un narrador brillante , no excesivamente volteriano, como Heródoto», por el contrario, nos ofrecerían una comprensión más precisa de la utilidad de los principios, y , sobre todo, de las diferentes conductas morales explicadas en su escenario histórico.
    Podemos descubrir y también postular un Derecho Natural nunca cerrado en sus definiciones universales debido a las contingencias existenciales e históricas, pero si hablamos ya de una Ética del creyente cristiano, ciertamente la perspectiva de Wittgenstein de dejar paso a lo indefinible para el científico y el no creyente, se darían la mano, curiosamente, con la postura de Santa Catalina de Siena que afirmó » En tu luz veo que parece que la libre voluntad que nos ha dado se fortalece con la luz de la fe, pues con ella conoce tu eterna voluntad» . Es decir conoce de una forma especial, de una distinta; de una forma novedosa, aunándose libertad y ley.
    LUIS FERNANDO TORRES VICENTE

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