El 29 de octubre de 2033, si Dios lo quiere, nuestros ojos verán el centenario de la fundación de Falange Española. No obstante, hasta que llegue el momento, uno de los movimientos y partidos más longevos del espectro político español va a tener que hacer frente a una de las mayores encrucijadas políticas de su historia, en un tema que ni los mismos fundadores hubieran siquiera pensado, pero para el que trazaron vagos esbozos.
«Un movimiento, dos almas»
Y es que, al igual que en la geopolítica internacional, Falange ha vivido, como movimiento español, entre volcar su política exterior hacia Hispanoamérica, con el propósito de intentar crear un área de influencia, o retornar a su viejo y crucial papel en el concierto de las naciones europeas. Dicha encrucijada tenía, tras la pérdida de Cuba y Filipinas, una válvula de escape en la zona norte de Marruecos, Guinea Ecuatorial, Sidi Ifni o el Sáhara.
Para desgracia de los diletantes, la historia, ahora sí, ha puesto nuevamente a Falange Española ante el mismo dilema. La diferencia es que los posicionamientos tienen implicaciones demográficas muy profundas y ambas posturas, a la vez, son irreconciliables.
Por un lado, tenemos al sector juvenil, que se reconoce en figuras como Ramiro Ledesma y que siente mayor apego por el proyecto europeo. Esta franja de votantes, militantes y activistas es muy joven, pero muy numerosa, y no se siente identificada ni con la inmigración hispanoamericana ni con los vínculos espirituales que tradicionalmente ha sustentado el falangismo.

Podríamos también encontrar exponentes de estos postulados en germanófilos como el primer Manuel Hedilla —el cual era apoyado por el Abwehr— o Julio Martínez Santa-Olalla —falangista y jefe de la Ahnenerbe en España—.
Este planteamiento enfatiza que las declaraciones sobre la Hispanidad de los fundadores de Falange Española estaban hechas en un contexto en el que no existía la presión migratoria actual y que, por tanto, solo se pueden tomar como una «Hispanidad retórica» más que como una «Hispanidad práctica».

En segundo lugar, y con más veteranía, muchos procedentes de la generación del «baby boom» se encuentran en la ya clásica posición falangista, en la que se apela a Hispanoamérica como proyección de la Empresa Universal tantas veces mencionada por José Antonio Primo de Rivera y como un Imperio de Hermandad Espiritual en el que poder proyectar grandes empresas, como una unidad hispánica.
Este planteamiento tiene incluso posturas antirracistas y cercanas al irredentismo imperial hispánico.
Vistos ambos puntos de vista, cabe señalar que ambos tienen un defecto común:
1. La ambigüedad e incluso contradicción con que se manifestaron los fundadores de Falange acerca de ciertas temáticas, debido a sus muertes tempranas.
2. Que los fundadores, al morir tan jóvenes, jamás alcanzaran la etapa madura de su pensamiento y, con ello, el proceso de ejecución e implementación de sus proyectos políticos.
3. Posiciones tan equidistantes de las de los fundadores que pueden ser leídas desde varios puntos de vista ideológicos diferentes.

Dejando de lado estas dificultades iniciales, cabe decir que, si bien Falange siempre realzó su carácter hispánico, para nadie eran desconocidas ni la relación de José Antonio Primo de Rivera con Mussolini ni la admiración de Ramiro Ledesma u Onésimo Redondo por Hitler.
De hecho, el mismo nacionalsindicalismo incluía las instituciones naturales del hombre, asemejándose ligeramente a la comunidad popular e incluso planteando la intervención del Estado en un grado parecido al caso italiano.
Tampoco creo que, a estas alturas, sea secreto alguno que las principales misiones de rescate de José Antonio Primo de Rivera las llevaron a cabo los alemanes, cónsul honorario incluido.
Todos estos rasgos y determinados posicionamientos, tanto de Dionisio Ridruejo como de Ramón Serrano Suñer, de Sancho Dávila y de Agustín Aznar, pueden darnos una pista de la orientación que tenía Falange Española de las JONS y que casi tuvo hasta que las potencias del Eje fueron derrotadas, por mucho que lo nieguen.
Pero, en otro orden de cosas, no es menos cierto que existe una vocación imperial, en el sentido literal de la palabra, y que, en el mestizaje con otros pueblos de Hispanoamérica, muchos falangistas, menos numerosos, pero más veteranos, han visto una oportunidad tanto de reconstruir un «Imperio multirracial» como de recatolificar España.
Teóricos como Ramiro de Maeztu o Gustavo Bueno han defendido esta tesis: el primero, con su célebre discurso sobre la Hispanidad, y el segundo, con la teoría de la Iberofonía, adoptada por Santiago Armesilla.

Los problemas de este segundo planteamiento son los siguientes:
1. A pesar de los múltiples puntos en común, las diferencias étnicas y culturales siguen presentes en todo el mundo hispano.
2. PP y Vox ya han captado al voto hispano anticomunista potencial que podría votar a Falange.
3. La existencia de fuerzas indigenistas, castristas, sandinistas y chavistas que ocuparían el espacio revolucionario de una hipotética expansión del nacionalsindicalismo.
4. Una independencia que, aun siendo «fascinerosos liberales», tiene el apoyo popular; véase Bolívar, Belgrano o Morazán.
En definitiva, este último proyecto nos plantea muchos castillos en el aire. No obstante, de lo que podemos estar seguros es de que Falange Española es un movimiento con dos almas antagónicas.

¿Lograrán los jóvenes definitivamente incorporar a España al concierto de las naciones europeas y reencontrarse con Grecia y Roma? ¿O, por el contrario, volverá la espalda a Europa e intentará España una nueva aventura imperial?
Pase lo que pase, será un debate muy interesante.
Guillermo González Fernández

«Concretando la ayuda específica que la Falange Española recibía por parte de Alemania se debe citar el destino de instructores alemanes a las academias militares falangistas de Sevilla y de Salamanca. La petición de la misma la realicé al embajador Von Faupel, pero recalqué que no aceptaríamos intromisiones políticas nacional-socialistas.»
«El sentido pagano en el culto a la patria y del subordinamiento a la raza, a la fuerza, etc, que se advierte en algunos movimientos extranjeros de tipo análogo, se sustituye en el nuestro por una fuerte dosis de espiritualismo, muy de acuerdo con nuestra tradición.»
Manuel Hedilla Larrey
Ser germanófilo debe significar que te gustan los tanques alemanes o algo así 😂
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