La marcha de la independencia polaca celebra la independencia que consiguió el país en 1918 del Imperio ruso, alemán y austrohúngaro.
Irónicamente, esos mismos aliados, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, que crearon en aquel entonces la nación independiente polaca para debilitar a Alemania y así imponer el liberalismo en Europa, hoy en día ven cómo ese mismo día de celebración funciona como un grito de resistencia hacia sus políticas.
Desde las primeras horas de la mañana, bajo el Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia, se alzaron gritos implacables contra la pornografía, la inmigración y las políticas LGBT. Se vendieron libros, pegatinas y ropa patriótica.
En pocas horas, la plaza se llenó de banderas. Una muchedumbre de hombres, mujeres, ancianos y niños se unió para celebrar su nación. Pronto comenzaron las oraciones y letanías católicas, recitadas por un cura a través de un micrófono y repetidas en coro por todos los presentes. Por supuesto, no faltaron los militantes de la ONR (Obóz Narodowo-Radykalny).


Tampoco faltaron los nacionalistas europeos de otros países que suelen asistir a este evento. Estaban ubicados en un lugar específico, y con dificultad logré abrirme paso entre la multitud hasta alcanzarlos. Habían llegado de toda Europa: Italia, Alemania, Francia, Serbia, República Checa, Suecia y más. Incluso había un activista estadounidense de Patriot Front.
Lamentablemente, no vi a ningún español, pero es comprensible, ya que estaban muy ocupados en Madrid con las protestas contra el gobierno.
También estaban presentes los miembros de «White Lives Matter» con sus propias banderas y una pancarta que decía «White Countries for White People». Por supuesto, había banderas adornadas con la cruz céltica y el sol negro.

Entre todas esas banderas, comenzaron los cantos y los himnos nacionalistas, acompañados por bengalas y tambores. Alrededor del mediodía, iniciamos la marcha. Marchamos hasta cruzar el puente Poniatowski y más allá. Para entonces, ya había oscurecido, y el fuego rojo de las bengalas se intensificó aún más. En ningún momento cesaron los coros ni el ondear de las banderas.
Esta marcha representa, para muchos nacionalistas en toda Europa, un grito de batalla, una protesta contra una Europa que no les representa, y la invocación de una Europa nueva. No una Europa de burócratas, banqueros y pateras, sino una Europa de familias, pueblos y tradiciones. Cada año, durante la marcha de la independencia allí en Polonia, patriotas de toda Europa construyen una trinchera.
Raul
