El jueves 10 de Octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, bajo el lema “Derrumbando estigmas de salud mental en el ámbito laboral”. Para ello se han puesto en marcha por parte de algunos sindicatos una campaña de sensibilización y denuncia de la elevada estigmatización de los trabajadores con enfermedades de salud mental y de la escasa inversión y de recursos en materia de salud mental en los servicios públicos de salud, ya que no existe dotación económica suficiente para la contratación de profesionales ni se han establecido unos ratios mínimos.
Veamos algunos datos sumamente preocupantes:
Una de cada cuatro personas experimenta algún problema de salud mental a lo largo de su vida.
Se sabe que la lista de espera para ser valorado por los servicios de psiquiatría es de dos meses de media (aunque en Andalucía y Castilla-La Mancha puede llegar hasta 4 y 5 meses, respectivamente, para la primera consulta y en Aragón, hasta 9 meses). Por otro lado, el plazo para ser recibido por los profesionales de psicología clínica es de unos cuatro meses, pudiendo llegar hasta seis en Cantabria y Castilla y León y un año en Aragón.

España cuenta con una media de 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, cifra muy inferior a la media europea (18 psicólogos por cada 100.000 habitantes). Por su parte, el número de psiquiatras en la sanidad pública también es limitado, lo que agrava el problema de una atención insuficiente.
El estigma de la salud mental en el trabajo consiste en que se tenga que ocultar en el ámbito laboral los problemas de salud mental por miedo a ser despedidos, discriminados, acosados o que pueda afectar a su carrera profesional. Supone un perjuicio grande para las organizaciones, puesto que es un indicador del clima laboral. Los profesionales no perciben que la empresa sea un lugar seguro donde poder expresar abiertamente que se tiene un problema de salud, influya o no en su rendimiento.

En España, alrededor del 19% de la población sufre alguna enfermedad mental a lo largo de su vida. Según datos del Ministerio de Sanidad y otras fuentes, se estima que una de cada cinco personas experimenta algún tipo de trastorno mental, como la depresión, la ansiedad, fobias, angustia o trastornos más graves como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.
En 2023, España alcanzó un récord histórico en bajas laborales por problemas psicológicos, registrando casi 600.000 incapacidades temporales relacionadas con trastornos mentales, como la ansiedad y la depresión. Este número aumentó un 13,6% respecto al año anterior y es más del doble en comparación con las cifras de hace siete años. Estos trastornos representan aproximadamente el 8,2% del total de bajas laborales del país.

Las causas principales de estos problemas están vinculadas al estrés laboral, la precariedad en el empleo, la sobrecarga de trabajo y la dificultad para conciliar. En España, el coste asociado a las bajas por problemas psicológicos se proyecta en más de 30.000 millones de euros en 2023, lo que supone más de dos puntos del PIB del país.
Rara vez una baja psicológica se reconoce como accidente de trabajo o enfermedad profesional, la gestión psicosocial sigue siendo teniendo muchas carencias y falta apoyo psicológico a los profesionales. Los costes de salud mental relacionados con el absentismo superan a los derivados de cualquier otro tipo de enfermedad.
En España, las cifras de suicidios son alarmantes año tras año; en 2023, según los datos provisionales del INE, se suicidaron 3.952 personas, siendo 2.952 hombres y 1.000 mujeres. Respecto a 2022 ha habido un ligero descenso de 6,5% pero las cifras reflejan que la gestión de la salud mental en España sigue siendo deficiente, ya que fallecen una media de 11 personas al día por suicidios, la gran mayoría hombres. Seguramente las leyes feministas del hembrismo institucional y sus consecuencias tienen una gran parte de responsabilidad de esos suicidios de varones en España. Una adecuada prevención de los suicidios debería plantearse estas cosas en serio.

Ante esta crisis sanitaria en salud mental, es urgente abordar también en el ámbito laboral los desafíos para el bienestar mental y emocional de los empleados, la salud mental en el trabajo y la prevención del suicidio. Así, la detección precoz de problemas psicológicos no solo debería ser desde los servicios de atención primaria y salud mental sino también desde Salud laboral. De esta manera, se debe constituir una red de apoyo profesional eficaz que haga una atención integral y de calidad. También es prioritario reforzar los servicios públicos de salud, pues cada vez son más los casos de personas que solicitan apoyo psicológico por su situación laboral.
Para gestionar esta crisis sanitaria en salud mental habría que incluir, entre otras, las siguientes medidas entre las actuaciones en el ámbito laboral:
– Dotar de mayor presupuesto a los Servicios Públicos de Salud para aumentar la cartera de profesionales de salud mental.
– Actualización del cuadro de enfermedades profesionales, incluyendo el ‘síndrome del trabajador quemado’ (‘burnout’) y otros trastornos del comportamiento, como el estrés postraumático, y trastornos de ansiedad.
– Desbloqueo en el reconocimiento de trastornos mentales relacionados con el trabajo como accidente laboral o enfermedad profesional.
– Planes de promoción de salud, bienestar laboral y prevención de conductas suicidas.
– Políticas de rehabilitación y retorno al trabajo tras bajas de larga duración.
– Programas de apoyo psicológico a los empleados.
– Campañas de sensibilización para reducir la estigmatización, concientización sobre la salud mental y promover una cultura de comprensión.
– Incluir el criterio de la “profesión” en los registros de suicidios consumados, tanto nacionales como autonómicos.

Todo eso está muy bien, pero no es suficiente porque el problema no solo se da en el ámbito laboral, es mucho más profundo, más de fondo, y no se soluciona tampoco a base de medicar a la gente, sino que tiene mucho que ver con el hecho de vivir en una sociedad enferma, inmadura y líquida, que da lugar a personas flojas, débiles, y atontadas. Existe también una ansiedad generalizada y silenciosa que generalmente pasa desapercibida para la mayoría de las personas ya que no se manifiesta a través de síntomas evidentes como los movimientos nerviosos, pero que puede afectar enormemente la calidad de vida de quien la padece porque es un tipo de ansiedad que corroe por dentro, generando una angustia y aprensión particularmente intensas que se quedan atrapadas dentro de la persona. El sedentarismo, la falta de ejercicio físico con regularidad, la falta de descanso, y el consumo de estimulantes tan habituales en las sociedades industrializadas no ayudan, desde luego sino todo lo contrario, agravan todos estos trastornos. A ello hay que sumarle la adicción al móvil, y a las series en plataformas que adoctrinan en la ideología “woke” e idiotizan a la gente, lo que unido a la inmigración masiva no europea en las sociedades europeas ha tenido como consecuencia una bajada en el Cociente Intelectual (C.I.) medio de la población, es decir que la gente es cada vez menos inteligente, lo que explica muchas cosas. El aumento de asesinatos a mujeres por parte de inmigrantes es algo que cada vez es más difícil de ocultar para los negacionistas de la invasión que viven alejados de la realidad de los barrios, defendiendo el relato ideológico de quien les paga.
En definitiva, una sociedad enferma produce individuos enfermos. Pero esta reflexión pocos la hacen.
Eduardo Núñez
