Un sindicalismo para el siglo XXI

En esta ocasión vamos a tratar de un tema que no interesa a los fachas, ya sea porque tienen su vida resuelta, ya sea porque políticamente son de derechas, aunque no lo quieran reconocer. Su preocupación mayor es la “amnistía” que mantiene a Sánchez en el gobierno, y sacar la “roja y gualda” con el toro de Osborne en la calle Ferraz de Madrid junto a lo más representativo del “nacional-frikismo”. Vamos a tratar de la conveniencia de un sindicalismo revolucionario en el siglo XXI. Seguramente para los mencionados, eso del sindicalismo es cosa de rojos y se perdió su razón de ser desde que se crearon los fundamentos del Estado de bienestar, pero sucede que hoy asistimos a un retroceso de todas las conquistas de los sociales, laborales y sindicales que tanto costó conseguir.

El movimiento obrero, y sus primeras asociaciones, surgen históricamente en las primeras décadas del siglo XIX en una triple dirección: la protesta social, las primeras manifestaciones del sindicalismo obrero y la agitación por una reforma política, y todo ello con el trasfondo y el deseo de ir a una nueva forma de vida y un nuevo modelo de sociedad en un momento en el que el capitalismo era brutal.

Cuando Marx dijo que “los trabajadores no tienen patria”, en el momento que lo dijo tenía razón, pues entonces todos los Estados burgueses estaban para defender los intereses de la burguesía y no del pueblo. La primera vez en la historia que eso dejó de ser así fue con el triunfo del fascismo italiano, que había nacido en 1919 desde las filas del sindicalismo revolucionario como quedó plasmado en el Manifiesto fascista de San Sepolcro en Milán.

El fascismo aporta en la Europa de entreguerras una fórmula nueva que sigue siendo necesaria hoy: el patriotismo revolucionario, que además lo diferenciaba de las derechas. El patriotismo revolucionario consiste en fusionar el patriotismo con la lucha obrera de los trabajadores, lo que es indispensable para transformar la sociedad y para afrontar el problema social (que incluye el problema agrario, el problema financiero y el problema industrial) en un sistema económico capitalista, y más aún en el capitalismo del siglo XXI, que es global, es decir, la globalización o mundialización. Y es que el patriotismo que no sea social es patrioterismo, y por tanto, es una estafa.

Vamos a recordar por encima algunos hechos relativos a los fascismos más destacados del siglo XXI, el italiano, y el alemán, y también del fascismo fundacional español, que son poco conocidos pero muy importantes para entender de una vez cual es la esencia del fascismo.

En Italia, la UIL, Unione Italiana del Lavoro (Unión Italiana del Trabajo) fue un sindicato italiano activo de 1918 a 1925, que agrupaba a los sindicalistas revolucionarios italianos y que posteriormente sirvió como el primer sindicato fascista. Este sindicato, después de 1919, fue dirigido por el sindicalista italiano Alceste de Ambris (1874-1934), fundador y máximo exponente del sindicalismo revolucionario en Italia, y del movimiento republicano y mazziniano «Novecento». Este sindicalista, en 1913 había abandonado la USI, un sindicato anarcosindicalista italiano, y fue uno de los fundadores del Fasci d´Azione Rivoluzionaria, que era una escisión intervencionista del Partido Socialista Italiano, fundada y liderada por Mussolini, hasta ese momento director del diario socialista “Avanti”. La escisión no fue por dejar de ser socialista sino por ser partidario del intervencionismo de Italia en la Primera Guerra Mundial.

Alceste de Ambris.

Alceste de Ambris posteriormente, participará en 1919 en el establecimiento del Estado libre de Fiume y será coautor, junto con Gabriele D´Annunzio, de la “Carta de Carnaro”, nombre con el que se designó a la constitución de ese Estado, y que influyó mucho en el fascismo. Alceste de Ambris es considerado como una de las piezas claves en el nacimiento del fascismo y uno de sus principales ideólogos, siendo el redactor del Manifiesto Futurista junto a Marinetti. A pesar de eso, Alceste de Ambris más adelante se sintió decepcionado por el rumbo adoptado por Mussolini durante el “Ventennio”, lo que le hará abandonar el fascio e Italia, yéndose a Francia, donde falleció en 1934. En cambio, su hermano Amilcare de Ambris (1884-1951), también sindicalista, y otro histórico del sindicalismo italiano, será un fascista radical.

Mussolini había declarado su respaldo a la UIL, que serviría como el movimiento sindical de Mussolini, participando en la reunión del Santo Sepulcro con los representantes milaneses de esta organización, sin dejar de mencionar a sindicalistas revolucionarios que participaron en esta reunión también como Michele Bianchi (1883-1930), dirigente sindicalista revolucionario, y uno de los cuatro dirigentes de la Marcha sobre Roma con Mussolini y de los fundadores del Partido Nacional Fascista. Llegando a ser Ministro de Obras Públicas en 1929; y Agostino Lanzillo (1886-1952), otro líder sindicalista revolucionario, seguidor de Georges Sorel, y más tarde, fascista, licenciado en Derecho, y autor de una tesis sobre Proudhon en la Universidad de Roma. Fue miembro del Consejo Nacional de las Corporaciones en 1931 durante el régimen fascista.

En 1921 el movimiento sindical fascista se afirmó en Ferrara, se separó de la UIL y se propagó y reprodujo en otras partes de Italia. El sindicato confluyó en 1925 con la entidad fascista Confederazione Generale del Lavoro (CGL). Esos son los orígenes del fascismo italiano.

Confederazione Generale del Lavoro.

En Alemania, antes de la llegada de los nacionalsocialistas al poder en 1933, se había creado en 1928 la National Sozialistische Betriebszellen Organisation (NSBO) u Organización Nacionalsocialista de Células en los Comités de Empresa, que fue una organización de trabajadores NS fundada por Johannes Engel, y dirigida después por Alfred Spangenberg (1897-1947) antes de la creación del Frente del Trabajo en 1933. El NSBO fue el primer núcleo organizado que reunía al sector obrero y actuaba en células en las fábricas, empresas y lugares de trabajo con grupos de agitación sindical. Esta organización hizo una labor muy importante de captación de las masas obreras antes de ser reemplazada por el Frente del Trabajo, organización creada el 1 de Mayo de 1933 bajo la dirección de Robert Ley, y que agruparía a todos los trabajadores y empresarios de Alemania revolucionando el mundo del trabajo junto al Servicio del Trabajo Obligatorio (Arbeitdienst) creado también en 1933 al mando de Konstantin Hierl, que era el “ejército socialista de la pala”, y que contribuyeron a crear una mentalidad de comunidad popular en los alemanes.

También cabe mencionar a la organización “Blut und Boden” (“Sangre y Suelo”), dentro del Ministerio de Agricultura, que fue una creación del Ministro de Agricultura, Walter Darré, autor de un libro con el mismo título, siendo sustituido éste en 1938 por Richard Hildebrandt. Esta organización dio solución al problema agrario y de los trabajadores del campo.

“Blut und Boden”.

En España, el nacionalsindicalismo fundacional contó con un sindicato creado en 1934, la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS), por iniciativa de Ramiro Ledesma Ramos, y constituida por dirigentes sindicales procedentes de la CNT, como Nicasio Álvarez Sotomayor o Francisco Guillén Salaya; otros procedentes del PCE, como Manuel Mateo o Enrique Matorras, y alguno proveniente de la UGT, como José García Vara. Ni uno de ellos procedía de la derecha, como es lógico. La CONS, en su propaganda, asumía las reivindicaciones de los sindicatos de clase, entonces CNT y UGT, argumentando que se diferenciaba de estos por su carácter nacional; llegando a alinearse con la CNT en los enfrentamientos que mantuviera ésta con otros sindicatos amarillos, principalmente con los Sindicatos Libres. La CONS defendía una «economía sindicalista» que pretendía superar el sistema capitalista.

El concepto del trabajo en todos los fascismos defiende una superación de la lucha de clases, pero eso era un objetivo a lograr una vez conquistado el poder, cuando la lucha de clases ya no tendría sentido, pero no antes.

CUESTIONES A CONSIDERAR

-El legado de la lucha obrera y del movimiento obrero ha sido hoy abandonado desde hace mucho por la izquierda progre, y por eso mismo es necesario reconstruir esa lucha en defensa de los derechos y los intereses de los trabajadores. En la era del capitalismo global, vemos que la tiranía del FMI y de los mercados financieros es causa de la reducción de la financiación de la economía real. Quizás por eso, surgen signos crecientes de una protesta política contra las políticas neoliberales de ajuste perpetuo que es necesario aprovechar.

-Una cuestión importante a entender es que recuperar la soberanía nacional es necesario para afrontar retos como el de la inmigración masiva como “ejército industrial de reserva” para el capital, que es un efecto de la globalización, del neoliberalismo fundamentalista globalizador y su modelo de fronteras abiertas que nos llevará a convertirnos en una sociedad fallida, como lo son todas aquellas que son sociedades multirraciales, y por tanto un vertedero multicultural, que además presentan las tasas de criminalidad más altas del mundo en sus guetos marginales.

-Por otro lado, y dada la dependencia económica y energética de España hacia otros países, hace falta un plan de reindustrialización de España para dejar de ser un país subyugado por la U.E., y dependiente del turismo de masas. La soberanía nacional económica y financiera es, por tanto, un instrumento imprescindible para la defensa de los trabajadores y contra la sumisión al capital extranjero.

-El progresismo es la ideología dominante en el capitalismo global, una ideología corrosiva que fomenta el individualismo, el egoísmo, y el consumismo desmedido, que alimenta el sistema capitalista y que anula cualquier forma de rebeldía. Y el fundamentalismo liberal nos recomienda más flexibilidad, lo que se traduce en más paro.

ANTE ESTO, QUÉ SINDICALISMO HACE FALTA HOY

Hoy, es necesario un sindicalismo revolucionario y combativo por y para los trabajadores, que luche por la transformación de nuestra sociedad poniendo en primer lugar los intereses de la clase trabajadora, que defienda una subida de las pensiones y de los salarios con el IPC real porque tenemos derecho a una pensión pública y a un salario digno por nuestro trabajo, que luche contra la represión sindical que existe cuando trabajadores se atreven a crear una sección sindical en un centro de trabajo, y los despiden por eso, y que luche contra la explotación laboral y todos los abusos laborales que se siguen produciendo y que están a la orden del día.

Tenemos un sistema fiscal que solo beneficia a los más ricos, y ante eso, la mayoría de los autónomos, que no son empresarios, son también trabajadores que además pagan por trabajar con unas cuotas que son un expolio fiscal para los trabajadores autónomos.

Por otro lado, el campo español y la España rural están abandonados por los sucesivos gobiernos y por los burócratas de la U.E., que no han pisado el campo en su vida. Es preciso invertir más en las necesidades y en los intereses del campo, así como en sus condiciones laborales. Y que ningún burócrata de Bruselas le diga a los trabajadores del campo lo que tienen que producir, y cuánto tienen que producir.

Jarabe de palo contra los agricultores por parte del gobierno en las últimas manifestaciones.

Otro tema importante es el del apoyo al cooperativismo, especialmente a los cooperativistas de proyectos agroecológicos de agricultura familiar, alternativa que busca crear un modelo económico y un sistema de consumo diferente, más cercano a la naturaleza, y más respetuoso con el medio ambiente y con las personas. Y es una alternativa real en situaciones como el cierre de empresas o despidos generalizados. Habría que reflexionar sobre el por qué ante los cierres patronales que ha habido en todos estos años no se han cooperativizado más empresas sino que se deja que cierren, y esperamos a cobrar el paro hasta conseguir otro trabajo con seguramente peores condiciones laborales. Ahora bien, el cooperativismo no es sindicalismo, y es importante tener esto claro.

Un sindicato de clase bien entendido es una herramienta de lucha para toda la clase trabajadora, defiende los intereses de los trabajadores desde el trabajo de base, la lucha y la solidaridad obrera, y ello implica como sindicato ser totalmente independiente de directrices políticas y de intereses partidistas, no estar vinculado a ningún partido político ni a ninguna patronal, y renunciar a la financiación del Estado para mantener su independencia económica. Estas palabras están en boca de muchos, pero muy pocos lo respaldan con hechos reales, con honradez y compromiso en cada conflicto, como mejor forma de marcar la diferencia con la decadencia y el desprestigio de los sindicatos oficiales y subvencionados, UGT y CCOO, y su burocracia funcionarizada. La lucha contra la corrupción y la burocracia debe aplicarse a todo y a todos, pues todos los partidos del sistema defienden los mismos intereses políticos, lo cual es extensible a los sindicatos del gobierno.

El secretario general del sindicato vendido CCOO, Unai Sordo; la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz y el secretario general del sindicato vendido UGT, Pepe Álvarez, tras su reunión en la sede del Ministerio, a 9 de febrero de 2022, en Madrid (España).

En definitiva, no debemos ser parte de un sistema podrido, sino la solución para los problemas reales de los trabajadores en su día a día, una alternativa frente a la pasividad y la corrupción de los grandes sindicatos, de la patronal y del gobierno. Y esto se hace con organización, unidad y voluntad de recuperar el sindicalismo combativo, sin concesiones ni pactos por la espalda, para cambiar la realidad del paro, la explotación y el abuso que sufren millones de trabajadores en nuestro país. Vivimos tiempos de cambio, instalados sobre unas posibilidades tecnológicas nuevas, pero bajo un discurso agresivo por parte de quienes tienen el poder, el dinero y la capacidad de decisión, a la vez que se da una pasividad preocupante por parte del sindicalismo oficial, y todo ello con una resignación que se extiende por toda la sociedad.

Por eso, no podemos dejar que el sindicalismo quede en manos de los sindicatos oficiales del sistema, ni tampoco venderles a los trabajadores falsas alternativas estafando una vez más a los trabajadores. Es necesario construir una alternativa sindicalista real, completa y honrada al capitalismo global del siglo XXI.

Eduardo Núñez

Un comentario en “Un sindicalismo para el siglo XXI”

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