Centenario de Maurice Barrès

Termina el año, y sería una buena ocasión de comentar lo más destacado del año, pero en lugar de eso, creo oportuno recordar a un autor poco conocido, pero muy interesante, del que este mes de diciembre se conmemora el centenario de su muerte. Se trata del escritor y político francés Maurice Barrès (1862-1923), un escritor que ha sido autor de una obra prolífica e influyente, pero que pese a su influencia y a sus seguidores, especialmente en Francia, ha desaparecido prácticamente de los libros de historia de la literatura, quizás en parte porque su obra es inclasificable, y en parte también porque fue, junto a Charles Maurras, una de las figuras más emblemáticas del nacionalismo francés a inicios del siglo XX.

El nombre de Maurice Barrès dice poco en España, lamentablemente, ya que era un hispanófilo, pero es un gran nombre de la literatura francesa y del nacionalismo moderno. Sin embargo, aunque su importancia fue considerable en la historia de las ideas políticas y filosóficas, su aura se ha debilitado mucho y hoy en día ya no se le lee mucho. Con demasiada frecuencia se le reduce a algunas etiquetas convencionales o incluso infames para descalificarlo y evitar tener que examinarlo más de cerca. Pero, lejos de ser un doctrinario caduco, o el viejo símbolo de un pasado lejano, Maurice Barrès fue sobre todo un hombre libre, cuya energía, dolor o búsqueda de lo absoluto todavía resuenan en gran medida en nuestro tiempo con nuestras propias preguntas. Y esto es precisamente lo que Jeremy Baneton ha intentado recientemente resaltar en un breve ensayo dedicado al escritor lorenés: “Maurice Barrès, el príncipe de la juventud”, publicado por la Nouvelle Librairie, en la colección del Institute Iliade.

Y es que antes de la I Guerra Mundial, Barrès había sido el dios de la juventud francesa, al haber ejercido una gran influencia y hasta fascinación en los jóvenes franceses.

Maurice Barrès nació el 19 de agosto de 1862 en Charmes, en los Vosgos, Lorena, que al igual que Alsacia, es una región francesa de alma alemana. Estudió en el Liceo de Nancy. En su infancia estuvo en un internado, experiencia que le dejó una huella profunda que se aprecia en su obra “Les deracinés”, en la que podemos leer lo siguiente: “Por su influencia, los antepasados nos transmiten integralmente la herencia acumulada en sus almas”.

Entre las influencias que recibió, destacan las de Hippolyte Taine (1828-1893) y Ernest Renan (1823-1892). De Taine aprendió la concepción de la vida basada en la raza y la tradición, y de Renan, su formación e ironía.

Barrès es considerado, junto a Charles Maurras, uno de los pensadores principales del nacionalismo étnico de comienzos del siglo XX en Francia. De hecho, él mismo popularizó la palabra «nacionalismo» en francés.

Opuesto a la teoría del contrato social de Juan Jacobo Rousseau, Barrès consideraba a la ‘nación’  como ya históricamente fundamentada: una nación no necesitaría de una «voluntad general» para establecerse. Esto contrastaba con la definición de nación establecida por el pensador Ernest Renan. Barrès estuvo más cerca de Herder y de Fichte que de Ernest Renan en su definición de la nación, por lo cual se opuso al centralismo francés, al igual que Charles Maurras, y consideró a la nación como una multiplicidad de alianzas locales, primero a la familia, luego al pueblo y de ahí a la región y a la nación-estado. Influido por Edmund Burke e Hipólito Taine, Barrès desarrolló una concepción organicista de la nación, que contrastaba con el universalismo de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789. De acuerdo con Barrès, el pueblo no se fundamenta en un acto de autonomía, sino que halla sus orígenes en la tierra, la historia (instituciones, condiciones materiales de vida) y las tradiciones y la herencia («los muertos»). Su individualismo temprano fue así rápidamente superado por una teoría organicista del vínculo social.

Barrès fue una figura esencial de la vida pública francesa: siguió al General Boulanger, y tomó partido contra Dreyfus. Se trasladó a Paris en 1882, donde comenzó su carrera literaria, y viajó a Italia. En 1884 fundó “Les taches d´Encre”, su propia revista, de la que solo editó cuatro números. En 1886 fundó “Les Chroniques”, y al año siguiente, en 1887 publicó “Sous l´oeil des barbares”, primera obra de su trilogía “Le culte du moi”, con la que empezó a ser más conocido por el público. En 1889 salió el segundo tomo de esa trilogía, titulado “Un homme libre”, y ese mismo año fue elegido diputado por Nancy. En esta obra dice: “Cada individuo posee el poder de revivir todas las emociones con que fue agitado a lo largo de siglos el corazón de su raza”. Es decir, que constata la acción de la raza sobre los individuos que la forman.

CHT218646 Maurice Barres (1862-1923) c.1920 (b/w photo) by French Photographer, (20th century); black and white photograph; Private Collection; Archives Charmet; copyright unknown

Creador, según Charles Maurras, del término “nacionalismo” en Francia, Barrès se decidió a luchar también en política, y no solo mediante la literatura, para divulgar sus ideas. En 1890 publicó el tercer tomo de su triología, “Le jardín de Berenice”.

Es poco conocida la hispanofilia de Maurice Barrès, habida cuenta de que fue un nacionalista francés, pero eso no fue un impedimento para que Barrès fuera un notorio hispanófilo, y un apasionado sobre el sur. Él interpretaba a la España de su época como una nación refractaria a los intentos de la racionalización económica y burocrática que acechaba a Francia entonces. Barrès visitó España en 1892, 1893 y 1902, capturando su visión de España en sus escritos y tomando un interés particular por Toledo. Este dato es interesante porque le separa del chauvinismo que desconoce lo que existe fuera de sus fronteras nacionales.

Barrès es conocido en España, sobre todo, por “Greco o el secreto de Toledo”, que tradujo Alberto Insúa en 1914. Gregorio Marañón calificó ese texto de Barrès como precursor en un estudio sobre el pintor El Greco, y, por otro lado, el pintor Ignacio Zuloaga lo inmortalizó en su cuadro “Barrès ante Toledo”. Varios años antes la editorial parisiense Louis–Michaud había publicado “El jardín de Berenice”, en versión de Guillermo Abelló (1910), así como “Sangre, voluptuosidad y muerte”, traducido por Manuel Ciges Aparicio (1911). Con todo, el pionero en la traducción de Barrès al castellano fue el guatemalteco afincado en España Enrique Gómez Carrillo, que incluyó su versión del relato «Un voluptuoso» en los Cuentos escogidos de los mejores autores franceses contemporáneos (París, Garnier, 1893). Por su parte, la editorial Prometeo de Valencia publicó en 1930 “Al servicio de Alemania”, en traducción de Enrique Leyra, y con prólogo de Vicente Blasco Ibáñez. Entre las versiones más modernas, pueden citarse la de “La colina inspirada”, obra de Julio Gómez de la Serna (Caralt, 1957), la de “Los desarraigados” de Adelaida Porras (Cátedra, 1996), la de los “Paisajes de amor y muerte” de Miguel Giménez (Abraxas, 2005) y las de Juan José Delgado de las vivencias italianas, “La muerte de Venecia” (J. J. de Olañeta, 2011) y “Venecia en guerra” (Confluencias, 2014). Su impronta sobre la intelectualidad de la época se hace patente en los artículos que le dedicaron escritores, pensadores y políticos españoles como Ortega y Gasset o Manuel Azaña. Eugeni d’Ors creó su Teresa de La ben plantada (1911) a partir de la Bérénice de Barrès. Blasco Ibáñez, Enrique Larreta, José Mª López–Picó, Josep Pla, Francesc Cambó, Joan Estelrich y Narcís Verdaguer manifestaron también su admiración por Barrès, cuyo pensamiento también ha tenido repercusión sobre autores hispanoamericanos, como el citado Enrique Gómez Carrillo o los argentinos Lucio Victorio Mansilla y Ricardo Rojas.

En 1892 publica “L´Ennemi des lois”, y después la que será su obra maestra, “Du sang, de la volupté et de la mort”. Los viajes a Italia y España habían inspirado en 1894 este libro de relatos “Du sang, de la volupté et de la mort”. 

A partir de 1894 y hasta 1895, fue el director del periódico nacionalista “La cocarde”, desde el que defendió sus ideas descentralizadoras, propias de un nacionalista enraizado, intentando cerrar la brecha entre la extrema izquierda y la extrema derecha, ya que esta revista nacionalista y anti-parlamentarista, incluía una colección diversa de colaboradores de orígenes muy diversos, entre ellos también a socialistas y anarquistas. Esto es muy interesante destacarlo porque siendo un nacionalista francés, no era un jacobino centralista. Y así, dijo de él, el periodista y escritor Leon Daudet, colaborador de L’Action Française: “Barrès ha demostrado cómo una Francia federativa, más viva en su interior, sería, necesariamente, más grande y más fuerte de cara al exterior, hasta llegar a ser el árbitro de la paz en Europa. Ha adelantado la elocuente fórmula de: “Familias de individuos, he aquí las comunidades, familias de comunidades, he aquí la región; familias de regiones, he aquí la nación…”.

Candidato socialista, también defendió Barrés la idea de un socialismo nacionalista, y organizativamente, un federalismo en el que se respeten las regiones. De todos modos, fracasó en las elecciones que hubo en Francia en 1893, 1896, y 1898, y a las que se presentó como candidato. En 1899 fundó la “Ligue de la Patrie française”, y su doctrina política fue cuajando en dos obras suyas: “Roman de l`Energie nationale”, y “Scénes et doctrines du nationalisme”.

Fue también enemigo del parlamentarismo, como nos recuerda su amigo y biógrafo René Jaquet, que, en el año 1900, escribió: “Barrès entró en la Cámara para ayudar a destruir el parlamentarismo. Pero ha sido vencido. Ha sabido guardar en esta catástrofe, intacta su personalidad. Ha contribuido poderosamente al movimiento de opinión antiparlamentario con la publicación de sus cuadros sobre la vida política. Y ha elaborado la parte más considerable de la doctrina del nacionalismo”.

Barrès fue miembro de la Academia francesa en 1906, y fue elegido diputado por Paris ese mismo año, convirtiéndose en el jefe intelectual del movimiento nacionalista. Más adelante, cuando estalló la Gran Guerra, dijo: “Nunca he deseado las terribles lecciones de la guerra, pero he llamado con todas mis fuerzas a la unión de los franceses alrededor de los grandes ideales de nuestra raza”.

La madurez estuvo marcada por el misticismo de “La colline inspirée” (1913), anunciado por “Greco ou le secret de Tolède” (1911).

En 1917, durante la guerra, publicó «Les diverses familles spirituelles de la France», parecido a lo que más adelante publicara Benoist Mechin años más tarde. Después de la guerra, en 1920, pronunció conferencias en la universidad de Strasbourg sobre “Le génie du Rhein”.

Como hemos visto, su pensamiento evolucionó desde el egotismo de una primera trilogía, “Le culte du moi” (formada por “Sous l’œil des barbares”, 1888; “Un homme libre”, 1889; “Le jardin de Bérénice”, 1891), hasta el nacionalismo de la segunda trilogía, “Le roman de l’énergie nationale” (formada por “Les déracinés”, 1897; “L’appel au soldat”, 1900; “Leurs figures”, 1902), continuada por otra trilogía sobre el conflicto franco–alemán, “Les bastions de l’Est” (formada por “Au service de l’Allemagne”, 1905; “Colette Baudoche”, 1909; “Le génie du Rhin”, 1921). 

También después de la Primera Guerra Mundial, Barrés exigió la anexión de Luxemburgo a la República Francesa y también buscó aumentar la influencia francesa en Renania.

El 24 de junio de 1920, la Asamblea Nacional adoptó su proyecto con el objetivo de establecer un día nacional en memoria de Juana de Arco.

Entre sus escritos políticos tiene una “Crónica de la Gran Guerra”, que comenzó a escribir en 1920 y se publicó al año siguiente de su muerte, en 1924, y consta de 14 de volúmenes. Se trata de los artículos aparecidos en “L’Écho de Paris” durante la guerra, que forman la “Chronique de la Grande Guerre (1914–1920)”. Su diario se publicó de forma póstuma como “Mes cahiers” (1929–1957).

El 4 de diciembre de 1923 murió en su domicilio en Neuilly-sur-Seine, Maurice Barrès, hace ahora cien años.

La limitación de aquellos nacionalistas de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX, como Maurice Barrès, es que desconocían otros nacionalismos, como en su caso, el nacionalismo alemán, por ejemplo. Ese conocimiento es fundamental para que tragedias como las dos guerras mundiales, que fueron dos guerras civiles europeas, no vuelvan a repetirse. De ahí la necesidad de pensar hoy dentro de las coordenadas del marco geopolítico y etnopolítico de un nacionalismo europeo.

Eduardo Núñez

Deja una respuesta

¿Es este tu nuevo sitio? Accede para activar las funciones de administrador y cerrar este mensaje
Iniciar sesión