Joaquín Sorolla, pintor de las Españas

Este 10 de agosto se cumplen cien años de la muerte del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923).

Hablar de Joaquín Sorolla es hablar de un artista prolífico que dejó más de 2200 obras catalogadas. El llamado “pintor de la luz del Mediterráneo”, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863, y demostró muy pronto su afición por el dibujo y la pintura en la Escuela Normal Superior y en la Escuela de Artesanos de Valencia. De familia humilde, sus padres tenían un pequeño negocio textil. Quedó huérfano a los dos años, siendo recogido por su tía, hermana de su madre, que estaba casada con un maestro cerrajero. En 1875 ingresó en el instituto de Segunda Enseñanza de Valencia, manifestando más interés por los lápices y los colores que por otras materias, lo que indujo a su director a recomendar a su familia que le orientaran hacia las Bellas Artes. Desde niño, empezó a enviar obras a concursos, pasando inadvertido. Sus paisajes no eran del gusto de las instituciones de entonces.

A partir de 1876, era aprendiz en el taller familiar en su ciudad natal, y a la vez asistía a las clases nocturnas de dibujo en la Escuela de artesanos, donde fue formado con el escultor Cayetano Capuz. Premiado al terminar esos estudios preliminares, en 1878 ingresó en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, donde estudió las obras del Museo del Prado, fundamentalmente la pintura española del siglo XVII y la obra de Velázquez. Sus visitas a Madrid en los años 1881 y 1882 le permitieron copiar cuadros de Velázquez, Ribera, y el Greco en el Museo del Prado.

Sorolla de joven.

Después estuvo en Paris, y después regresó a Valencia en 1889, y al año siguiente se trasladó a Madrid. En su primera exposición individual, en las galerías George Petit de Paris en 1906, Sorolla también hizo patente sus habilidades como retratista.  A los 20 años, en 1883, consiguió un premio por una obra histórica: “Defensa del parque de artillería de Monteleón”, y con tal motivo, le dijo Sorolla a un colega suyo: “Aquí, para darse a conocer y ganar medallas, hay que hacer muertos”. En la Exposición Nacional de 1884 en Madrid, el éxito de su interpretación realista y dramática del tema histórico de “El dos de Mayo” (Museo del Prado), le estimuló a solicitar una beca para estudiar en la Academia Española de Bellas Artes en Roma en 1885. Más tarde fue ayudante en el estudio del fotógrafo Antonio Garcia Pérez, con cuya hija, Clotilde, se casó en septiembre de 1888, y gracias a una beca, pudo residir y estudiar en Roma de 1884 a 1889, donde quedó deslumbrado por el arte clásico y renacentista. En esta época se dedicó sobre todo a cuadros de temática histórica. Un viaje a París en 1894 lo puso en contacto con la pintura impresionista, lo que supuso una verdadera revolución en su estilo. Abandonó los temas anteriores y comenzó a pintar al aire libre, dejándose invadir por la luz y el color del Mediterráneo. El más importante aporte de Sorolla fue la pincelada fluida y el colorido con el que desarrolló un auténtico estilo, tintado de las inquietudes culturales y filosóficas de la época. Su mayor legado se centró en representaciones mitológicas, históricas y sociales (costumbrismo marinero, valenciano y español), volviéndose un verdadero maestro en este ámbito. Desde su primera obra con repercusión: «Otra Margarita» (1892), hasta el fin de sus días. Son precisamente las obras de colores claros y pincelada vigorosa que reproducen escenas a orillas del mar las que más se identifican con el arte de Sorolla. Sin embargo, fue un artista muy activo, que realizó también numerosos retratos de personalidades españolas (entre otros, posaron para Sorolla, Santiago Ramón y Cajal, Blasco Ibáñez, Machado, Raquel Meller, Bartolomé Cossío, Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós, Alfonso XIII, …), y algunas obras de denuncia social (“¡Y aún dicen que el pescado es caro!”, 1894) bajo la influencia e inspiración de su amigo de la infancia, el escritor Vicente Blasco Ibáñez. Como pintor, destacó notablemente por sus retratos al aire libre, sus paisajes y pinturas de la vida cotidiana con una luz impresionante, con colores luminosos y con la técnica de la pincelada suelta. A Sorolla le gustaba trabajar al aire libre, y caminar por la playa cargado con lienzos y caballetes, construyendo un taller improvisado con sombrillas y toldos para evitar el efecto directo de la luz sobre el lienzo. Su enfoque de pintura al aire libre y su captura de la luz reflejada son características del movimiento impresionista, pero la obra de Sorolla también muestra una sensibilidad realista y un enfoque en la representación detallada de la figura humana y la textura. A pesar de su éxito, la vida de Sorolla no estuvo exenta de dificultades. Quedó huérfano a una edad temprana y luchó con la falta de recursos económicos durante su juventud. Sin embargo, fue capaz de superar estos obstáculos y se convirtió en uno de los pintores más famosos y respetados de su época. En el estilo más característico de Sorolla, el impresionista, destaca la representación de la figura humana (niños desnudos, mujeres con vestidos vaporosos) sobre un fondo de playa o de paisaje, donde los reflejos, las sombras, las transparencias, la intensidad de la luz y el color transfiguran la imagen y dan valor a temas en sí mismo intrascendentes. Algunos críticos consideran estas obras un cruce entre los impresionistas franceses y los acuarelistas ingleses. Su estilo agradable y fácil hizo que recibiera innumerables encargos, que le permitieron gozar de una desahogada posición social.

Joaquín Sorolla.

El paisaje castellano también irrumpió en su obra quizá bajo la influencia de la Generación del 98, que lo ensalzaba, sobre todo Azorín, y así lo recogió en numerosos lienzos.

Una faceta interesante es la del Sorolla viajero, ya que durante más de cuarenta años, recorrió todo el país con el fin de plasmar al natural los enclaves más bellos y emblemáticos de nuestra geografía, concretamente en los paisajes que visitó Sorolla para crear los grandes paneles de la Hispanic Society, como veremos. Su fama rebasó las fronteras españolas para extenderse por toda Europa y Estados Unidos, donde expuso en varias ocasiones.

Trata de blancas (1894).

En 1908, el norteamericano Archer Milton Huntington – el fundador de la Hispanic Society of America  de Nueva York – visitó la exposición de Sorolla que tenía lugar en la galería Grafton de Londres, y pretendió adquirir los retratos de “El pintor Aureliano de Beruete” (Prado), y “Manuel Bartolomé Cossío” (colección particular, Toledo), para su Hispanic Society of America, de Nueva York. Al año siguiente, en 1909, Huntington le invitó a Sorolla a exponer en la Society, en EEUU, y así ocurrió en los primeros meses de 1909 con un éxito rotundo en Nueva York con una exposición monográfica en la que presenta 350 obras, siendo visitada por 160.000 personas en un mes, vendiendo la mitad de la obra exhibida. La amistad y respeto mutuo que se profesaban motivó el encargo más importante en la vida del artista: la pintura de los inmensos lienzos destinados a ilustrar en las paredes de la Society, con las regiones de España. En octubre de 1910 Sorolla se entrevistó con Huntington en Paris para iniciar las conversaciones de ese encargo, que se formalizaría en 1911, año en el que se embarcó hacia EE.UU. para exponer su obra bajo el patrocinio de la Hispanic Society of America. El 26 de noviembre de 1911 volvió a reunirse con Archer Milton Huntington en Paris, firmando un contrato para que el pintor realizase esa decoración en un principio sobre las regiones de España y Portugal, pero en 1914 se acordó que se limitaría a las tierras españolas. Para ello, Sorolla recopiló en su estudio de Madrid todo tipo de materiales como fotografías, libros, recortes de prensa, revistas, y correspondencia pidiendo datos. Inició estas composiciones en tierras de Castilla, recogiendo en lienzos a sus gentes y sus paisajes. Y así, de 1910 a 1920 pintó una serie de murales con temas regionales para la Hispanic Society of America de Nueva York. Sorolla tuvo de esta forma la oportunidad de presentar su “Visión de España”, también conocido como «Las regiones de España», que es un conjunto de catorce grandes paneles pintados al óleo sobre lienzo por el pintor español Joaquín Sorolla, reflejando una imagen de las tierras y las gentes de las Españas, intentando captar la psicología de cada región, para lo que Sorolla viajó por toda España, volcando en ese proyecto toda su energía y creatividad entre 1911 y 1919.

¡Y aún dicen que el pescado es caro! (1894).
Otra Margarita (1892).
Niños en la playa (1910).

A comienzos de 1913, alquiló un gran espacio en las afueras de Madrid para acometer el primer panel de esta decoración, “La fiesta del pan”, que recoge a las gentes de las dos Castillas y del reino de León, en un lienzo de casi 14 metros de base, que le llevó más de un año concluir ante el material que había acumulado. Los siguientes paneles los realizará “in situ”. Por orden de realización fueron:  “Los nazarenos” (Sevilla, 1914), “Concejo del Roncal” (Navarra, 1914), “La jota” (Aragón, 1914), “Los bolos” (San Sebastián, 1914), “El encierro”, “El baile” y “La cruz de mayo” (Sevilla, 1914), “Pescadoras valencianas” (Valencia, 1915), “La romería” (Villagarcía de Arosa, Pontevedra, Galicia, 1915), “El pescado” (La Barceloneta, Cataluña, 1915), “Las grupas” (Valencia, 1916), “Rompeolas” (San Sebastián, 1917), “El mercado” (Plasencia, Extremadura, 1917), “La alberca” (Reales Alcázares, Sevilla, 1918), “El palmeral” y “Huerto del Carmen” (Alicante, 1919). El último de los paneles lo realizó entre mayo y junio de 1919, recorriendo la costa de Huelva, hasta que lo pintó en Ayamonte, “La pesca del atún”. Este panel roza lo portugués al ser Ayamonte frontera con Portugal a través de la desembocadura del rio Guadiana. Este lienzo fue pintado del natural, con un tratamiento de la luz extraordinario. Estos murales, que se encuentran en la Hispanic Society of America, tienen un indudable valor e interés etno-cultural sobre los pueblos de España.

Murales «Visión de España», en la Hispanic Society of America.

Sorolla continuó participando en exposiciones en España y en otros países, y continuó pintando en su casa-estudio en Madrid (hoy Museo Sorolla, en el palacete del Paseo del Gral Martinez Campos, 37 de Madrid, donde vivió con su mujer Clotilde y sus tres hijos), realizando más retratos, algunos de los cuales también habían sido encargados por Huntington para la Society.

En Madrid, se incorporó a la Cátedra de Colorido, composición y paisaje en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de la que había designado profesor, y se ocupó de la misma sólo un curso, ahora veremos por qué…

Sorolla utilizó algunos colores que fueron una constante en su obra: Su uso del blanco como uno de los colores protagonistas, ha logrado hacer que sus obras tengan una luminosidad inigualable y una marca propia que lo distingue fácilmente. El bermellón, un pigmento compuesto por mercurio y azufre; el blanco plomo, y el verde de Scheele –un pigmento tóxico que incluso hay quien sostiene que fue el causante de la muerte de Napoleón–. En la actualidad, estos tres colores se elaboran con pigmentos inocuos y sólidos, pero en la época de Sorolla eran comunes esas soluciones tóxicas. Se dice que Goya sufrió una enfermedad parecida a la que padeció Sorolla. Hoy sabemos que esos pigmentos son nocivos, pero entonces no se sabía. La cuestión es si llegaron a envenenarle ya quealgunos de los síntomas que describe de esos días coinciden con el hidrargirismo, una intoxicación por mercurio que afecta especialmente a los riñones. Una elevada exposición al bermellón, que Sorolla empleaba con asiduidad, el hecho de que era un fumador compulsivo, tenía la tensión alta y dolores de cabeza constantes, podrían haber acabado causando su muerte.

Cosiendo la vela (1896).
La vuelta de la pesca (1894).
El grito del Palleter (1884).

El 17 de junio de 1920, mientras pintaba un retrato por encargo en su jardín, Sorolla sufrió su primer ataque de hemiplejía que lo dejó invalido del lado izquierdo, y le impidió seguir pintando. Su enfermedad le impidió entregar la obra encargada por la Hispanic Society of America, por lo que no pudo cobrar su trabajo, aunque antes había realizado unos cuantos retratos para la Sociedad Hispánica. Incapacitado para los pinceles desde entonces, durante tres años su familia intentó su recuperación llevándole en los veranos de 1921 y 1922 a Valencia y San Sebastián, pero Sorolla no se recuperó y fue languideciendo poco a poco hasta que murió el 10 de agosto de 1923 en su casa de Cercedilla (en la sierra de Madrid), sin ver expuesta su gran “Visión de España”, que no sería expuesta hasta enero de 1926.  Habría que esperar a la muerte del artista, y a la lectura de su testamento para que la Hispanic Society of America liquidara el contrato firmado en 1911. Finalmente, el 16 de enero de 1926, dicha institución norteamericana inauguró la Sala Sorolla. Para los interesados, estos enormes murales de Sorolla en la Hispanic Society se encuentran en el 613 de la West 155th Street de Nueva York.

Por deseo expreso de su viuda, Clotilde Garcia del Castillo en su testamento dictado en 1925, la vivienda familiar y las colecciones que a ella pertenecieron fueron donadas al Estado Español para crear un museo en memoria de su marido en la propia vivienda familiar, así dejó muchas de sus obras y su estudio en Madrid al Estado español, lo que condujo a la creación del Museo Sorolla, que abrió sus puertas al público en 1932, situado en el palacete del Paseo del General Martinez Campos, 37, en Madrid. Este museo, que originalmente era la casa y estudio del artista, ahora alberga una colección de sus obras y ofrece una visión única de su proceso creativo y vida personal. La obra de Sorolla sigue siendo altamente valorada en la actualidad y sus pinturas se encuentran en museos y colecciones de todo el mundo. Después de Goya, no hemos tenido otro pintor tan talentoso hasta bien entrado el siglo XX.

Joaquín Sorolla.

Ahora se están haciendo muchas exposiciones en su memoria con motivo de su centenario, y eso está muy bien, pero lo importante a transmitir no es solo la técnica como pintor sino sobre todo los temas que trató, especialmente los de realismo social, y los murales en los que plasmó la realidad étnico-cultural de las Españas.

Eduardo Núñez

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